Sobre Scarlett Johanson, Anime japonés y apropiación cultural.

No tenía ninguna intención de escribir nada sobre este tema, al fin y al cabo es de esos debates que se generan en el fandom y que no suelen llevar a ninguna parte. Pero ya van varias veces leyendo comentarios bastante desafortunados por las redes y he pensado ¿qué coño? no siempre tengo la oportunidad de sacar a relucir los superpoderes que me confiere tener un máster en construcción y representaciones de identidades culturales. ¿Qué? ¿Qué tener un máster no me da superpoderes? Sabía yo que tendría que haberme gastado el dinero en drogas y putas. A ver, a lo que vamos, repetid conmigo, que Scarlett Johanson interprete a la mayor Motoko Kusanagi está maaaaaaaaal…


…solo que en realidad no lo está. Es de hecho, sobre el papel, una elección más bien lógica. Scarlett Johanson seguramente sea una de las actrices con más tirón en la taquilla mundial ahora mismo, capaz de hacer que una basura infumable la peli más flojilla de Luc Besson, Lucy (2014), se convierta en un éxito inesperado. Además algo que tendemos a olvidar es que es muy buena actriz. Detrás de la celebrity en la que se ha convertido se esconde una actriz que con sus primeros papeles en Lost in Translation (Sofia Coppola, 2003) y La chica de la perla (Peter Webber, 2003) se ganó el reconocimiento tanto del público como de la crítica, y más adelante ha llegado incluso a convertirse en musa de Woody Allen. La adaptación de Ghost in the Shell es una producción de más de 100 millones de dólares y no podemos esperar que Hollywood ponga ese dinero sobre la mesa sin al menos guardarse alguna garantía de poder recuperar la inversión, en forma de un nombre reconocible con el que empapelar las marquesinas de medio mundo. ¿Qué actriz japonesa hay en día que pueda asegurar una atención mediática similar? Ninguna porque no tienen ni siquiera oportunidad de labrarse una carrera en Hollywood. Incluso la editorial del manga original dice que el casting es acertado. El problema es algo más complejo que eso.

Parece que el casting de actores caucásicos para interpretar personajes no occidentales se ha convertido en algo que muchas personas ya no están dispuestas a pasar por alto. The Last Airbender (M. Night Shyamalan, 2010), The Lone Ranger (Gore Verbinski, 2013), Pan (Joe Wright, 2015), Exodus (Ridley Scott, 2014), Gods of Egypt (Alex Proyas, 2016) y hasta la esperada Doctor Strange (Scott Derrickson, 2016) presentan personajes marcadamente NO BLANCOS interpretados por actores caucásicos. Que seamos más conscientes de que este hecho resulta un tanto extraño por repetitivo es un síntoma de madurez social, más si tenemos en cuenta que también queda todavía mucha gente que pone el grito en el cielo cuando ven a un stormtropper negro Idris Elba es elegido para protagonizar la adaptación de La Torre Oscura de Stephen King (aun cuando el mismo autor habla maravillas de la decisión). ¡Pero no es lo mismo! ¡Roland Deschain es explícitamente blanco en las novelas y los personajes de anime están dibujados como occidentales! Claman los intelectuales por las redes sociales.

De hecho los personajes de anime están dibujados como… personas. El que nosotros los veamos como occidentales es una mera cuestión de percepción. No, los japoneses no nos idolatran por ser occidentales, no quieren ser como nosotros, no ansían arrancarse los parpados para parecerse más a nosotros. El primer artista en presentar personajes con ojos grandes en la animación japonesa fue Osamu Tezuka, uno de los padres del género y creador del manga y la mítica serie de TV Astro Boy (1963). En varias entrevistas mencionó que la inspiración para ello le vino por Betty Boop —en serio, buscadlo, no os tomo el pelo—, personaje muy popular en Japón en aquella época, y otros personajes como Mickey Mouse. El caso es que la serie se convirtió en un éxito y ha influenciado el manga y el anime japonés hasta nuestros días.

En animación y en dibujo, además, unos ojos exageradamente grandes son muy útiles para transmitir emociones, otra de las razones que pudieron influir en su uso por parte de Tezuka y otros artistas posteriores. En realidad los ojos, tanto en el cómic como en animación, no son tanto una marca de etnicidad como un recurso artístico. La idea de que los personajes de anime están dibujados como occidentales se debe también a que tradicionalmente la ‘otroridad’ —todo lo que no sea blanco/occidental/heterosexual— en ficción debe ser hecha explicita para que la veamos. Si en una novela se nos presenta un personaje sin ninguna descripción física y un nombre sin marca racial tendemos a otorgarle una identidad blanca porque es la identidad que entendemos ‘por defecto’. ¿Qué no me creéis? ¿Sabéis cuanta gente sigue creyendo que Alexander Dumas, el padre de los tres mosqueteros, era un señor francés blanco y con bigote, y si les dices que no es así te miran con cara de incredulidad? Probadlo un día. Los japoneses cuando leen manga o ven anime lo que ven son personajes japoneses.


Volvamos a lo que nos ocupa. ¿Por qué es malo que Scarlett Johanson interprete a la protagonista de Ghost in the Shell? Primero por la mera idea de que el responsable de Snow White and the Huntsman, Rupert Sanders, famoso por tirarse a por su indiscreción con Kristen Stewart, ponga sus manos sobre una de la obras referente del manga y el anime. Ghost in the Shell (Mamoru Oshii, 1995) no es solo una de la mejores películas de anime, sino también una de las mejores obras de ciencia ficción que se han hecho jamás. La idea de adaptarla a acción real me parece genial (y ojalá funcione en taquilla y podamos ver otras adaptaciones como Cowboy Bebop o Evangelion), pero digamos que el proyecto atufa bastante ya de entrada. Además, de momento que sepamos no se han ni siquiera molestado en cambiarle el nombre al personaje de Johanson y hasta ha trascendido que la productora de la cinta ha hecho tests para alterar el aspecto de los actores para parecer ‘más asiáticos’. El look en la imagen que ha trascendido encierra una cierta ironía. A diferencia de otras adaptaciones como Edge of Tomorrow (Doug Liman, 2014), cuya apropiación cultura del original All You Need Is Kill (2004, Hiroshi Sakurazaka) es total, aquí el aspecto es muy fiel al original, incluso el nombre se mantiene —figura como Kusanagi en la página de IMDB— y el tono de la fotografía resuena con la obra en la que se basa… todo parece ser bastante fiel excepto la etnia del personaje en sí. Lo que más duele tal vez no sea el cambio de etnia del personaje, sino que este cambio trate de enmascararse como cuando antiguamente los personajes de color en el teatro o en el cine estaban interpretados por actores con las caras pintadas de betún (vease el Othello de Laurence Olivier).


El problema de raíz no es el casting en sí, ni el regusto a mierda dejado por otras adaptaciones previas como Speed Racer (los hermanos las hermanas Wachowski, 2008) o Dragonball Evolution (James Wong, 2009), sino el peligro de que esto se convierta en algo aceptado sin más y que hasta seamos capaces de justificarlo sin pararnos a pensar en el ejercicio de apropiación cultural que hay detrás del hecho de no tener más representación de minorías étnicas en el cine.



Qué estoy leyendo y por qué deberíais leerlo vosotros también.


¡Muy buenas a todos! Soy desde hace algo más de una semanita un hombre casado así que voy a hacer algo que todo hombre hace al convertirse en un hombre de familia, osease, escribir un post para explicaros que me escaqueo de mi mujer para pasar el tiempo entre samuráis, mercenarias ciberpunk y soldados futuristas.

ACLARACIÓN: Morning Star, de Pierce Brown, la he dejado temporalmente aparcada para poder leerla en formato físico. Tengo las dos primeras entregas de la trilogía en papel y quiero esperar a tener este para seguir y concluirla como se merece.


KOKO TAKES A HOLIDAY de Kieran Shea.


Vi esta novela hará un año y medio o dos, en la librería FORBIDDEN PLANET de Londres. Estaba en el escaparate, como novedad, y no me la lleve de vuelta conmigo a España porque ya iba bastante cargadito de buen material literario. Pero la imagen de la portada, con ese aire a Manga japonés, se quedó grabada en mi cabeza. Los que me conozcáis sabréis que siento cierta devoción por los personajes femeninos capaces de patear culos, ya sea en el cine, la televisión o la literatura, así que cuando me volví a encontrar con esta novela en GIGAMESH no pude dejar escapar la oportunidad. Se trata de una lectura enmarcada en el ciberpunk, con grandes conglomerados empresariales sustituyendo a los gobiernos de la Tierra en un futuro lejano donde la humanidad ha esquivado —parcialmente— varios escenarios apocalípticos. La protagonista, Koko Martstellar, es una ex mercenaria que dirige un burdel de gigolós en una especie de resort descomunal donde los ricos del planeta pueden llevar a cabo cualquier depravación que se les antoje. Su vida apacible se ve trastocada cuando una ex compañera de sus años como mercenaria envía a un equipo de asesinos a matarla. Se trata de una lectura que me está encantando, capítulo concisos, con una estructura muy similar al lenguaje cinematográfico y una protagonista muy carismática. Si os va la ciencia ficción sucia y llena de acción, esta lectura es para vosotros.


THE RED: FIRST LIGHT de Linda Nagata.


Y hablando de mujeres de armas tomar, ¿os he dicho alguna vez que muchas de las obras de género más interesantes que están viendo la luz hoy en día están escritas por mujeres? Pues aquí tenéis otro ejemplo. First Light, primera entrega de esta trilogía, es la enésima prueba de que la generación actual de autoras puede ofrecernos historias frescas dentro de subgéneros de la ciencia ficción que históricamente han estado reservados a los hombres. Linda Nagata se ha marcado una novela de cifi militar inteligente y con un discurso político y moral detrás muy potente. Se trata de una publicación independiente, finalista al premio Nebula a la mejor novela de 2013, cuyos primeros capítulos me están recordando al Aliens de James Cameron, sobre todo por la forma de introducir a los miembros que componen al escuadrón liderado por su protagonista, James Shelley. No se trata del habitual grupo de personajes de papel maché que solo están ahí para morir en combate, todos tienen una personalidad muy bien definida y sus interacciones hacen que te preocupes por lo que le pasa a cada uno de ellos. Si consigue mantener la tensión del inicio —difícil, para qué engañarnos— puede acabar siendo una de mis lecturas favoritas dentro del subgénero militar de la ciencia ficción de los últimos años.


RONIN de Francisco Narla.


Hace un mes, más o menos, Ana y yo fuimos a cenar a casa de unos amigos, Héctor y Anabel. Curioseando entre los libros del padre de ella, muy aficionado a la novela histórica,  encontré este libro. Me llamó la atención el título —Ronin, nombre que se le daba en el Japón feudal a un samurái sin señor— y la sinopsis, así que la pedí prestada —desde el ascensor, mientras las puertas se cerraban—. Ambientada en el 1600 a caballo entre Japón y España, sigue a dos personajes, dos guerreros de honor, cada uno dentro de su cultura, que acabarán uniendo sus caminos… o eso espero porque de momento estoy muy al principio de la trama. Por lo que estoy viendo la novela está muy bien trabajada en materia de documentación, se dibuja muy bien el momento histórico e incluso el autor se marca aquello tan típico de emplear palabras que el lector moderno desconoce, como para decir ‘querido lector, como sé que no te enteras de nada, deja que te demuestre lo mucho que me he documentado’, pero por dios que no logro meterme en la historia. Seguiré adelante hasta que no pueda más, aunque sea solo motivado por mi interés en el apartado histórico. Pero ni los personajes ni la trama, ni mucho menos cómo está narrado, me resulta de momento interesante. Si queréis saber más del Japón feudal y os gusta el crossover cultural esta novela puede ser para vosotros, pero sepan aquellos que se aventuren en sus páginas que no es una lectura agradable.

Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia (o como no hay que avergonzarse de pasarlo bien en el cine)



Por fin he podido ver la película de la que todos lleváis días hablando y discutiendo. Lo primero que he de confesar, a pesar de que mi fama como hombre intelectual de gustos refinados pueda sufrir por ello, es que me ha encantado. He salido del cine con un grado de satisfacción mayor del que esperaba. La película me ha dado exactamente lo que esperaba de ella y más, a un grado mucho mayor que películas recientes del género como Vengadores: La Era de Ultrón (Joss Whedon, 2015) o Ant-Man (Peyton Reed, 2015). Seguramente no voy a decir nada que no se haya dicho ya, pero aquí van mis impresiones.

(Aviso a navegantes, se acercan SPOILERS)

Cosas que me han superencantado:

Lo han clavado con Batfleck.

No es el mejor Batman de todos los tiempos, pero sí que es la mejor representación visual del personaje. Como se mueve, el aspecto y la acción son simplemente perfectos. ES Batman. Mis tres momentos favoritos: la primera vez que vemos al Hombre Murciélago es en una escena filmada casi como si se tratara de una película de terror y él fuera el monstruo, una sombra acechando fuera de plano; la secuencia del almacén, cuando va a rescatar a la madre MILF de Superman, es brutal, es Batman protagonizando The Raid (a un nivel muy superior, en este aspecto, a la trilogía de Christopher Nolan); y su relación con el Alfred Pennyworth de Jeremy Irons, que resulta hasta entrañable (nunca acabé de conectar con Michael Caine, lo siento, parecía oscilar entre el ‘Gotham le necesita, señorito Bruce’ al ‘búsquese una buena mujer y retírese a tener hijos’ con demasiada facilidad). Este Bruce Wayne además nos da un matiz nuevo, algo que no habíamos tenido ni con Michael Keaton ni con Christian Bale antes. Este es un Bruce Wayne que lleva veinte años siendo Batman. Veinte. Putos. Años. Veinte años saliendo cada noche a cazar delincuentes, viendo como por muchos que logre encerrar, siempre habrá más esperando, viendo a hombres buenos caer en el lado oscuro. En contraste, para que nos hagamos una idea, conviene recordar que técnicamente el tiempo de Christian Bale como Batman en activo es de menos de dos años (un año entre Batman Begins (2005) y The Dark Knight (2008), ocho años de retiro espiritual después de la muerte de Harvey Dent, y los meses que duran los eventos de The Dark Knight Rises (2012)). Además, gracias a las referencias al cómic A Death in the Family, sabemos que este Bruce Wayne ha tenido que enterrar ya a un Robin, muerto a manos del Joker. Ben Affleck consigue que veamos a un hombre de vuelta de todo, herido, cansado (too old to die young, como dice Alfred) que no ve en Superman a un hombre con buenas intenciones, a un posible aliado, sino a una amenaza en potencia, alguien con un poder terrible y susceptible a ser corrompido (como ha visto suceder ya demasiadas veces a su alrededor), una pistola cargada apuntada a la sien no solo de Gotham, no solo de unas pocas víctimas inocentes, sino de toda la raza humana. Pero lo que más me ha gustado del personaje es ver por fin algo, aunque solo sea un resquicio, del Batman detective, del Batman que utiliza a Bruce Wayne como tapadera para investigar. Espero que vayan más a menudo por ese camino y no tanto por el muy manido y simplón ‘Batman es ninja con gadgets molones’.

—Démosle un fuerte aplauso a la Mujer Maravilla.

La presentación de Wonder Woman también es un acierto y me alegro porque es el personaje que más preocupado me tenía. Necesitamos más superheroinas en el cine, necesitamos que sean el centro de la acción y no un mero complemento. Es algo que ni siquiera Marvel ha sido capaz de hacer en quince películas, y me alegra decir que la irrupción de Gal Gadot vestida para matar en pantalla me llena de optimismo. Si en ese momento no te han venido ganas de levantarte y aplaudir es que estás muerto por dentro, así de claro. Es realmente ella quien más tiempo se pasa dándose de hostias con Doomsday, y no solo eso sino que tenemos tiempo también de conocer aspectos de su personalidad que espero que podamos disfrutar en su película en solitario. Hay dos momentos en especial que para mí ya hacen que valga la pena su presencia en la trama. El primero, la conversación que tiene con Bruce Wayne en la que básicamente lo trata como a un niño pequeño (cosa que desde la perspectiva de quien ha vivido siglos es comprensible). El segundo, durante la pelea con Doomsday, hay un momento en que cae al suelo y al levantarse la vemos sonreír. Se lo está pasando bien enfrentándose a esa bestia, es una jodida amazona, alguien que se siente como pez en el agua en la guerra, y eso es algo que puede dar muchísimo juego.

—Que maten a Superman.

Los que hemos leído el cómic de The Death of Superman sabíamos (o sospechábamos) que esto pasaría. Al fin y al cabo es Doomsday quien da muerte al Hombre de Acero en las viñetas. Claro que no estará mucho tiempo muerto, es un personaje de cómic y en los cómics nada es permanente, ni la muerte. Pero, ¿se atreverían DC y Warner a cargarse a una de sus dos gallinas de los huevos de oro en la segunda película de lo que pretende ser un universo cinematográfico a la altura del de Marvel? La respuesta es sí, y lo han sabido hacer de una forma efectiva. Claro que volverá, claro que nos tenían que dar un resquicio para que los fans no se volvieran (más) locos en forma de tierra flotando sobre su ataúd, pero si fuera Snyder dejaría la vuelta de Superman para bien entrada la segunda película de Justice League. Me parece una decisión mucho más valiente que la de matar al actor secundario Coulson o al Quicksilver soso.

Cosas que me han gustado:

—Los pechos peluditos del Hombre de Acero.


Henry Cavill es un muy buen Superman. Punto. No, no es el Superman que TÚ quieres ver. No, no es el boyscout de sonrisa perfecta que todos tenemos idealizado. No, no es el chico cándido que sale indemne de cada batalla que libra contra el mal. Ese Superman era Christopher Reeve… en los 80, era Brandon Routh en aquella especie de homenaje kitsch que dirigió Bryan Singer. Ese Superman sí que está muerto y enterrado, no funciona en el mundo de hoy, acéptalo, haz las paces con ello y sigue adelante con tu vida. El Superman de Henry Cavill es un personaje en construcción. Su desarraigo era ya uno de los puntos fuertes de Man of Steel (2013), el no saber qué papel se supone que debe jugar en un mundo que le ve como a un alienígena. Su única conexión con la raza humana son las dos mujeres a las que ama; su madre y Lois Lane (por cierto, mola la escena de la bañera). Cuando alguna de las dos corre peligro, su fidelidad hacia el prójimo se tambalea. Ellas son su verdadera Kryptonita, como Lex Luthor sabe entender al instante. Superman no hace el bien porque sea lo que se espera de él, no lo hace por altruismo ni por justicia. Lo hace porque le parece lo más correcto, como quien abre una puerta para que pase otra persona. No necesita que un ladrón mate a sus padres delante de él, no necesita que el tío Ben muera por su culpa, no es un soldado patriota. En el caso de Superman el poder absoluto en vez de corromper absolutamente lo redime de los pecados del hombre. Pero en el siglo XXI para hacer el bien no basta con salvar un puñado de vidas. Cada una de sus acciones, cada vez que decide intervenir en una situación, lo hace bajo el escrutinio de la opinión pública y con unas consecuencias con las que debe vivir y a las que, llegado el momento, debe enfrentarse. En ese sentido la secuencia inicial en la que Bruce Wayne observa desde fuera la lucha entre Superman y Zod de la primera película, mientras trata de llegar a las oficinas de Wayne Industries en Metropolis, es magistral. No solo vemos los terribles daños colaterales de ese primer intento de Superman de hacer el bien a gran escala, sino que asistimos al nacimiento de los dos fantasmas que atormentarán a Clark Kent durante toda la película. Es en medio de toda esa destrucción que Bruce Wayne ve el potencial oscuro de una figura con tal poder, y es ahí donde nace la culpa, en forma de un empleado de Wayne Industries que pierde las piernas, que hará que Clark dude incluso de si pertenece a este mundo, o si él también debería haber perecido en Krypton junto a sus padres biológicos. Igualmente la peli plantea una pregunta muy interesante; ¿necesita el mundo a Superman?

—La estructura de la narración.


Vamos a la película en sí. Su estructura y sus múltiples tramas también han dado que hablar. En realidad lo que tenemos aquí no es solo una película en la que un grupo de héroes debe salvar al mundo del villano de turno, no es un argumento lineal. Tenemos cinco películas en una. Primero, una secuela a El Hombre de Acero que trata las consecuencias de la irrupción de Superman en el mundo. Después tenemos una película de Batman que como mínimo logra dejarnos emocionados con lo que pueda hacer Affleck, que se dice ya ha completado el guion del próximo largometraje sobre el Caballero Oscuro, con el personaje (y aquí, insisto, hay más de un enteradillo que se ha tenido que comer sus palabras). Tenemos también un tráiler de La Liga de la Justicia con Wonder Woman como embajadora de las dos películas estrella del plan de Warner Bros. para recuperarle terreno a Disney. También se nos da el primer vistazo al resto del ‘roster’ de DC. La idea de introducir a Cyborg, Aquaman y Flash a través de videos virales tal vez no sea la mejor, pero el cameo de Flash mola mucho. Tenemos también un enfrentamiento entre los dos titanes de DC, el combate estrella que se nos ha venido anunciado desde hace años y en el que se hace justicia a los dos personajes. ¡Pero Batman no tiene nada que hacer contra Superman! os oigo decir. El superpoder de Batman no es que le quede bien el negro, no es que sea capaz de canalizar a su ninja interior. Lo que convierte a Bruce Wayne en Batman es su cerebro. Batman siempre tiene un plan A, un plan B y un plan C. No se limita a repartir mamporros sin sentido (aunque también sea capaz de ello). Batman prepara el terreno donde se enfrentará a Superman y lo utiliza como un arma más a su disposición, conoce no solo el poder de su rival y sus flaquezas (kriptonita), sino que sabe de las suyas propias. Tenemos, por último, una adaptación épica de La Muerte de Superman. Y dejadme que os diga algo, por mucho que a los amantes del cine de Bergman les repatee, no hay director en el mundo capaz de traducir la épica de esos dos combates finales en imágenes mejor que Zack Snyder.


Dejadme hacer un paréntesis aquí. Muchos 'críticos' han estado estos días llenándose la boca al hablar de Zack Snyder, que si es un mal director, que si se ha cargado un montón de cómics, que si esto que si aquello... Snyder ha firmado dos notables adaptaciones al cine de novelas gráficas con 300 (2006), y, a pesar de lo imposible de adaptar del material original, Watchmen (2009). También ha conseguido que nos vuelva a importar Superman, un personaje que parecía irremediablemente desfasado no hace tantos años. Es sin duda un director que antepone el espectáculo y la forma al contenido, prueba de ello es Sucker Punch (2011), la que para mí siempre será la mejor película sin argumento de todos los tiempos, pero también es innegable que es un director que sabe trabajar con actores. 300 contiene seguramente el mejor trabajo de muchos de los actores involucrados y nos descubrió a Michael Fassbender. Watchmen contiene un trabajo actoral espectacular por parte de casi todo su reparto (especialmente de Jackie Earle Haley y su Rorschach). Incluso Sucker Punch sirvió para presentarnos a Oscar Isaac, uno de los actores más interesantes del momento. Man of Steel nos ha dado tal vez el último papel relevante de Russell Crowe antes de que se convierta definitivamente en ‘Oh, mira, ese es el tío de Gladiator, ¿qué le habrá pasado?’. Y en Batman v Superman ha conseguido convertir a Ben ‘Dan Defensor’ Affleck en un Batman notable.

Que sí, narrativamente Batman v Superman es un collage hiperbólico, pero si habéis leído alguna vez algún cómic tenéis que preguntaros si tal vez esa narrativa aparentemente desmenuzada no sea más auténtica con el lenguaje del cómic que la fórmula matemática (que funciona de maravilla, indudablemente, pero que cada vez deja ver más los hilos que se mueven en su trastienda) en la que se han acomodado últimamente en Marvel. Se ha dicho que es un sinsentido, pero me parece una gilipollez. Lo que sucede en todo momento es entendible, las tramas convergen y tienen una razón de ser y si os parece muy complicado alejaos de Juego de Tronos porque os dará dolor de cabeza. Tengo la sensación que algunas de las reacciones que se ven en la red ante este tipo de cine se basan en el síndrome del cuñadismo ilustrado (sirva de ejemplo las críticas de JotDown de esta película y la que hicieron en su momento de El Despertar de la Fuerza) o en el deseo de mantener una percepción idealizada de uno mismo. No quiere decir que si no te gusta esta u otra película no puedas expresar tu opinión al respecto, pero quizás estamos juzgando las cosas por lo que queremos que sean, y no por lo que son.

—Las secuencias oníricas.

Otro de los aspectos más criticados del film y que me ha sorprendido gratamente. A través de esos sueños (¿premoniciones?) vemos un mundo desolado en el que Batman se encuentra librando algún tipo de guerra contra un mal que está por venir. Otra vez, los que seáis lectores de cómics ya sabréis qué villano parece ser responsable de ese ‘posible’ futuro y puede incluso estar detrás de los actos de Lex Luthor. El encuentro entre Batman y ese Superman malvado también es uno de mis momentos favoritos, al igual que el diálogo entre Clark y su padre. La función de estas secuencias es prepararnos para el futuro. La película no es nada sutil al sugerir que la muerte de Lois Lane podría tener consecuencias horribles en la psique de Superman, y ese es un miedo que conecta perfectamente con la desconfianza de Bruce Wayne y nos plantea un escenario (posiblemente) trágico. El elemento de ‘viaje en el tiempo’ introducido por la presencia de Flash es seguramente lo que más me ha llamado la atención y tengo muchas ganas de ver qué papel juega en lo que está por venir.

Cosas que me han gustado menos:

—Lex Luthor encocado.

La versión hipster de Lex Luthor me ha parecido 'servicial', es decir, como villano cumple su función, pero es un personaje desaprovechado. Luthor no es un loco sin más, es una de las personas más inteligentes de todo el planeta y sus actos están razonados hasta tal punto que en los cómics casi puedes ver lógicos sus planes malignos para dominar el mundo. Lex Luthor es Steve Jobs, es un monstruo capaz de camelarse a la audiencia con medio discurso y un par de cachivaches molones. En este sentido Kevin Spacey en Superman Returns (2006) es un Luthor más fiel al personaje, sin ir más lejos. Aun así no todo está perdido. Quiero pensar que el Luthor de Jesse Eisenberg tendrá más recorrido una vez se libere de la influencia que parece gobernar sus acciones en esta película, pero en este primer encuentro ha sido seguramente el personaje menos satisfactorio de la función… o casi.

Lois ‘tú lo que quieres es que te atrape el malo’ Lane.

Lois Lane es la damisela en peligro por excelencia del mundo de los superhéroes. Un cliché del que llevamos ya demasiado tiempo riéndonos como para tomárnoslo en serio otra vez. Por eso resulta decepcionante que el papel de Amy Adams se vea reducido a hacer puenting sin cuerda desde la azotea de un edificio para ser cogida en pleno vuelo por su novio con mallas azules. Es una lástima porque la misma película ofrece dos vías a través de las que podría haber ganado relevancia. La primera es, como he dicho antes, que su muerte es seguramente lo que haga que Superman vaya por el mal camino. Es lo que dice Flash cuando contacta con Bruce Wayne; ‘Lois es la clave’. Es de suponer que el destino de Lois marque el devenir del universo cinematográfico de DC, pero de momento el personaje sabe a poco. La segunda es su función como reportera y como hace uso de su trabajo para defender la reputación de Superman. Lois es el personaje que más fe tiene en Clark, y en un mundo en el que la gente se vuelve contra él hubiera estado bien verla hacer algo más que analizar una bala… que… se… ¿ha quedado clavada en su bloc de notas?

—Niños de mama.

Tanto Batman como Superman tienen lo que en inglés se conoce como 'mommy issues'. Uno porque mataron a su madre delante de él (y le rompieron un collar de perlas muy cuco) y el otro porque ha estado mimado a más no poder (hijo único, marginado en el cole, ya se sabe). Pero ese momento maravilloso en el que Batman está a punto de hacer un pincho moruno con Superman y… Martha. Sus mamis se llaman igual. Entonces, ¿ya está? Después de haberse dado de hostias hasta en el carnet de identidad… ¿se hacen ‘superamigos’ porque sus mamis comparten nombre de pila? No lo acabo de ver muy claro.

Hulk Doomsday.


A ver, seamos justos, Doomsday no es el personaje más elaborado ni interesante que hayan parido las cabezas pensantes de DC. Cuando se publicó La Muerte de Superman a principios de los 90 se hizo en un momento en el que no se vendían cómics y Superman había perdido el favor del público. Lo que buscaban era lo mismo que buscan hoy en día tanto DC como Marvel cuando anuncian la muerte de alguno de sus superhéroes más icónicos, o su cambio de sexo, o de raza, o cuando reinician por enésima vez la continuidad de sus universos. Dinero. Quien matara a Superman no era tan interesante como el simple hecho de que Superman muriera. El origen de Doomsday en la película es totalmente nuevo. Una combinación del ADN de Lex Luthor y el cadáver de Zod es un origen tan válido como el original (científico malvado nº 579 experimentando con bebés para crear un superbebé). Mi mayor problema es el diseño mismo del monstruo. Como sucede con el Hulk que hemos visto en la gran pantalla, o con el líder Supremo Snoke en El Despertar de la Fuerza, un bicho enorme generado por ordenador sigue siendo demasiado artificial, demasiado falso como para que nos lo acabemos de tomar en serio sin más. No es Gollum, que cobró vida gracias al fantástico trabajo de Andy Serkis, no es un recurso empleado tan solo en escenas de acción, en este caso el personaje no tiene más sobre lo que apoyarse que su presentación visual. Y es muy poco como para que nos genere algún tipo de emoción. Evidentemente su papel es el que es; matar a Superman, pero de los 250 millones que ha costado hacer esta película seguramente Doomsday sea el único ‘saldo’ en el departamento de efectos especiales.




Esta es mi breve opinión sobre la experiencia que he tenido en la sala de cine. Si estáis de acuerdo con algo, perfecto, si no, también. Nada de lo que yo diga variará vuestra experiencia personal con esta u otra película, ni nada de lo que me digáis hará que Batman v Superman deje de parecerme una película soberbia. Para los que no la hayáis visto todavía mi recomendación es que vayáis con la mente abierta. Si lo que queréis es ver Marvel, hay películas maravillosas ahí fuera que satisfarán ese deseo (y pronto una Civil War que pinta muy, muy bien), si queréis ver la película que vosotros haríais con los personajes, haced un crowdfunding para juntar 300 millones y hacedla vosotros a vuestro gusto. Pero ante todo no dejéis que el pensamiento colmena que últimamente nos rige se apodere de vosotros, ved la película con vuestros propios ojos, no con los del vecino.