¿Látigos laser o arrumacos intergalácticos? Ciencia ficción dura Vs. Ciencia ficción blanda.



Los límites que definen los géneros de la ficción siempre han sido motivo de debate, tanto en el entorno académico como en los círculos más ‘profanos’. Pero seguramente no haya género en la faz de la tierra que cree tanto debate en torno a la definición de sus bases como la ciencia ficción. Y es que la gente no ha dejado de discutir sobre cuál es la ciencia ficción ‘pura’ o ‘buena’ desde sus inicios, surgiendo varias voces clamando al cielo que la ciencia ficción dura, como el sexo, debe ser la fe verdadera del fan. ¿Pero hasta qué punto es esta afirmación correcta? ¿No queda nada de amor para la ciencia ficción blanda?

Empecemos por el principio. Como todo gran género literario o cinematográfico, la ciencia ficción ha dado lugar a una extensa variedad de subgéneros cuyas fronteras no solo son borrosas entre sí, sino que también son lo bastante porosas como para dejar entrar elementos de otras tradiciones. Así, siempre acorde a conceptos temáticos, dentro del amplio paraguas que es la ciencia ficción encontramos historias de biopunk, apocalípticas y post-apocalípticas, de ciencia ficción militar, la colonización espacial, el space opera, el Steampunk, la robótica, el retrofuturismo, las ucronías, los viajes en el tiempo… Evidentemente todos ellos interactúan y se entremezclan para crear historias, como sucede en cualquier otro género de ficción. Sin embargo, hay una diferenciación que lleva de cabeza a muchos aficionados y es el origen de discusiones airadas. ¿Cómo de importante es la ciencia en la ciencia ficción?


Evidentemente es muy importante. Al fin y al cabo forma parte del nombre del género mismo. Y sin embargo, encontramos una división mucho más amplia entre lo que se considera ciencia ficción dura y ciencia ficción blanda. Según la Encyclopedia of Science Fiction, las historias englobadas bajo la primera categoría se centran en un principio científico o un problema bien definido—por ejemplo, historias realistas sobre viajes espaciales o el desarrollo de nuevas tecnologías—, mientras que la ciencia ficción blanda se caracteriza por un contenido más especulativo, que no implica principios de la física o de otros elementos de la ciencia real. Así, la ciencia ficción dura tiene la ciencia o la tecnología como eje central en su trama, y todo en ella se explica, se razona y es completamente plausible según las leyes de la física imperantes. Implica asimismo que no pueden existir en su trama elementos mágicos o sobrenaturales —y sí, esto también incluye a las alienígenas macizas que el capitán Kirk se cepillaba en los viajes de la nave estelar Enterprise—. En contraposición, la ciencia ficción blanda es científicamente menos exacta, por así decirlo. La ciencia o la tecnología empeladas no se explican en detalle, las naves estelares funcionan con motores de curvatura impulsados por cristales de energía y se encienden y se apagan simplemente con accionar un botón o palanquita siempre bien señalizados; On/Off. Incluso suelen emplearse aspectos más propios de la magia que de la ciencia, o elementos sobrenaturales, o se utiliza ciencia imaginaria y tecnología que es simplemente imposible dadas las leyes científicas. En estas el enfoque de las historias reside en los personajes y como el contexto scifi les afecta a ellos y a sus interacciones.

En general se acepta que estas dos grandes familias forman parte de la categoría 'ciencia ficción' al mismo nivel, y que su distinción, lejos de ser fija, se trata de una escala móvil, aunque a veces los términos duro o blando significan lo que la gente quiera que signifiquen, y raramente se ve mucho consenso. La teoría está muy bien, es limpia y justa. Sin embargo, como se puede ver en foros y redes sociales, no es siempre así cómo los aficionados emplean la distinción. Los problemas surgen a la hora de discernir los méritos de una u otra. Muchos fans de la ciencia ficción dura o gente profana al género mismo catalogan toda obra cuyas bases científicas no son plausibles y están poco razonadas como fantasía, empleando el término a veces de forma despectiva. Cuando alguien afirma que determinada película o novela de ciencia ficción blanda es pura fantasía, lo que quieren decir es que el elemento especulativo es tan poco realista que no es más que magia travestida de tecnología. Esta afirmación no solo trata de estrechar y limitar absurdamente la definición misma de la ciencia ficción, sino que además es una muestra de ignorancia supina al despreciar un género como el fantástico que, lejos de tratar solamente sobre elfos, magos y dragones, sirve de marco para analizar nuestra sociedad, la religión, la condición del hombre, las emociones humanas… exactamente igual que cualquier otro género. Puede ser que esto se deba a una sobrecompensación intelectual que impulsa a determinadas personas a creer que existe un tipo de scifi mejor que otro, más puro, en base a la veracidad del contenido científico de la obra, o simplemente tratan de encumbrar a sus libros y películas favoritos


Reducir décadas de tradición, a las miles de obras y a los grandes autores que han trabajado el género y lo han expandido hasta lo que es hoy en día, a la simplista fórmula matemática dura=realista=buena / blanda=irreal=mala es un atentado contra el buen gusto. Algunas de las obras cumbre de la ciencia ficción, alabadas por los propios fans, beben más de la ciencia ficción fantástica que de los principios de la ciencia ficción dura. Star Trek, sin ir más lejos, se sirve de la tecnología y de la ciencia de una forma muy liberal —en especial en su representación de la vida alienígena y la carencia de enfermedades venéreas en el espacio— para crear un universo complejo lleno de personajes cuya psicología es tanto o más relevante que la física. A veces la fidelidad científica es obviada con la excusa de tratarse de una historia realista a nivel social. ¿La ciencia en Star Trek es el mayor atractivo para el espectador, o lo son los personajes y las situaciones en las que se encuentran? En muchos casos la ciencia no es más que una excusa que permite a la narrativa construir su discurso. Tomemos el film Interestelar de Christopher Nolan, alabado por su fidelidad científica. Si bien es cierto que gran parte de la base científica de su argumento está sustentada en teorías aceptadas a día de hoy como plausibles, ¿cuál es el principio científico que permite al personaje de Matthew McConaughey sobrevivir dentro de un agujero negro sin la protección de una nave espacial? ¿Acaso ese final en el que conecta con su hija a través del tiempo y el espacio gracias al poder del amor —MUUUUUUUURPH!!!!!!— no es carne de fantasía? ¿Debemos pues dejar de considerarla ciencia ficción por las libertades que se toma en su tramo final? Si echamos la vista atrás hacia los autores clásicos del género, nos encontramos con obras como Ubik de Philip K. Dick, Dune de Frank Herbert o Farenheit 451 de Ray Bradbury, que si nos tuviéramos que guiar por su rigor científico no podrían ser nunca consideradas obras de ciencia ficción. La precisión científica no tiene nada que ver con las distinciones del género. En el fondo, encontrar agujeros técnicos en historias de ciencia ficción, incluso en las de aquellos autores reconocidos como 'hard', es una tarea fácil y en gran medida inútil. Casi todos los libros de ciencia ficción que leemos y todos los films que vemos contienen errores o ciencia inventada que contradice lo que se sabe hoy en día. No tiene sentido restringir la definición de scifi estrictamente hasta el punto que la categoría misma se vuelva vacía.

La Guerra de las Galaxias es otra fuente de polémica. Muchos puristas la descartan rápidamente como fantasía. ¿Y por qué no deberían? Es una historia en la que aparecen fantasmas y poderes sobrenaturales sin base científica alguna —no George, no nos tragamos lo de los midiclorianos. Y a pesar de todo, ¿no son los alienígenas, las naves espaciales y los viajes interestelares tres de los pilares sobre los que se sustenta una gran parte de las obras de ciencia ficción? Entonces, ¿es Star Wars ciencia ficción o fantasía? Sé que puede ser una respuesta poco comprometida, pero lo más probable es que sea un poco de ambas.


Decir que Star Wars es ciencia ficción y nada más es ignorar sus ingredientes más fantásticos, como la Fuerza que le otorga sus poderes a los caballeros Jedi. Pero a su vez calificarla meramente como fantasía es ignorar su contexto espacial. En verdad, gran parte de su narrativa trata sobre tecnología avanzada, androides, naves espaciales, armas láser… Resulta absurdo tratar de encajarla en una categoría absoluta cuando la mayoría de obras de ficción raramente encajan a la perfección en una sola categoría. En realidad, Star Wars es el ejemplo que muchas obras académicas sobre la ciencia ficción, como por ejemplo The Cambridge Companion to Science Fiction, utilizan para definir el space opera, un subgénero propio de la scifi. A diferencia de la ciencia ficción dura, la ciencia en el space opera no es LA TRAMA, sino que constituye el marco en el que se sitúa la acción. Pero esto no hace ni mucho menos que sus méritos sean menores para ser considerada parte de la gran y variada tradición de la ciencia ficción.

Al final, los fans de la ciencia ficción somos personas que disfrutamos de historias que exploran los límites de nuestra imaginación y a la vez nos plantean debates interesantes sobre lo posible. Nos permite reflexionar sobre nuestra realidad más inmediata, con la libertad que otorga el distanciamiento del futurismo. Tratar de encadenar este placer a las leyes de la física es tener muy poca imaginación.


¿Y vosotros que opináis, es todo esto una sarta de gilipolleces? ¿Os gusta vuestra ciencia ficción larga de ciencia o de ficción?


Sobre mechas y peinados, Barcelona-Madrid

El pasado día 10 de abril Sergio Pérez-Corvo, Jonathan Ponce de Haro y un servidor tuvimos la oportunidad de presentar la novela/antología/loqueseaquees SUEÑOS DE ACERO FUNDIDO en la librería Gigamesh. Absolutamente impresionante poder compartir la tarde con viejos y nuevos amigos en tal magno escenario. Primera presentación en la que tengo el honor de participar y no podría haberlo hecho en mejor compañía. Coincidimos con grandes de la literatura de género y general (si no lo son ya, lo serán porque tienen las pelotas necesarias para ello) como Ricard Millàs, Lluís Rueda y Lluís Salart, y el incombustible Víctor Cifu. Para quienes sientan curiosidad por saber qué se habló y si alguno se desmayó ante la presión, aquí os dejo el vídeo de la presentación.


El fin de semana siguiente viajamos a Madrid para pasearnos por el Festival de Fantasía de Fuenlabrada, ir al programa ''Hoy en Madrid fin de semana'' de Onda Madrid y presentar en el FNAC. Pasamos un finde muy divertido que recordaré durante mucho tiempo porque nos sirvió para conocernos en persona con muchos de los autores e ilustradores que han participado en el libro. 


El FFF era el primer sarao de este tipo al que iba (fuera de cosas más mainstream como el Festival de Sitges o el Salón del Manga de Barcelona) y aunque a diferencia de mi compadre Sergio no me esperaba mucho, resultó muy instructivo sobre el estado real del mundillo. Tuvimos tiempo de asistir a un taller impartido por los editores de Pulpture, que más que taller fue una de esas charlas de ''haced esto, no hagáis lo otro'' que tantas ganas dan de escribir (guiño, guiño). A continuación, sufrimos un panel/debate sobre ciencia ficción que dejó perlas del nivel de ''Star Wars no es ciencia ficción'' o ''Miss Agente especial es una peli chachi''. Estaría bien que a las actividades relacionas con estos eventos se llevara a gente interesada en hablar sobre el tema propuesto, que sientan verdadera pasión, y no solo 'figuras' más interesadas en lucir palmito ante el fandom que otra cosa. Y a pesar de todo (guiño, guiño), poder conocer a Juan de Dios Garduño y Ana Coto, autores y editores en Palabras de Agua, fue un autentico placer, aunque entre stand y churumbeles iban de un lado a otro sin parar. Mi más sincera admiración por su capacidad por hacer malabares entre la pasión por la literatura y la familia, yo me dejaría algún crío olvidado en la caja del Mercadona si tuviera que estar a tantas cosas.



En la radio nos lo pasamos de puta madre. Íbamos pensando que nos tendrían ahí cinco minutos para contar dos chorradas de nada y acabamos pasando dos horas de risas con la gente del programa. ¡Incluso nos dejaron hablar un poco del libro, fíjate! Y por la tarde del sábado 18 última parada en el FNAC. Presentar entre 8 personas no parecía nada fácil y se demostró que no lo era, pero salimos vivos y hasta se vendieron algunos libros, que siempre es buen síntoma. Aquí os dejo un corte con nuestras intervenciones en la radio.


En definitiva, una experiencia de la que he aprendido mucho. Con ganas de más.