Lo mejor de este mundillo es la gente.

Daniel Medina —para aquellos que no lo conozcáis, es uno de los ilustradores con los que tuvimos la suerte de contar para el proyecto de SUEÑOS DE ACERO FUNDIDO, autor de la brutal portada del libro y a quien debemos muchas ventas— tuvo el detalle de leerse PANDORADESPIERTA —¡bien!—, le ha gustado —¡genial!— e incluso se ha animado a dibujar dos de los alienígenas que aparecen en la novela —¡brutal!—. Aunque sean bocetos en blanco y negro, no os podéis imaginar lo que mola que alguien dibuje algo inspirado en lo que has escrito. Mi más sincero agradecimiento a Dani —¡eres mu grande!—.

Os las comparto a continuación, acompañadas de un par de fragmentos de la novela para poneros en situación. Si alguna vez necesitáis a un ilustrador para algún proyecto que os traigáis entre manos, no dudéis en contactar con Dani, no solo es un artista cojonudo, también es un tío de puta madre y eso siempre es un valor añadido.

Espero que os guste.


‘’Es evidente al ojo humano que son hijos de la maldad más pura. Caminan como ninguna otra criatura ha caminado sobre la tierra antes. Altos y regios, con cuerpos humanoides pero de una singular elegancia. Exploradores de su nuevo mundo. Su piel es escamosa y negra, como si la luz se negase a reflejarse sobre ellos. Sus cráneos alargados se balancean al ritmo serpenteante de sus finos cuellos. Sus manos terminan en unas largas y estremecedoras garras huesudas. Están desnudos, desarmados a simple vista. Ese es el respeto que nos tienen a los nativos del planeta.

Una vez vi a un hombre armado hasta los dientes atacar a uno solo de esos seres. El tipo tenía una escopeta más grande que su brazo. Apretó el gatillo una y otra vez sin descanso. Los disparos resonaron en las calles vacías como truenos. El ser no se movió ni un solo milímetro, soportó los disparos como quien siente caerle encima las gotas de lluvia de una tormenta de verano. Las balas lo atravesaron sin más, arrancando pedacitos de carne de viso azabache y dejando tras de sí un entramado de filamentos viscosos como tentáculos que se afanaban en sanar el daño causado. La bestia se limitó a observar a ese mono prehistórico, tal vez sin ni siquiera entender que sucedía.

Cuando el empuje del hombre se disipó, la criatura emitió un sonido, una pulsación que hizo estallar los pocos cristales que quedaban enteros a un kilómetro a la redonda. Al instante el hombre cayó en medio de un charco de sangre y materia negra viscosa. No tuvo tiempo ni de gritar. Lo que siguió es una escena que todavía veo en mis pesadillas.

La criatura se acercó al cuerpo inerte del humano y lo examinó con interés. Luego, usando sus afiladas garras, lo abrió en canal cortando carne y hueso con facilidad. Con una precisión quirúrgica, lo destripó y devoró el contenido de su tórax, degustando con cuidado todos los órganos, saboreando el entramado de músculos y tendones del pobre desgraciado. Sus afilados dientes mascaron el tejido blando como si fuera chicle. Una vez satisfecha, la criatura siguió con su camino, dejando un manojo de piel, huesos y sangre donde antes había habido un hombre.’’


‘’Entonces, como si respondiera al grito de la niña, algo cae del cielo. 

Primero creo que es un fragmento de escombros lunares y cierro los ojos esperando que todo termine rápido. Siento el impacto contra el suelo, las vibraciones percutir a través de las palmas de mis manos, pero la destrucción y la muerte no llegan. Abro los ojos y veo a Raj mirándome, mirando más allá de mí, y al girarme me lo encuentro ante mí. Este ser no se parece en nada a los monstruos que se arrastran en la ciudad. Lleva una especie de túnica gris que lo cubre, dejando a la vista unos brazos de un color blanquecino. Es alto, más alto aún que los otros, y esbelto, como si una escultura griega se hubiera alzado para caminar entre nosotros.

—¡Corred! ¡Huid! —suplico al tiempo que me levanto y corro hacia la criatura en un acto de valor efímero.’’


Acaba todo lo que empieces.

Uno de los aspectos más difíciles a la hora de escribir relatos o novelas es ser capaz de terminar lo que uno empieza. Existen muchas razones por las cuales deberías acabar toda la mierda que empiezas a escribir, pero la más importante para mí es que para llegar a ser un buen escritor —ya no hablemos de uno jodidamente bueno— tienes que escribir. Escribir mucho. Escribir desde el principio hasta el final. Y escribir más una vez has acabado. Si escribes cuarenta principios y ningún final, ¡ay amigo!, estás bien jodido. Tienes que aprender a completar el trabajo. Acaba todo lo que empieces.

Sí, lo sé, podrías decirme ‘’es que no me acaba de gustar lo que estoy escribiendo, se me ha ocurrido una idea mejor, es que echan Mujeres, hombres y viceversa en la tele’’ y te entiendo. ¿Quién podría resistirse a la llamada de las tronistas? ¿Has visto que castañas tienen? Pero antes de hacerlo quiero que te mires en el espejo. Lo digo en serio, hazme caso. Mira a los ojos al hombre/mujer/chaval/dragón-de-tres-cabezas que eres y dime lo que ves. Exacto. Alguien que no acaba lo que empieza. Ninguna de las mil cosas que empieza.

Lo que hace tan difícil escribir una buena novela es que no existe una fórmula mágica que uno pueda seguir. Escribir una novela no es algo que salga de forma natural ni sigue ninguna lógica conocida por el hombre. La única forma de alcanzar el nivel de conocimiento necesario es a base de práctica, de mucha práctica. De escribir texto tras texto tras texto. Mejorar en cada nueva historia que decides contar, aprender de los errores cometidos, ponerte retos nuevos y exigirte más. No hay manual de escritura ni taller literario en el mundo que pueda reemplazar el simple hecho de pegar el culo a la silla y escribir. Necesitas trabajar la disciplina necesaria para terminar tus textos. Debes entrenar tu musculo narrativo. ¡No ese no! Aparta la mano de tu cimbrel, pervertido.

En mi caso, como sabrás si has leído algo mío, no he nacido con un talento innato para la narrativa. No soy Stephen King, ni Paul Auster, ni Isaac Asimov ni el jodido James Joyce. Ellos son/eran genios. Yo no, como la mayoría de mortales. Por supuesto, la parte instintiva de escribir es divertida. Cualquiera puede imaginarse un escenario original o una escena de batalla espectacular. ¿Pero estructurar una novela entera? Eso es jodidamente difícil. Necesitas saber cómo desarrollar una trama de principio a fin. Y si, como me pasa a mí, no eres un genio, la única forma de adquirir la habilidad necesaria es a base de picar piedra. No todo lo que acabes será una obra de arte. Tal vez ni siquiera sea publicable. No pasa nada. Es una etapa más que tienes que quemar para poder llegar más arriba.

La carrera literaria de cualquier autor se basa en la habilidad de entregarle al mundo un trabajo tras otro. El encadenar proyectos te concede el impulso necesario, te hace estar cada vez más cómodo en el papel de narrador. No se hace más fácil, pero si menos doloroso. Es como el sexo anal, la primera vez puede ser algo incomoda, pero cuanto más lo haces, menos fricción... No, mal ejemplo. Haber, es como correr. Los primeros días que te pones las zapatillas y sales a la calle acabas vomitando los pulmones al llegar a la esquina. Pero cuanto más lo haces más lejos acabas llegando. Ese impulso que ganas a medida que vas acumulando relatos y novelas se retroalimenta, y para poder mantener la maquinaria en marcha debes llegar hasta el final.

Doy por sentado de que de vez en cuando lees algún libro. Te habrás dado cuenta de que todos tienen un final —lo siento, spoiler. Cualquier relato, cualquier novela, tiene un final. Aprender a escribirlos es también importante, y solo se consigue terminando todo lo que empieces. Además, si lo que has acabado no te convence, siempre puedes revisarlo. No olvides que escribir es cuando vomitamos las palabras sobre la página en blanco. Revisar es lo que viene después, cuando las golpeamos contra la pared para que no sean una puta mierda. No importa cuán desencantado estés con un texto durante la escritura, lo podrás arreglar una vez terminado. Pero SOLO una vez terminado.

Acaba todo lo que empieces. ¿Cómo te lo tengo que decir? No querrás ser uno de esos escritores a los que la gente les pregunta si han terminado su novela y se quedan mirando al vacío con la boca abierta y se mean encima. Acaba todo lo que empieces. Lo digo en serio. Te estoy vigilando. Como me cruce contigo y no hayas terminado lo que sea que estés escribiendo te voy a decapitar con un cortaúñas y voy a utilizar tu cráneo de orinal. No estoy de coña. No sabes lo que me fastidia levantarme por la noche para ir al baño. Está muy lejos. Así que déjate de hostias y ACABA LO QUE EMPIECES, JODER.

Películas invisibles: Orgullo, prejuicio y zombis.

Como trabajo final de una asignatura de la carrera, sobre adaptación cinematográfica, nos hicieron presentar una propuesta para adaptar la novela que quisiéramos al cine. Yo elegí Orgullo, prejuicio y zombies de Seth Grahame-Smith porque durante el curso habíamos analizado varias adaptaciones de obras de Jane Austen, y porque durante la carrera es una de la autoras que más habíamos tratado. Parte del trabajo consistía en escribir el guion para una escena de la supuesta película, no soy guionista ni nada por el estilo, pero me ha hecho gracia encontrar el archivo después de tanto tiempo y he decidido compartirlo con vosotros. 

Aquí tenéis la escena que escribí en su momento, traducida al español.



Orgullo, Prejucio y Zombis by Pau Varela

Elogio a Akira Kurosawa (Parte I): Rashomon, un viaje al bosque de la verdad.


Tres hombres se resguardan de la lluvia en un templo en medio de la montaña. Estamos en el Japón feudal de la era Heian, una época de guerras y pobreza. No tienen otra cosa que hacer excepto hablar. Dos de los hombres narran al tercero los sucesos que han tenido lugar no muy lejos de ese templo, en el bosque. Una mujer ha sido violada, su marido, un samurai, asesinado a sangre fría y un famoso bandido, Tajomaru, fue encontrado poco después a lomos del caballo de la victima. Los dos hombres, testigos de este crimen, describen la investigación de la policía. Con todo este material Hollywood habría hecho un thriller de misterio al uso o un drama judicial, en manos de Akira Kurosawa, dio lugar a Rashomon (1950), una de las películas japonesas más populares fuera de las fronteras de del país nipón. Kurosawa toma el relato de un sórdido crimen en medio de la montaña para elaborar una alegoría sobre la naturaleza de la verdad y sobre como el hombre es capaz de deformar la realidad sin ser consciente de ello a través de la narración, ejemplificada por la secuencia en el bosque durante el testimonio del leñador. 


Rashomon esta basada en dos relatos cortos del escritor japonés Ryūnosuke Akutagawa; Rashomon, del cual Kurosawa extrajo la localización y el contexto histórico para la película, y En el bosque, que da lugar al argumento principal de la película, alrededor del asesinato o suicidio de un samurai. La película se estructura sobre los testimonios de la mujer atacada, el leñador que asegura haber encontrado el cuerpo del samurai ya sin vida, un moje que a través del espiritismo consigue comunicarse con la victima, y el bandido Tajomaru, que es el principal sospechoso del crimen. 


En su corazón, la película de Kurosawa explora el conflicto entre realidad y apariencia, es decir, presenta una realidad aparente, sostenida por las narraciones de los testigos, y busca una única verdad. Todos los testimonios se nos muestran en forma de flashbacks, durante los cuales se acentúa una y otra vez la subjetividad de los mismos. Kurosawa nunca da pistas en toda la película sobre que testimonio es cierto y cual no. Dedica el mismo tiempo y la misma atención a cada uno de los flashbacks, dejando al espectador con la misión de decidir quién miente y quién (si es que hay alguien que lo haga) dice la verdad. Lo rompedor en la película es como la forma y el contendido se entremezclan durante los relatos del asesinato. 


Si la película deja claro la fragilidad de la percepción humana y la manipulación a la que puede ser sometido un mismo hecho objetivo por parte de aquellos que los presencian, la película en sí misma nos da a entender que lo que vemos no es más que un relato distorsionado. El uso de la banda sonora es un ejemplo. Durante los flashbacks, el sonido oscila entre solo música como acompañamiento a las imágenes, sin sonido ambiente, pasando por la mezcla entre los dos, a solo el sonido del bosque. Esa inconstancia o ruptura es la misma que los relatos transmiten al espectador. 

Esta dualidad entre verdad e ilusión se observa en una de las secuencias más celebradas de la película. Se trata del testimonio del leñador, cuyo flashback se inicia con el personaje de Takashi Shimura adentrándose en el bosque. El movimiento de la cámara siguiendo al personaje es extremadamente evocador y casi hipnótico, e incluso Kurosawa se permite el lujo de saltarse un tabú clásico como es el de filmar al sol directamente. En la secuencia, de no más de dos minutos repartidos en una veintena de planos, vemos los hechos ocurridos aquel día desde la perspectiva del leñador. La secuencia no contiene diálogo alguno y esta simétricamente enmarcada por dos primeros planos, uno del leñador en el presente de la película dispuesto a iniciar su narración, y un primer plano de un sombrero de mujer colgando de las ramas de un árbol en el pasado, primera señal de alerta para el leñador sobre el crimen que ha tenido lugar. 
Lo primero que nos desorienta y nos insinúa esa sensación de distorsión y manipulación de la realidad es el movimiento mismo del leñador. En algunos planos vemos como el leñador se mueve de izquierda a derecha, en otros este movimiento se invierte (de derecha a izquierda), en otros, los menos, lo vemos alejarse o acercarse alternativamente a la cámara. Este juego con el raccord de la secuencia nos sugiere un movimiento circular o en espiral del personaje, casi como si poco a poco se viera atrapado por sus propias mentiras. Otro aspecto remarcable es el movimiento de la cámara misma. No hay un solo plano en el que la cámara permanezca en una posición fija, sobresaliendo entre todos ellos el travelling en ‘S’ entre los árboles. Es remarcable mencionar que Kurosawa colaboraba en es época con el cámara Kazuo Miyagawa, responsable en gran parte del baile que se establece entre el individuo observado (el leñador) y el punto de mira a través del cual le observamos (la cámara). 

El único plano que no encaja en este baile es el que consiste en un contrapicado desde las ramas de uno de los árboles que poco a poco baja siguiendo el tronco hasta casi tocar el suelo. Es el único plano perpendicular a la acción y no horizontal. También sorprende que el foco de atención en el plano sea el árbol y no el leñador como hasta ese momento. Igualmente chocante es el tratamiento de la luz durante la secuencia. Esta nos es mostrada de dos formas distintas; una es el reflejo del sol en la hoja del hacha del leñador, y la otra es la luz pasando a través de las ramas de los árboles. La forma de representar la luz también esta estrechamente ligada con la búsqueda de verdad de la película. Los árboles y las ramas no hacen más que oscurecer esa luz, nunca se nos muestra el cielo de forma clara y abierta sino parcialmente ocultado por la naturaleza. 
Este es el primer flashback de la película y en el ya se intenta oscurecer la luz, la verdad, cosa que se repetirá en los siguientes flashbacks una y otra vez. Además, si tenemos en cuenta que el flashback muestra la subjetividad de un personaje, el mostrar la luz tiene sentido, al mostrar el contraste entre la lluvia del presente con el cielo primaveral del pasado. Al mismo tiempo, la carga de detalles tales como el tiempo que hacia aquel día, no es más que una búsqueda desesperada por parte del narrador de veracidad, aun cuando reconocemos la posibilidad de falsedad en su testimonio. Todos estos elementos formales existen bajo la ascendiente de que la verdad última y objetiva no existe en el mundo de la narración. En toda la película no se nos da una versión que sepamos a ciencia cierta que es verídica, a pesar de lo cual podemos llegar a entender perfectamente la naturaleza de los eventos que se no explican.

Akira Kurosawa dijo una vez que el sentido de Rashomon es que los seres humanos son deshonestos por naturaleza y son incapaces de contar la verdad por más que lo intenten, incluso a si mismos. Esta falta a la verdad en la narración es evidente incluso el la manera de rodar las diferentes historias que la componen. En este sentido, la obra de Kurosawa supuso una ruptura con las normas de filmación establecidas, antes de que la Nouvelle Vague francesa convirtiera la ruptura en marca artística. El uso aleatorio de planos cortos y planos largos, el innovador uso de la cámara para retratar la historia y sus personajes, y los elementos de puntuación cinematográfica tales como la banda sonora son fruto del argumento y la temática misma de la película. Su estructura argumental no lineal y no tradicional la convierten en una de las películas que más ha influido en el cine de la segunda mitad del siglo XX, influencia que hoy en día sigue vigente.
Ficha técnica de la película
Título: Rashomon
Director: Akira Kurosawa
Productor: Jingo Minoura
Guión: Akira Kurosawa y Shinobu Hashimoto
Director de fotografía: Ryunosuke Akutagawa
Banda Sonora: Fumio Hayasaka
País: Japón
Año: 1950
Metraje: 88 minutes
Casting:
Toshiro Mifune (Bandido)
Machiko Kyo (Mujer)
Masayuki Mori (Samurai)
Takashi Shimura (Leñador)
Minoru Chiaki (Monje)

25 COSAS QUE DEBERÍAS SABER SOBRE PUBLICAR ('The Kick-Ass Writer', de Chuck Wendig)

Uno de los libros que estoy leyendo este mes es The Kick-Ass Writer, de Chuck Wendig. Ya he hablado antes de este libro, e incluso he compartido alguna cosa a través de las redes sociales, pero este capítulo en concreto me ha parecido interesante, dado que muchos escritores noveles en España parecen preocupados por este tema. Espero que sea de ayuda y si os gusta os recomiendo que compréis el libro. Abarca muchos más temas realmente interesantes. El libro original está en inglés, esto es una traducción muy básica y muy libre:

25 COSAS QUE DEBERÍAS SABER SOBRE PUBLICAR

1. Publicar, igual que una barbacoa, requiere tiempo.
Publicar nunca debe suceder rápidamente. Si lo hace, preocúpate. Ya has visto antes cómo en una novela un personaje experimenta una falsa victoria y es todo como, "Eso fue demasiado fácil, ¿no?" Sí. Lo ha sido. La publicación requiere esfuerzo, y el esfuerzo requiere tiempo. Varios borradores y editores y lectores beta y agentes y envíos de manuscritos. Incluso la auto-publicación necesita hacerse con el pie sobre el pedal del freno. Tómate tiempo. Asegúrate de que esté pulido antes de vomitar un montón de tonterías en el regazo de los lectores. Deja que tu trabajo —y su irrupción en el mundo— se cueza a fuego lento hasta que su sabor sea tan bueno que no puedas sentir las piernas.

2. El perro que eliges ser.
Esto probablemente suena desdeñoso, hasta que te das cuenta de que me gustan mucho los perros. De cualquier forma, en la publicación tradicional se trata de ser un perro mantenido. Una mascota, de algún tipo. Te cuidan y alimentan, siempre y cuando cumplas con lo que se espera de ti. El perro de la auto-publicación está por su cuenta —libre de vagar solo o formar una manada, libre para cazar su propio alimento, libre de mear donde quiera mear. Esto suena atractivo, pero ten en cuenta que muchos perros domesticados viven felices durante años y muchos perros salvajes son atropellados cada día.

3. La primera vía: andando las sendas antiguas.
Nos guste o no, la llaman "tradicional" por una razón —es el sistema que ha existido desde que Jesús vino del espacio y enseñó a los egipcios cómo construir iPhones. O algo así. El caso es que esta sigue siendo la vía principal. Y tiene muchas ventajas; tu madre lo comprará, estará en las librerías —las siete que quedan—, tendrás una copia en papel, e incluso puede que alguien te pague un anticipo. También es más probable —aunque no está garantizado— que tengas un producto con un acabado más profesional. Sin embargo, esta ruta tiene también desventajas. Se pierde el control sobre el producto final. También se pierde el control sobre el marco temporal —las editoriales tradicionales se mueven con la misma velocidad que las placas tectónicas. Tu porcentaje por libro sea probablemente peor.

4. La segunda vía: ábrete tu propio camino a través de la selva.
La auto-publicación es, bueno, cuando se publica algo por uno mismo. ¿Realmente necesito explicar esto? Algunos lo llaman "indie", pero otros odian esa denominación porque "indie" parece referirse a una editorial no es propiedad de una malvada megaempresa internacional con niños chinos esclavizados para encuadernar ejemplar tras ejemplar. Piensa en ello como microedición. Eres tú, tu historia, y una vía para llegar al lector. Es más fácil y más difícil de lo que piensas. Es más fácil porque en el tiempo que te lleva mover tus intestinos, puedes subir algo, cualquier cosa, a Amazon y ponerlo en la cola de la biblioteca de Kindle. Es más difícil porque aquí estás, pensando que eres un escritor, cuando en realidad también eres editor con todas las cargas que ello conlleva. Pero si estás dispuesto a bailar para comer, puedes empezar más rápido que con la edición tradicional. Tal vez incluso ganes más dinero. Probablemente te respeten menos. Por ahora.

5. Me han dicho que te gusta por los dos lados.
¿Qué camino elegir? Eso queda entre tú y tus dioses herejes, pero si te suscribes a mi evangelio, vas a hacer ambas cosas. Uno por un lado, uno por otro. Auto-publica una cosa. Reserva otra cosa para la ruta tradicional. Parte del material simplemente no se vende bien a los editores, y eso es lo que distribuye uno mismo. Algunas cosas se preparan para el mercado más grande, y esa es la carne que va a los perros más grandes. Lo bueno aquí es que las editoriales ya no son a prueba de balas y la microedición ya no es un nido de vello púbico enredado, alojado en el desagüe del baño. Ambos son caminos legítimos. Así que camina tanto por una vía como por la otra, para aprovechar las ventajas de cada una. Este es el camino del autor "híbrido".

6. Desconfía de los integristas radicales.
Algunos te dirán que la edición tradicional es para imbéciles. Otros te dirán que la auto-publicación es para personas sin talento. Eso es incorrecto en ambos casos. Nunca juzgues a otro por elegir una vía de publicación u otra. Los escritores son parte de un ecosistema, y ​​la diversidad es una característica, no un error. Si te encuentras con un fanático, márcalo con un hierro candente, arrójalo de una patada por las escaleras, enciérralo en el sótano y déjalo morir devorado por las ratas.

7. La mierda flota.
La auto-publicación implica un flujo de material nuevo continuo en el mercado. La mierda flota. Sé del caso de un libro auto-publicado, un pedazo de mierda certificable con seis evaluaciones —todas notas de una estrella— que se mantuvo en el top ten de horror de Amazon una semana entera. A los autopublicados no les gusta admitir que esto es cierto. Pero a los editores tradicionales no les gusta admitir que esto también es cierto sobre ellos —recordemos que publicaron un libro de Belén Esteban, lo cual es como dejar que un chimpancé bebé enseñe a una clase de primaria, o dejar a un troll de las cavernas al cuidado de tus hijos. Cualquiera que sea el caso, la mierda flota en todas partes. La auto-publicación. La publicación tradicional. La televisión. El cine —¿Cuánto lleva recaudado en taquilla la franquicia de Transformers? Exacto. Que algo tenga éxito no significa que sea bueno. Tu trabajo como escritor es ser bueno y tener éxito.

8. La representación y los avatares.
La publicación es un trabajo en equipo. Necesitas editores. Quieres un agente. Puedes hacerlo sin un agente, seguro. También puedes vender tu casa por internet, conducir sin el cinturón de seguridad puesto, y hacerle el amor a un centauro sin llevar casco. Un agente puede ayudar incluso al autor autopublicado —después de todo, ciertos derechos son universales. Además tienes el derecho a la fiesta. Nadie puede quitarte eso.

9. Los porteros de discoteca también tienen corazón.
No odies a los porteros. Incluso en el mundo de la publicación tradicional, por lo general la mayoría tienen un mínimo de moral. Los lectores quieren calidad, no un cocido de mierda narcisista. Siempre puedes poner tus propios porteros en su lugar: alguien que pondrá a prueba el trabajo y se asegure de que vale la pena publicarlo —y si no vale la pena publicarlo, arréglalo o envíalo a tomar por culo.

10. Si te joden, es por tu propia culpa, imbécil.
¿Ves este frasco? Contiene abejas. Pero lo he marcado con una etiqueta que pone "dinero gratis." Tienes razón, no hay dinero dentro. Es sólo un frasco de abejas. Pero si aun así eres lo bastante tonto como para meter la mano pensando que sacaras un fajo de billetes huérfanos, acabarás picado igual. Porque eres gilipollas. En la publicación, si te la clavan, es por tu culpa. Búscate un agente. Manager. Abogado. Alguien que sepa leer contratos.

11. No temas a los resúmenes.
Enviar un manuscrito a una editorial puede ser un suplicio. Practica el escribir sinopsis. Aprende a resumir su trabajo en una sola frase, un párrafo, o tres párrafos. Debes ser capaz de explicar el argumento, pero también el tema de tu obra. Los agentes y los editores quieren saber por qué lo que has escrito es impresionante, no por qué es como todo lo demás.

12. Tu estado habitual es de rechazo.
Vas a tener una gran cantidad de rechazo. De los agentes, de las editoriales. Es parte del trato. El rechazo es bueno. Trátalo como cicatrices de guerra, pruebas de que peleaste hasta el final y que no solo te measte en los pantalones en la retaguardia. Mis libro Blackbirds tuvo suerte de ser aceptado por un agente en tan solo un mes, pero no antes de recibir un puñado de rechazos y un montón de desdén. Luego tomó un año y medio para ser publicado. Decenas de rechazos. Todos ellos flechas a mi corazón. Pero donde cada flecha se clava, en el corazón, nuevo tejido se crea y se hace más duro como resultado.

13. Tu mejor apuesta es un libro que no apeste.
Todo el mundo tiene consejos y trucos para que te publiquen. Es lo que ya sabes. Buen marketing. Obtener un agente de primera. Consumir el corazón de una cabra muerta en un círculo ritual. No obstante, la mejor oportunidad que tendrás es escribir algo que no sólo no sea una mierda apestosa, sino que sea realmente bueno. Imagínate.

14. Aun así, un buen libro no es suficiente.
Sería un ingenuo —un robot que rocía vinagre y agua— si me sentara aquí y te dijera, "Lo único que necesitas es un gran libro. Escríbelo y el hada editorial vendrá y espolvoreará su magia por todas partes.’’ Tienes que saber cómo comercializar el libro. Cómo ponerlo ahí. Cómo conseguir que los agentes, editores y lectores lo lean.

15. Taxonomía.
Tú no debes preocuparte por el género, pero la industria editorial lo hace. Quieren saber a qué estantería pertenece y bajo qué categoría de Amazon ponerlo. Así que eso significa que necesitas saberlo tú también. Aunque, permíteme ser claro: esto no es una ecuación exacta. Los márgenes no están bien definidos. Sé de muchos autores cuyos libros eran una cosa, pero luego fueron etiquetados como algo totalmente diferente para fines de marketing. Simplemente aprieta el culo y hazlo. No te asustes.

16. Nunca pagues por publicar.
El viejo dicho es: "el dinero fluye hacia el escritor, no lejos del escritor." Esto sigue siendo cierto, aunque la auto-publicación ha complicado esta máxima. En la coedición, es posible que tengas que poner capital, pagar por la portada de un libro, o la maquetación. Pero eso no es pagar por ser publicado. No estás poniendo dinero en efectivo en las manos de algún charlatán. Estás gastando dinero en el libro con el fin de que esté listo para su publicación. Sigues siendo quien lo pone en el escaparate. Y el dinero todavía debe fluir hacia ti, una vez que eso pase. Si no eres más que un escritor, el dinero fluye hacia ti. Si eres además el editor, también te gastarás dinero.

17. Tíos con armas grandes, tías con espadas sexis
Si eres un autor de fantasía publicado tradicionalmente, tienes una posibilidad del 17 por ciento de acabar con una portada con algún machorro hipermusculado sosteniendo un arma enorme, o alguna tía buena sosteniendo una espada. O tal vez un hacha de guerra. Ella probablemente estará de espaldas y mostrando una, tal vez las dos nalgas. Probablemente esas nalgas estén enfundadas en pantalones muy ajustados. Tu libro puede ser retitulado por alguna memez del estilo de ‘La zorra diabólica’ o ‘La era del acero’. Es por eso que luchamos por mejores portadas y los derechos de género en la escritura y la edición.

18. Las tendencias se mueven más rápido que tú, así que a correr en dirección contraria.
¿Sabes lo que está de moda en este momento? Strippers steampunk. ¿Ya sabes lo que va a estar de moda la semana que viene? Epistolarios ocultos. ¿La semana después de eso? Dinoporno. No sabes lo que va a estar de moda en el momento de terminar un libro y conseguir una editorial y que esta lo publique. Así que acaba de escribir lo que quieras escribir, y que sea el mejor puto libro que se haya escrito jamás.

19. ¡Sí, es un calcetín lleno de monedas, perra! ¡Woo!
Lo que estoy diciendo es, no te vas a hacer de oro en el mundo editorial. Pero puedes aspirar a una vida honrada. Incluso alimentar a tus niños. Pagar tu hipoteca. Mientras estés dispuesto a escribir como si tuvieras los dedos en llamas. Si piensas que puedes vivir de escribir un libro al año, o cada tres años, entonces es que te crees que tu nombre rima con KJ Rodriwling. Y apuesto a que no es así.

20. Las tierras medias.
Un autor con ventas medias no es nada desdeñable. Puede que no sean los más vendidos, pero justifican su existencia. Vender de forma estable es un signo de un autor trabajador. Un autor que asoma la cabeza. Respeto.

21. Se trata de ser flexible.
Los editores pequeños no necesariamente se mueven más rápido que los grandes editores —pero pueden adaptarse en menos que canta un gallo. De la misma forma que un barco pequeño puede navegar en círculos alrededor de un barco de vapor. Esto es digno de consideración. Por supuesto, algunas editoriales pequeñas no tienen la infraestructura o el flujo de caja para mantener el barco a flote. Esto también vale la pena considerarlo.

22. Publicar es sólo el principio.
Te publican un libro, pero todo no acaba ahí. Te quedan más libros por escribir. Promoción que hacer. Entrevistas. Firmas de libros. Esto es sólo el comienzo. Es algo bueno, sin embargo. Asegúrate de que haces algo más que sentarte en tu cueva y sangrar palabras a través de los ojos. Dicho esto, todavía tienes que volver a esa cueva y picar más palabras en la piedra. De lo contrario, ¿quién eres?

23. Si miras demasiado tiempo al abismo de la publicación, el abismo de la publicación te meará en el ojo.
La industria editorial es el ojo de fuego de Sauron, la boca de arena del pozo Sarlacc. Si te la quedas mirando o te acercas demasiado, te atrapará. Al final del día, tu trabajo es no ser distraído por la industria, ya que empezará a devorarte el alma. Tu identificador primario sigue siendo narrar, así que eso es lo que debes hacer.

24. Lo que estoy tratando de decir es, cállate de una puta vez y escribe.
Tu trabajo es escribir. Escribe como si no te importara una mierda la industria editorial. Escribe —escribe como si no hubiera un mañana— y hallarás el éxito. Ama lo que escribes y escribe lo que amas, y descubrirás que las palabras vienen fácil y la historia se muestra clara. No te preocupes tanto con publicar. Preocúpate de escribir. La otra parte vendrá después, pero por dios, escribir tiene que ser lo primero.

25. Ah, y una última cosa: nunca te rindas.
Publicar no sucederá de un día para otro. La auto-publicación podría —pero probablemente no debería— ser más rápida, pero las ventas épicas que estás buscando no suceden así como así. Abraza la paciencia, la perseverancia, el déjate-el-culo-ncia. Hay que tener una cabeza como una bola de demolición, un espíritu como uno de esos maniquíes inflables a los que se dan puñetazos y siempre se vuelven a poner en pie. Esto requiere tiempo. Historias que deben encontrar el hogar adecuado, la audiencia correcta. Quédate con eso. Empuja como si estuvieras cagando. Dejar de fumar es para pandas tristes. Y este frasco de abejas es solo para rajados.

La era de los superhéroes



Hará un par de semanas se estrenó en España una pequeña película independiente que tal vez se os haya pasado por alto, de estas de arte y ensayo que apenas duran un par de semanas en cartelera y que casi no reciben la atención de los espectadores y la prensa especializada; Los Vengadores 2: La era de Ultrón. Seguramente no habréis leído a nadie NAAAAAAAADIE mencionarla en las redes sociales, y mucho menos dando su valoración personal de la peli. Pero lejos del contenido fílmico de este tipo de cine, existe un fenómeno subyacente que parece ser ya imparable en nuestra sociedad; los superhéroes son una nueva forma de mitología universal.


Desde que Marvel decidiera tomar las riendas sobre las adaptaciones cinematográficas de sus propiedades intelectuales al menos de aquellas que no tenía ya comprometidas hace diez años, hemos sido bombardeados con nada más y nada menos que 20 horas de películas y tres series de televisión, todas estrenadas con un éxito tal solo El increíble Hulk se puede señalar como un semi-fracaso a nivel económico, y solo porque en comparación con las demás no reportó unos beneficios relevantes que Marvel ha pasado de estar prácticamente en la bancarrota a ser comprada por Disney por un megaporrillón de dólares cifra real de la operación, y si no os lo creéis buscadlo panda de vagos. La representación de la figura del superhéroe dentro de la cultura popular se ha vuelto casi omnipresente, inculcados en el subconsciente público bajo filosofías tan viejas como el género mismo.

 

El fenómeno es tal y parece tan lejos de aflojar como suele suceder con todas las modas en el arte, que hasta DC se ha sumado al carro y está a punto de desatar su propio universo fílmico —eso sí, los muy cabrones parecen incapaces de hacer una peli sobre solo un personaje, llevando al extremo el dicho americano the bigger the better. En un par de años podemos encontrarnos con tres o cuatro pelis de superhéroes estrenándose anualmente. ¿Sobresaturación? Sí, pero cuando el público responde convirtiendo estas producciones en las más taquilleras año tras año, tu responsabilidad como productor de Jolibú no es otra es darle más y más y más y azotar a los espectadores con tu polla en la cara y… bueno, pues eso, que hay muchas. La popularidad de los superhéroes de cómic no es nada nuevo, de hecho se han convertido en algunos de los personajes más relevantes de la ficción en el último medio siglo, hasta el punto de trascender el medio en el que nacieron para ser ya parte de la cultura popular. Superman, Batman, X-men, Spiderman, Wonder Woman, Ironman, Hulk, Thor, Aquaman,… todos ellos responden a arquetipos de varios aspectos del ser humano, con sus claros y sus sombras. Ahí reside su fuerza y la conexión salvaje que han establecido con lectores y espectadores de todos los rincones del globo; los superhéroes son reconocibles hasta por aquellos que nos han tocado un comic en su vida —seguramente demasiado ocupados tocando teta. Así que podríamos decir que vivimos en la era de los superhéroes. ¿Exagerado, me llamáis? Los cojones, grito yo en respuesta.

Plantearos lo siguiente, ¿cuantas veces os habéis cruzados por la calle con alguien que llevaba una camiseta de Superman, de Batman, de Capitán América…? joder, si lo más probable es que vosotros tengáis una en el armario —yo tengo una de Superman y me queda mejor que a vosotros. Son un elemento tan establecido de la cultura occidental como las obras de Shakespeare o Cervantes, y mueven tantos miles de millones que llamar a alguien friki por leer comics ha perdido todo el sentido. ¡Friki tú, que tienes novia y trabajo! Todos sabemos quién es Batman —¡¡¡BRUCE WAYNE!!! Shhhhhh, es un secreto—, del mismo modo que reconocemos a personajes ficticios como el Quijote, Aquiles, Hamlet, Frankenstein, el jodido Rey Arturo, Ulises y Hércules sin necesidad de haber leído las obras o mitos en los que nacieron. Todos ellos se han convertido en parte del lenguaje común que todos compartimos, independientemente de nuestro background cultural o lugar de origen. Los mensajes grabados en sus historias son lo bastante poderosos como para haber vivido miles de años pasando de generación en generación. Ellos son nuestros modelos a seguir, nos enseñan la diferencia entre el bien y el mal, a amar y a lidiar con emociones que no somos capaces de entender, y todo esto a pesar de ser personajes de ficción, es decir, que no existen en la vida real —lo siento niños, pero Ironman son los padres.

¿Cuál es el ingrediente secreto que mantiene a los superhéroes y a su narrativa en la cumbre de la cultura popular? ¿Qué valores transmiten y qué reflexiones nos inspiran sobre nuestra sociedad? A diferencia de la mayoría de obras de ficción, los cómics de superhéroes siguen siendo publicados cada año, reformulados y readaptados a cada nueva realidad. Nuestros superhéroes cambian de sexo, de raza, salen del armario y se enfrentan a problemas mundanos al mismo tiempo que lidian con situaciones fantásticas. De una forma orgánica se han acabado convirtiendo en una mitología universal que abarca más fieles que muchas de las religiones mayoritarias del planeta. Y no, no estoy sugiriendo que alabemos a Hulk como nuestro nuevo mesías —aunque deberíamos. La mitología está muchas veces ligada a la antigüedad y parece que carezca de relevancia en las sociedades modernas, pero lo cierto es que cada época y cada cultura crea sus propios mitos y los transmite de manera transversal. Los superhéroes cumplen una función muy similar a la que cumplían los mitos clásicos. Las figuras heroicas de la mitología clásica servían como paradigmas tanto de fuerza física como de integridad moral, su existencia se debía al deseo de entretenimiento, de disfrutar de los cuentos que estos héroes protagonizan, pero a la vez servían un propósito social. Jerry Siegel, creador de Superman, reconocía abiertamente como la inspiración para el personaje le surgió de figuras como Hércules o Sansón.

Si le arrancamos el revestimiento religioso a los mitos clásicos, lo que nos queda es un mecanismo cultural para transmitir valores y formas aceptables de comportamiento social. Ese es el papel de los superhéroes en nuestro mundo, su popularidad los ha convertido en una de las muchas herramientas que tanto como individuos como colectivo empleamos para analizar los valores morales que nos unen, y construyen los ideales a los que aspiramos muchas veces sin ser conscientes de ello. La conexión entre mitología y superhéroes supera en muchas ocasiones la referencia explícita, como puede ser en el caso de Thor, las dos constituyen formas de un mismo discurso universal que trasciende el tiempo y el espacio. Poseen características similares, creando y expandiendo una categoría de personaje de ficción independiente dentro de la tradición occidental.

Así que si sois de los pocos que todavía no habéis visto Los Vengadores 2 y que por lo tanto no habéis tenido la oportunidad de compartir vuestra opinión sobre la peli en las redes sociales —por el amor de dios, ¿por qué todos estáis dando la brasa con vuestra lectura de la peli?—, id a verla, sentaos en vuestra butaca y contemplad a los seres humanos que os acompañarán durante las dos horas de disfrute que os esperan. Ellos comparten con vosotros mucho más de lo que las apariencias puedan sugerir.

Ser escritor es como tener deberes cada noche para el resto de tu vida.


La frase la dijo en su día Lawrence Kasdan, co-guionista de películas como En busca del arca perdida, El imperio contraataca y El retorno del Jedi. Últimamente he estado pensando en el sentido de esta frase y en qué hace que un escritor sea bueno en el sentido más amplio de la palabra. Creo que se requiere un conjunto de habilidades. No basta con ser bueno con el lenguaje, también tienes que dominar la construcción de historias y la narración. Necesitas ser capaz de crear personajes con los que el público pueda empatizar, erigir mundos complejos y escribir diálogos con voz propia. Es muy difícil encontrar autores que dominen todos los aspectos de la narrativa a la perfección, siempre hay algún elemento en el que cualquier autor, incluso los profesionales, flojea. La conclusión a la que he llegado en base a lo poco o mucho que he leído a lo largo de mi vida, a escribir y frustrarme mucho es que escribir es una de esas actividades en las que uno no deja de aprender y mejorar durante años y años. 

Cuando leo textos míos de hace un par de años, antes de apuntarme al taller de escritura de l’Escola de lletres de Tarragona o embarcarme en el proyecto de Sueños de acero fundido, me doy cuenta de lo mucho que he mejorado y de lo poco consciente que soy de ello. Y aun así, sé que apenas he empezado a dar un par de pasos temblorosos en este mundillo. Todavía soy víctima de los días en que todo lo que escribo me parece haber salido del esfínter de un vagabundo; apesta y tiene poca consistencia. Por curioso que resulte, son esos días los que me motivan más para escribir. Saber que no eres perfecto en algo que haces representa un reto y te empuja a crecer. Soy un vago redomado, así que si algo es fácil o no supone ningún reto, lo acabo posponiendo en favor de tirarme en el sofá a ver un capítulo de Juego de Tronos.

Mi primera novela, Pandora despierta, supuso una prueba de fe. Demostrarme a mí mismo que podía sentarme a escribir, empezar una novela y terminarla. Cuando trabajas un cierto tiempo en algo, es fácil que acabes dándote de cabezazos contra el teclado, sobre todo porque lo más normal es que, a la vez que escribes, leas también el trabajo de otros autores mejores que tú. La duda siempre se cierne sobre uno y muchos acaban tirando la toalla y dejando manuscrito tras manuscrito sin terminar. Pero leer una buena novela es también fuente de motivación. El mundo está plagado de buenos libros, obras que tratan los mismos temas que tú quieres plasmar en tus textos y lo hacen maravillosamente bien. Así que si quieres que tu obra llame la atención de la gente, que te lean, más te vale dejarte el culo en ello. El deseo de mejorar es una parte esencial en esto de juntar letras, si crees que puedes sobrevivir escribiendo el mismo libro una y otra y otra vez… bueno, hay gente que le funciona, pero estás jodido si crees que eres EL ELEGIDO. 

Desde que sigo el mundillo de las letras he apreciado que existen dos fenómenos bastante recurrentes entre los autores. El primero es el del autor que publica su primera novela esperando que el mundo se renda a su innegable talento natural. Hay un 1% de autores que logran el ansiado éxito con su primera novela, así que, por pura estadística tú y yo pertenecemos con toda probabilidad al 99% restante. El segundo fenómeno es el del autor que a partir de su quinta novela parece quedarse estancado y simplemente deja de ofrecer nada nuevo a sus lectores. En los dos casos, al tener que afrontar la realidad, uno puede acabar tan frustrado como para clamar a los cuatro vientos (es decir, a través de Facebook) ‘’joderos todos si no me leéis, panda de analfabetos’’. Estos dos caminos son tan validos como cualquier otro, la verdad, si funciona para ti adelante. Pero yo no aspiro a seguir ninguno de los dos. No quiero escribir un libro genial y que el mundo se rinda ante mi talento, lo que quiero es escribir veinte libros buenos. Mi esperanza es que cada libro mío que salga al mundo sea mejor que el anterior y peor que el siguiente, mejorar mi destreza y con un poco de suerte conseguir que los lectores me acompañen en el viaje. 

Me he metido en esto para crecer como escritor. Quiero ser jodidamente bueno y para ello sé que tengo que trabajar duro y durante mucho tiempo. En mi caso, yo no tengo el talento natural de algunos, así que tengo que trabajar mucho más duro por lograr mis objetivos. De eso trata aprender, es el largo proceso de desentrañar los misterios de una actividad, ya sea la escritura o la cocina, de verla desde cuantos más puntos de vista mejor, y luego meterse en el fango y ponerse a ello. La práctica es mucho más importante para un escritor que el simple talento. No todos podemos tener un éxito nada más empezar y, honestamente, estoy agradecido por ello. He aceptado que nunca dejaré de aprender, que cada libro será un nuevo reto, no por el simple hecho de escribirlo, sino de mejorar cada una de sus partes. Es una tarea sin final. Que a la gente le haya gustado tu último libro no significa que vayas a escribir libros que la gente quiera leer siempre. Lo que era suficiente para tu último libro, puede que no baste para el siguiente, o el que escribas dentro de cinco o diez o veinte años. 

La escritura es un proceso constante. Quiero escribir libros que la gente disfrute, que les haga girar página tras página sin pensar en nada más que en lo que leen, que recomienden a sus amigos una vez terminados. Para poder hacerlo tengo que trabajar, no solo en lo que estoy escribiendo ahora mismo, sino en lo que vendrá después. No hay una cima a la que llegar, ningún éxito que signifique que ya lo has logrado, solo existe la escalada. 

Estás solo tú y tu próximo relato, la próxima novela.




Cosas que estoy leyendo (y por qué deberíais echarles un ojo)

Empiezo esto para compartir aquellos libros que me tienen atrapado, y antes de nada debo hacer una pequeña aclaración. Me licencié en filología inglesa y completé mis estudios con un máster en Construcción y representación de identidades culturales, con especialidad en estudios ingleses (sí, soy así de gilipollas). ¿Por qué os digo esto? ¿Acaso estoy buscando curro? La verdad es que sí, pero eso no es relevante para lo que nos concierne aquí. Lo que quiero decir con esto es que durante muchos años me he hartado a leer en inglés, muchas veces por obligación y cada vez más por propia elección. Así que muchas de las lecturas que compartiré aquí puede que no estén traducidas al español todavía (si lo están lo especificaré señalando la editorial). Os recomiendo, además, que si sois de esa fracción de gente en este país que durante mucho tiempo le ha dado vueltas a lo de aprender inglés, pero que nunca se ha acabado de decidir a dedicarle el tiempo y esfuerzo necesarios por las circunstancias que sean, que os pongáis a ello aunque solo sea por estos tres motivos.

1) No todas las obras que se traducen al español son lo mejorcito que se publica en sus respectivos países de origen. Las editoriales españolas no pueden traducir todas las grandes novelas que se publican en el mundo durante un año, y muchas veces ni siquiera pueden pagar los derechos para hacerlo y acaban traduciendo novelas bastante malas, pero con unos derechos más baratos de adquirir. No dejéis que sus limitaciones se conviertan en las vuestras. Expandid vuestras mentes pequeños saltamontes.

2) Los libros os saldrán mucho más baratos. Soy catalán, sé de lo que hablo. ¿Que George R.R. Martin y su saga sobre caballeros, dragones, zomb... digo Caminantes blancos, incesto y tetas os tiene enganchados? Id reuniendo la pasta, hablad con vuestro banco, porque la editorial española que tiene los derechos vende cada libro en torno a los 30 pavos. ¿En su idioma original? En dos días podéis tener en vuestra puerta los 5 libros por 35 €. Haced números... en serio, ya he dicho que soy de letras, haced vosotros los números.

3) Si sois como yo y os gustan géneros como la ciencia ficción, la fantasía y el terror, poder leer en inglés os abrirá un orgasmático mundo de posibilidades. Es como si a un adolescente que ha pasado sus años de juventud solo teniendo acceso a las revistas para adultos le pusieras conexión de banda ancha en casa y un Mac en su dormitorio. No señora, su hijo no ha muerto. Esos gemidos que lleva escuchando una semana provenientes de su habitación no son de agonía.

Dicho esto, al lío.

God's War, de Kameron Hurley.

A parte de tener uno de los blogs literarios más interesantes que he visto, Kameron Hurley lleva ya unos años sacando libros de fantasía y ciencia ficción muy potentes y premiados en EEUU. God's War es la primera entrega de su trilogía Bel Dame Apocrypha. Es una novela plagada de acción que combina ingredientes de la ciencia ficción y de la fantasía, en un mundo en guerra lleno de facciones enfrentadas, mercenarios, magos y alienígenas. La ambientación resultará familiar a los fans de este tipo de novela, pero los personajes y sus interacciones son muy frescas. Su protagonista, Nyx, es una mujer que bebe whisky, se tira a todo lo que le apetece, patea culos cuando hace falta y no se justifica ente nadie. Es la clase de personaje femenino que se echa en falta hoy en día entre tanta adolescente hiperhormonada. 


The Kick-Ass Writer: 1001 Ways to Write Great Fiction, Get Published, and Earn Your Audience, de Chuck Wendig


Este es un libro para aquellos de vosotros que queráis ser escribidores. Conocí a Chuck Wendig cuando se anunció que escribiría una de las nuevas novelas de Star Wars (esas que está sacando Disney, pasándose por el escroto el canon anterior, para exprimir a la gallina de los huevos de oro). No soy muy partidario de los manuales de escritura. La mayoría son una sarta de gilipolleces. Tampoco hago mucho caso a los gurus literarios que corren por las redes sociales afirmando estar en posesión de los secretos milenarios que te permitirán ser un autor de best-seller. Un pequeño consejo. Todos aquellos que afirman saber como andar el camino, raramente lo han andado calzando tus zapatos. Lo que funciona para ellos, no tiene porque funcionarte a ti (y a bien seguro no lo hará). El único camino es escribir. Dicho esto, este libro no es un manual lleno de ''haz esto'' y ''no hagas lo otro''. Está escrito con mucho humor y habla sobre aspectos de la técnica, pero también del acto de escribir y todo lo que lo rodea. Chuck Wendig es un tipo majete al que seguir, lo que nos lleva a...





Blackbirds, de Chuck Wendig

Se ve que el señor Wendig ha estado muy ocupado ESCRIBIENDO. Tienes una bibliografía variada y amplia (joder, la cantidad de cosas que ha hecho el hombre). Me decidí a leer esta novela (parte de una saga todavía en marcha, sobre Miriam Black) por la portada. Me llamó la atención y en ello estoy. La protagonista puede ver cuando morirá la gente, pero no puede hacer nada para evitarlo. La muerte es así de puta. Pero cuando Louis se cruza en su camino, Miriam ve a Louis morir gritando su nombre y tiene la certeza de que ella será la siguiente. Así que, aun sabiendo que no hay nada que pueda hacer, deberá intentar salvarle la vida a Louis para salvarse a sí misma. Esta premisa puede ser más o menos atractiva, pero la forma de escribir de este señor se hace tan amena que giras página tras página sin ni darte cuenta. Blackbirds es una fantasía urbana revestida de thriller y poblada por estafadores, narcotraficantes y asesinos psicóticos. Bon appetit.

The Ghost Brigades, de John Scalzi 
Soy un enamorado de John Scalzi. Redshirts la disfruté como un enano y la saga de Old Man's War (traducida al español por La vieja guardia y editada por Minotauro) es de esas obras hechas para el disfrute del lector. Se trata de ciencia ficción militar, donde soldados son clonados y diseñados para combatir en una guerra contra varias razas alienígenas que amenazan a la humanidad. Lo que la hace interesante es como logra mantener la tensión durante todo el libro y que a la vez es una lectura bastante ágil. El humor está presente y es capaz de arrancarte más de una sonrisa mientras lees, y sin embargo también hay momentos sombríos y trata conceptos más trascendentes de lo que parece a simple vista.