Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia (o como no hay que avergonzarse de pasarlo bien en el cine)



Por fin he podido ver la película de la que todos lleváis días hablando y discutiendo. Lo primero que he de confesar, a pesar de que mi fama como hombre intelectual de gustos refinados pueda sufrir por ello, es que me ha encantado. He salido del cine con un grado de satisfacción mayor del que esperaba. La película me ha dado exactamente lo que esperaba de ella y más, a un grado mucho mayor que películas recientes del género como Vengadores: La Era de Ultrón (Joss Whedon, 2015) o Ant-Man (Peyton Reed, 2015). Seguramente no voy a decir nada que no se haya dicho ya, pero aquí van mis impresiones.

(Aviso a navegantes, se acercan SPOILERS)

Cosas que me han superencantado:

Lo han clavado con Batfleck.

No es el mejor Batman de todos los tiempos, pero sí que es la mejor representación visual del personaje. Como se mueve, el aspecto y la acción son simplemente perfectos. ES Batman. Mis tres momentos favoritos: la primera vez que vemos al Hombre Murciélago es en una escena filmada casi como si se tratara de una película de terror y él fuera el monstruo, una sombra acechando fuera de plano; la secuencia del almacén, cuando va a rescatar a la madre MILF de Superman, es brutal, es Batman protagonizando The Raid (a un nivel muy superior, en este aspecto, a la trilogía de Christopher Nolan); y su relación con el Alfred Pennyworth de Jeremy Irons, que resulta hasta entrañable (nunca acabé de conectar con Michael Caine, lo siento, parecía oscilar entre el ‘Gotham le necesita, señorito Bruce’ al ‘búsquese una buena mujer y retírese a tener hijos’ con demasiada facilidad). Este Bruce Wayne además nos da un matiz nuevo, algo que no habíamos tenido ni con Michael Keaton ni con Christian Bale antes. Este es un Bruce Wayne que lleva veinte años siendo Batman. Veinte. Putos. Años. Veinte años saliendo cada noche a cazar delincuentes, viendo como por muchos que logre encerrar, siempre habrá más esperando, viendo a hombres buenos caer en el lado oscuro. En contraste, para que nos hagamos una idea, conviene recordar que técnicamente el tiempo de Christian Bale como Batman en activo es de menos de dos años (un año entre Batman Begins (2005) y The Dark Knight (2008), ocho años de retiro espiritual después de la muerte de Harvey Dent, y los meses que duran los eventos de The Dark Knight Rises (2012)). Además, gracias a las referencias al cómic A Death in the Family, sabemos que este Bruce Wayne ha tenido que enterrar ya a un Robin, muerto a manos del Joker. Ben Affleck consigue que veamos a un hombre de vuelta de todo, herido, cansado (too old to die young, como dice Alfred) que no ve en Superman a un hombre con buenas intenciones, a un posible aliado, sino a una amenaza en potencia, alguien con un poder terrible y susceptible a ser corrompido (como ha visto suceder ya demasiadas veces a su alrededor), una pistola cargada apuntada a la sien no solo de Gotham, no solo de unas pocas víctimas inocentes, sino de toda la raza humana. Pero lo que más me ha gustado del personaje es ver por fin algo, aunque solo sea un resquicio, del Batman detective, del Batman que utiliza a Bruce Wayne como tapadera para investigar. Espero que vayan más a menudo por ese camino y no tanto por el muy manido y simplón ‘Batman es ninja con gadgets molones’.

—Démosle un fuerte aplauso a la Mujer Maravilla.

La presentación de Wonder Woman también es un acierto y me alegro porque es el personaje que más preocupado me tenía. Necesitamos más superheroinas en el cine, necesitamos que sean el centro de la acción y no un mero complemento. Es algo que ni siquiera Marvel ha sido capaz de hacer en quince películas, y me alegra decir que la irrupción de Gal Gadot vestida para matar en pantalla me llena de optimismo. Si en ese momento no te han venido ganas de levantarte y aplaudir es que estás muerto por dentro, así de claro. Es realmente ella quien más tiempo se pasa dándose de hostias con Doomsday, y no solo eso sino que tenemos tiempo también de conocer aspectos de su personalidad que espero que podamos disfrutar en su película en solitario. Hay dos momentos en especial que para mí ya hacen que valga la pena su presencia en la trama. El primero, la conversación que tiene con Bruce Wayne en la que básicamente lo trata como a un niño pequeño (cosa que desde la perspectiva de quien ha vivido siglos es comprensible). El segundo, durante la pelea con Doomsday, hay un momento en que cae al suelo y al levantarse la vemos sonreír. Se lo está pasando bien enfrentándose a esa bestia, es una jodida amazona, alguien que se siente como pez en el agua en la guerra, y eso es algo que puede dar muchísimo juego.

—Que maten a Superman.

Los que hemos leído el cómic de The Death of Superman sabíamos (o sospechábamos) que esto pasaría. Al fin y al cabo es Doomsday quien da muerte al Hombre de Acero en las viñetas. Claro que no estará mucho tiempo muerto, es un personaje de cómic y en los cómics nada es permanente, ni la muerte. Pero, ¿se atreverían DC y Warner a cargarse a una de sus dos gallinas de los huevos de oro en la segunda película de lo que pretende ser un universo cinematográfico a la altura del de Marvel? La respuesta es sí, y lo han sabido hacer de una forma efectiva. Claro que volverá, claro que nos tenían que dar un resquicio para que los fans no se volvieran (más) locos en forma de tierra flotando sobre su ataúd, pero si fuera Snyder dejaría la vuelta de Superman para bien entrada la segunda película de Justice League. Me parece una decisión mucho más valiente que la de matar al actor secundario Coulson o al Quicksilver soso.

Cosas que me han gustado:

—Los pechos peluditos del Hombre de Acero.


Henry Cavill es un muy buen Superman. Punto. No, no es el Superman que TÚ quieres ver. No, no es el boyscout de sonrisa perfecta que todos tenemos idealizado. No, no es el chico cándido que sale indemne de cada batalla que libra contra el mal. Ese Superman era Christopher Reeve… en los 80, era Brandon Routh en aquella especie de homenaje kitsch que dirigió Bryan Singer. Ese Superman sí que está muerto y enterrado, no funciona en el mundo de hoy, acéptalo, haz las paces con ello y sigue adelante con tu vida. El Superman de Henry Cavill es un personaje en construcción. Su desarraigo era ya uno de los puntos fuertes de Man of Steel (2013), el no saber qué papel se supone que debe jugar en un mundo que le ve como a un alienígena. Su única conexión con la raza humana son las dos mujeres a las que ama; su madre y Lois Lane (por cierto, mola la escena de la bañera). Cuando alguna de las dos corre peligro, su fidelidad hacia el prójimo se tambalea. Ellas son su verdadera Kryptonita, como Lex Luthor sabe entender al instante. Superman no hace el bien porque sea lo que se espera de él, no lo hace por altruismo ni por justicia. Lo hace porque le parece lo más correcto, como quien abre una puerta para que pase otra persona. No necesita que un ladrón mate a sus padres delante de él, no necesita que el tío Ben muera por su culpa, no es un soldado patriota. En el caso de Superman el poder absoluto en vez de corromper absolutamente lo redime de los pecados del hombre. Pero en el siglo XXI para hacer el bien no basta con salvar un puñado de vidas. Cada una de sus acciones, cada vez que decide intervenir en una situación, lo hace bajo el escrutinio de la opinión pública y con unas consecuencias con las que debe vivir y a las que, llegado el momento, debe enfrentarse. En ese sentido la secuencia inicial en la que Bruce Wayne observa desde fuera la lucha entre Superman y Zod de la primera película, mientras trata de llegar a las oficinas de Wayne Industries en Metropolis, es magistral. No solo vemos los terribles daños colaterales de ese primer intento de Superman de hacer el bien a gran escala, sino que asistimos al nacimiento de los dos fantasmas que atormentarán a Clark Kent durante toda la película. Es en medio de toda esa destrucción que Bruce Wayne ve el potencial oscuro de una figura con tal poder, y es ahí donde nace la culpa, en forma de un empleado de Wayne Industries que pierde las piernas, que hará que Clark dude incluso de si pertenece a este mundo, o si él también debería haber perecido en Krypton junto a sus padres biológicos. Igualmente la peli plantea una pregunta muy interesante; ¿necesita el mundo a Superman?

—La estructura de la narración.


Vamos a la película en sí. Su estructura y sus múltiples tramas también han dado que hablar. En realidad lo que tenemos aquí no es solo una película en la que un grupo de héroes debe salvar al mundo del villano de turno, no es un argumento lineal. Tenemos cinco películas en una. Primero, una secuela a El Hombre de Acero que trata las consecuencias de la irrupción de Superman en el mundo. Después tenemos una película de Batman que como mínimo logra dejarnos emocionados con lo que pueda hacer Affleck, que se dice ya ha completado el guion del próximo largometraje sobre el Caballero Oscuro, con el personaje (y aquí, insisto, hay más de un enteradillo que se ha tenido que comer sus palabras). Tenemos también un tráiler de La Liga de la Justicia con Wonder Woman como embajadora de las dos películas estrella del plan de Warner Bros. para recuperarle terreno a Disney. También se nos da el primer vistazo al resto del ‘roster’ de DC. La idea de introducir a Cyborg, Aquaman y Flash a través de videos virales tal vez no sea la mejor, pero el cameo de Flash mola mucho. Tenemos también un enfrentamiento entre los dos titanes de DC, el combate estrella que se nos ha venido anunciado desde hace años y en el que se hace justicia a los dos personajes. ¡Pero Batman no tiene nada que hacer contra Superman! os oigo decir. El superpoder de Batman no es que le quede bien el negro, no es que sea capaz de canalizar a su ninja interior. Lo que convierte a Bruce Wayne en Batman es su cerebro. Batman siempre tiene un plan A, un plan B y un plan C. No se limita a repartir mamporros sin sentido (aunque también sea capaz de ello). Batman prepara el terreno donde se enfrentará a Superman y lo utiliza como un arma más a su disposición, conoce no solo el poder de su rival y sus flaquezas (kriptonita), sino que sabe de las suyas propias. Tenemos, por último, una adaptación épica de La Muerte de Superman. Y dejadme que os diga algo, por mucho que a los amantes del cine de Bergman les repatee, no hay director en el mundo capaz de traducir la épica de esos dos combates finales en imágenes mejor que Zack Snyder.


Dejadme hacer un paréntesis aquí. Muchos 'críticos' han estado estos días llenándose la boca al hablar de Zack Snyder, que si es un mal director, que si se ha cargado un montón de cómics, que si esto que si aquello... Snyder ha firmado dos notables adaptaciones al cine de novelas gráficas con 300 (2006), y, a pesar de lo imposible de adaptar del material original, Watchmen (2009). También ha conseguido que nos vuelva a importar Superman, un personaje que parecía irremediablemente desfasado no hace tantos años. Es sin duda un director que antepone el espectáculo y la forma al contenido, prueba de ello es Sucker Punch (2011), la que para mí siempre será la mejor película sin argumento de todos los tiempos, pero también es innegable que es un director que sabe trabajar con actores. 300 contiene seguramente el mejor trabajo de muchos de los actores involucrados y nos descubrió a Michael Fassbender. Watchmen contiene un trabajo actoral espectacular por parte de casi todo su reparto (especialmente de Jackie Earle Haley y su Rorschach). Incluso Sucker Punch sirvió para presentarnos a Oscar Isaac, uno de los actores más interesantes del momento. Man of Steel nos ha dado tal vez el último papel relevante de Russell Crowe antes de que se convierta definitivamente en ‘Oh, mira, ese es el tío de Gladiator, ¿qué le habrá pasado?’. Y en Batman v Superman ha conseguido convertir a Ben ‘Dan Defensor’ Affleck en un Batman notable.

Que sí, narrativamente Batman v Superman es un collage hiperbólico, pero si habéis leído alguna vez algún cómic tenéis que preguntaros si tal vez esa narrativa aparentemente desmenuzada no sea más auténtica con el lenguaje del cómic que la fórmula matemática (que funciona de maravilla, indudablemente, pero que cada vez deja ver más los hilos que se mueven en su trastienda) en la que se han acomodado últimamente en Marvel. Se ha dicho que es un sinsentido, pero me parece una gilipollez. Lo que sucede en todo momento es entendible, las tramas convergen y tienen una razón de ser y si os parece muy complicado alejaos de Juego de Tronos porque os dará dolor de cabeza. Tengo la sensación que algunas de las reacciones que se ven en la red ante este tipo de cine se basan en el síndrome del cuñadismo ilustrado (sirva de ejemplo las críticas de JotDown de esta película y la que hicieron en su momento de El Despertar de la Fuerza) o en el deseo de mantener una percepción idealizada de uno mismo. No quiere decir que si no te gusta esta u otra película no puedas expresar tu opinión al respecto, pero quizás estamos juzgando las cosas por lo que queremos que sean, y no por lo que son.

—Las secuencias oníricas.

Otro de los aspectos más criticados del film y que me ha sorprendido gratamente. A través de esos sueños (¿premoniciones?) vemos un mundo desolado en el que Batman se encuentra librando algún tipo de guerra contra un mal que está por venir. Otra vez, los que seáis lectores de cómics ya sabréis qué villano parece ser responsable de ese ‘posible’ futuro y puede incluso estar detrás de los actos de Lex Luthor. El encuentro entre Batman y ese Superman malvado también es uno de mis momentos favoritos, al igual que el diálogo entre Clark y su padre. La función de estas secuencias es prepararnos para el futuro. La película no es nada sutil al sugerir que la muerte de Lois Lane podría tener consecuencias horribles en la psique de Superman, y ese es un miedo que conecta perfectamente con la desconfianza de Bruce Wayne y nos plantea un escenario (posiblemente) trágico. El elemento de ‘viaje en el tiempo’ introducido por la presencia de Flash es seguramente lo que más me ha llamado la atención y tengo muchas ganas de ver qué papel juega en lo que está por venir.

Cosas que me han gustado menos:

—Lex Luthor encocado.

La versión hipster de Lex Luthor me ha parecido 'servicial', es decir, como villano cumple su función, pero es un personaje desaprovechado. Luthor no es un loco sin más, es una de las personas más inteligentes de todo el planeta y sus actos están razonados hasta tal punto que en los cómics casi puedes ver lógicos sus planes malignos para dominar el mundo. Lex Luthor es Steve Jobs, es un monstruo capaz de camelarse a la audiencia con medio discurso y un par de cachivaches molones. En este sentido Kevin Spacey en Superman Returns (2006) es un Luthor más fiel al personaje, sin ir más lejos. Aun así no todo está perdido. Quiero pensar que el Luthor de Jesse Eisenberg tendrá más recorrido una vez se libere de la influencia que parece gobernar sus acciones en esta película, pero en este primer encuentro ha sido seguramente el personaje menos satisfactorio de la función… o casi.

Lois ‘tú lo que quieres es que te atrape el malo’ Lane.

Lois Lane es la damisela en peligro por excelencia del mundo de los superhéroes. Un cliché del que llevamos ya demasiado tiempo riéndonos como para tomárnoslo en serio otra vez. Por eso resulta decepcionante que el papel de Amy Adams se vea reducido a hacer puenting sin cuerda desde la azotea de un edificio para ser cogida en pleno vuelo por su novio con mallas azules. Es una lástima porque la misma película ofrece dos vías a través de las que podría haber ganado relevancia. La primera es, como he dicho antes, que su muerte es seguramente lo que haga que Superman vaya por el mal camino. Es lo que dice Flash cuando contacta con Bruce Wayne; ‘Lois es la clave’. Es de suponer que el destino de Lois marque el devenir del universo cinematográfico de DC, pero de momento el personaje sabe a poco. La segunda es su función como reportera y como hace uso de su trabajo para defender la reputación de Superman. Lois es el personaje que más fe tiene en Clark, y en un mundo en el que la gente se vuelve contra él hubiera estado bien verla hacer algo más que analizar una bala… que… se… ¿ha quedado clavada en su bloc de notas?

—Niños de mama.

Tanto Batman como Superman tienen lo que en inglés se conoce como 'mommy issues'. Uno porque mataron a su madre delante de él (y le rompieron un collar de perlas muy cuco) y el otro porque ha estado mimado a más no poder (hijo único, marginado en el cole, ya se sabe). Pero ese momento maravilloso en el que Batman está a punto de hacer un pincho moruno con Superman y… Martha. Sus mamis se llaman igual. Entonces, ¿ya está? Después de haberse dado de hostias hasta en el carnet de identidad… ¿se hacen ‘superamigos’ porque sus mamis comparten nombre de pila? No lo acabo de ver muy claro.

Hulk Doomsday.


A ver, seamos justos, Doomsday no es el personaje más elaborado ni interesante que hayan parido las cabezas pensantes de DC. Cuando se publicó La Muerte de Superman a principios de los 90 se hizo en un momento en el que no se vendían cómics y Superman había perdido el favor del público. Lo que buscaban era lo mismo que buscan hoy en día tanto DC como Marvel cuando anuncian la muerte de alguno de sus superhéroes más icónicos, o su cambio de sexo, o de raza, o cuando reinician por enésima vez la continuidad de sus universos. Dinero. Quien matara a Superman no era tan interesante como el simple hecho de que Superman muriera. El origen de Doomsday en la película es totalmente nuevo. Una combinación del ADN de Lex Luthor y el cadáver de Zod es un origen tan válido como el original (científico malvado nº 579 experimentando con bebés para crear un superbebé). Mi mayor problema es el diseño mismo del monstruo. Como sucede con el Hulk que hemos visto en la gran pantalla, o con el líder Supremo Snoke en El Despertar de la Fuerza, un bicho enorme generado por ordenador sigue siendo demasiado artificial, demasiado falso como para que nos lo acabemos de tomar en serio sin más. No es Gollum, que cobró vida gracias al fantástico trabajo de Andy Serkis, no es un recurso empleado tan solo en escenas de acción, en este caso el personaje no tiene más sobre lo que apoyarse que su presentación visual. Y es muy poco como para que nos genere algún tipo de emoción. Evidentemente su papel es el que es; matar a Superman, pero de los 250 millones que ha costado hacer esta película seguramente Doomsday sea el único ‘saldo’ en el departamento de efectos especiales.




Esta es mi breve opinión sobre la experiencia que he tenido en la sala de cine. Si estáis de acuerdo con algo, perfecto, si no, también. Nada de lo que yo diga variará vuestra experiencia personal con esta u otra película, ni nada de lo que me digáis hará que Batman v Superman deje de parecerme una película soberbia. Para los que no la hayáis visto todavía mi recomendación es que vayáis con la mente abierta. Si lo que queréis es ver Marvel, hay películas maravillosas ahí fuera que satisfarán ese deseo (y pronto una Civil War que pinta muy, muy bien), si queréis ver la película que vosotros haríais con los personajes, haced un crowdfunding para juntar 300 millones y hacedla vosotros a vuestro gusto. Pero ante todo no dejéis que el pensamiento colmena que últimamente nos rige se apodere de vosotros, ved la película con vuestros propios ojos, no con los del vecino.

1 comentario:

  1. - No dejan de pelear porque sus madres se llamen iguales, dejan de pelear porque Batman se da cuenta en ese momento que el Superser malvado que cree que quiere/puede destruir el mundo se preocupa por otra persona aparte de sí mismo...
    La escena funcionaría exactamente igual en caso de cambiar "Martha" por "madre".
    - Yo sigo manteniendo que Lex Luthor está siendo influenciado por una fuerza externa, Darkseid probablemente, y de ahí que en ocasiones titubee mientras está hablando y, sobre todo, por su parrafada final en la cárcel a Batman.
    Un artículo genial, pero claro, como tú mismo dices yo ya era de los convencidos, los que la quieren criticar lo harán igualmente con o sin razón. XD

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