Presentación SUEÑOS DE ACERO FUNDIDO


El viernes 10 de abril en GIGAMESH (Barcelona) a las 18:30
y
El sábado 18 de abril en el FNAC de la Castellana (Madrid) a las 19h



Snowpiercer (Bong Joon-ho, 2013)


Ficha artística
Título: Snowpiercer. País: Corea del sur. Año: 2013. Director: Bong Joon-ho. Guion: Bong Joon-ho y Kelly Masterson (basado en la novela gráfica Le Transperceneige de Jacques Lob, Benjamin Legrand, Jean-Marc Rochette. Fotografía: Hong Kyung-pyo. Música: Marco Beltrami. Reparto: Chris Evans (Curtis Everett), Song Kang-ho (Namgoong Minsu), Go Ah-sung (Yona), Jamie Bell (Edgar), John Hurt (Gilliam), Tilda Swinton (Mason), Octavia Spencer (Tanya), Ed Harris (Wilford), Ewen Bremner (Andrew) y Luke Pasqualino (Grey)

¿De qué va?
El mundo es un tren. En un futuro cercano, una crisis ecológica ha congelado el planeta, dejando a los supervivientes encerrados en un tren gigantesco en perpetuo viaje alrededor del mundo. Dentro del tren la sociedad se ha ordenado por clases, en relación directa al vagón que ocuparon cuando subieron a bordo. La elite ocupa los vagones delanteros de primera clase, mientras los pobres viajan en los sobrepoblados vagones de cola. Uno de estos últimos es Curtis, quien se prepara para liderar la enésima rebelión.


¿Qué tal es?
Snowpiercer, debut en inglés del genial director coreano Bong Joon-ho —Memories of Murder (2003), The Host (2006)—, es una de las películas de ciencia ficción más esperadas por los fans del género y no dejará a nadie frío. Con un presupuesto de 40 millones de dólares (la producción coreana más cara de la historia) y basada en una novela gráfica francesa de culto, Le Transperceneige, la película nos transporta a un futuro postapocalíptico causado por el intento fallido de revertir el calentamiento global, que acaba desatando una nueva edad de hielo. Los últimos despojos de la humanidad se reparten a lo largo (y no muy ancho) de un tren en infinito viaje. En un mundo claustrofóbico y sucio encontramos a nuestro héroe, el Capitán América, digo la Antorcha Humana, quiero decir Curtis (Chris Evans), uno de los pasajeros de segunda clase que viven oprimidos por los pasajeros de primera. La segregación en la que se organiza el tren, ideada por el propietario del mismo, Wilford (Ed Harris), es la fuente del conflicto principal de la película.

 

La historia va directa al grano desde el principio. Empezamos con la preparación de la rebelión por parte de Curtis y Edgar (Jamie ‘Billy Elliot’ Bell), hartos de que el cuerpo de seguridad los alimente con barritas energéticas, se lleve a sus niños y les ampute extremidades. La clave para poder llegar a la cabeza del tren y tomar el control del motor pasa por liberar a Nam —interpretado por un maravilloso Song Kang-ho, que deberías recordar, entre otras, de Thirst (2009, Park Chan-wook—, el drogadicto diseñador de los sistemas de cierre de las puertas que separan cada vagón. A ellos se une la hija de Nam (interpretada por Ko Ah-sung, quien también interpretaba al hija de Song Kang-ho en The Host), una yonki como su padre con la habilidad de percibir que se esconde detrás de cada puerta. A partir de ahí avanzamos con la rebelión a través del tren, descubriendo con cada nuevo vagón diferentes mundos y secretos terribles que harán que nos planteemos si existen realmente victimas en esta historia. Porque el argumento real de Snowpiercer no es otro que la capacidad del ser humano para putear al prójimo. Los rebeldes parecen luchar por la causa justa, la libertad y la igualdad, pero estos no son los héroes blancos que la narrativa suele vendernos en este tipo de producciones.

 

El punto de partida toca ciertos aspectos comunes en el cine distópico (sin ir más lejos, los fans de la saga Los juegos del hambre reconocerán el entorno familiar), pero el hecho de que la producción no sea americana y que no tenga como objetivo atraer al público adolescente a las salas nos regala algunos momentos realmente sangrientos y actuaciones más sólidas. Por ejemplo, y sin entrar en detalles, no hay que perderse por nada del mundo la batalla con hachas que se libra en uno de los vagones. Aun así, no es esta una película de acción al uso y la moral detrás de cada paso que dan los personajes es tanto o más importante que la acción que se muestra en pantalla. En este sentido, la buena mano de Bong Joon-Ho es la verdadera estrella de la película. En un panorama cinematográfico donde las campañas publicitarias se ponen en marcha antes incluso de que se ruede una sola escena, la figura del autor es cada vez más rara de ver fuera de producciones modestas. Por eso encontrarte un film de ciencia ficción ambicioso y tan bien rodado, tanto a nivel narrativo como en el aspecto visual, es de agradecer.

Todos los actores realizan un trabajo notable, desde Chris Evans como héroe lacónico, hasta Song Kang-ho. Pero sin duda los personajes más interesantes son los villanos de la historia, interpretados por una Tilda Swinton histriónica y Ed Harris. Suyos son los personajes con más profundidad de la película. Snowpiercer es una de las películas postapocalípticas más interesantes de los últimos años y con más lecturas políticas y sociales, a pesar de que a veces esa moralidad inherente al tema se vuelve demasiado evidente y, debido a eso, su mensaje pierde algo de fuerza. Esa obviedad temática, junto con algunos efectos generados por ordenador bastante flojos en comparación con el valor de producción del resto, son los puntos más flojos del film, aunque no restan ni mucho menos valor al conjunto en general. El tren sirve de metáfora perfecta para el mundo en el que vivimos hoy en día, donde el statu quo establecido en las sociedades modernas maltrata a los más desafortunados y alimenta rebeliones periódicas por todo el globo. La pregunta que nos plantea Snowpiercer es hasta qué punto, llegado el momento, se merece la raza humana sobrevivir a su propio afán autodestructivo.

 

En definitiva, estamos ante una obra de ciencia ficción provocativa e inteligente y que, a pesar de no contar con Sandra Bullock jugando al pinball entre estaciones espaciales, plantea preguntas y reflexiones que no dejaran indiferente a nadie. Todos los aspectos de la película están bien trabajados y su visionado es tan fluido que, sin tener un ritmo rápido de por sí, se siente ágil y nada pesado. Es además una película adulta en su tema y en como lo trata, sin imponerse limites por miedo a disgustar a determinada audiencia. Bong concede al espectador el respeto de considerarlo lo bastante inteligente por para saber leer entre líneas cuando es necesario. En resumen, una película que todo fan (y no fan) del género debería de ver a la mínima oportunidad.

 

Lo que más mola: el binomio creativo de Bong Joon-ho y Song Kang-ho está a la altura en su debut en una producción en inglés, y nos demuestran que el cine coreano es probablemente una de los más interesantes y modernas industrias del mundo, por delante de muchas cinematografías occidentales.

Lo que menos: que no llegará a nuestras pantallas hasta mayo, una auténtica lástima tener que esperar tanto para ver una película muy superior a la mayoría de títulos que pueblan la cartelera española.

Valoración: 5/5


The Last Days on Mars (Ruairi Robinson, 2013)


 

Ficha artística
Título: The Last Days on Mars. País: Reino Unido e Irlanda. Año: 2013. Director: Ruairi Robinson. Guion: Clive Dawson (basado en el relato ‘’The Animators’’ de Sydney J. Bounds). Actores: Liev Schrieber (Vince Campbell), Romola Garai (Rebecca Lane), Elias Koteas (Charles Brunel), Olivia Williams (Kim Aldrich). 

¿De qué va?
 Un equipo científico estacionado en la base Tantalus de Marte pasa las últimas horas de su misión a la espera de la llegada de su relevo, después de seis meses en el planeta rojo. Su tarea consiste en investigar los sustratos del planeta, recoger muestras y preparar la base para el siguiente equipo. Todos están deseando regresar. Las tensiones dentro del grupo han ido creciendo, pero su estancia hasta ese momento ha pasado en la más absoluta monotonía. Uno de los científicos, Marko (Goran Kostic) investiga indicios de lo que podría ser uno de los descubrimientos más importantes de la historia cuando la tierra se abre bajo sus pies, tragándoselo por completo. A partir de ese momento, una pesadilla se desatará amenazando la vida del resto del equipo y tal vez del resto de la humanidad.


¿Qué tal es?
Marte ha sido explorado varias veces en el cine durante la última década, dejando más decepciones —las desastrosas Misión a Marte (Brian de Palma, 2000), Planeta Rojo (Anthony Hoffman, 2000) y John Carter (Andrew Stanton, 2012) siendo claros ejemplos— que otra cosa. A pesar de unos antecedentes tan desalentadores, The Last Days on Mars, basada en un relato corto de Sydney J. Bounds, consigue llevarnos a un planeta rojo aterrador y lleno de tensión, haciendo maravillas con un presupuesto más propio del cine independiente que de las grandes producciones de ciencia ficción de Hollywood. A pesar de su ambientación extraplanetaria, estamos ante una genuina película de terror.

The Last Days on Mars se sitúa, valga la redundancia, en los últimos días (más bien horas) de un equipo científico antes de que sean relevados y puedan volver a la tierra. Después de meses aislados y como suele pasar dentro de cualquier grupo de gente que trabaja bajo presión, las emociones están a flor de piel entre todos los miembros del equipo. Entre ellos tenemos a un capitán, interpretado por el siempre eficaz Elias Koteas, que a pesar de su experiencia parece estar perdiendo el control sobre la misión, una agresiva científica (Olivia Williams) dispuesta a todo por no volver a casa con las manos vacías, y un astronauta (Live Schrieber) que sufre de ataques de ansiedad en los momentos más inoportunos. El resto de personajes no hacen sino añadir más inestabilidad a la mezcla, todos sufriendo de sus propios problemas y miedos, y el director irlandés Ruairi Robinson le dedica el tiempo necesario a cada personaje para que podamos saber de qué pie cojean todos, sin que el ritmo del film se resienta por ello. Los personajes tienen profundidad y motivaciones, no son simple carne de cañón, y las relaciones personales y motivaciones de cada uno se establecen de manera clara y seria.


A pesar de lo notable del trabajo dramático, el mayor mérito de esta película es sin duda la solidez de la fotografía y la puesta en escena. Aun contando con un presupuesto muy limitado para trabajar, los paisajes marcianos que vemos—rodados en el desierto de Jordania—, la estación y los vehículos espaciales son absolutamente creíbles, sin rastro del cartón piedra barato de algunas producciones de mayor presupuesto, y la tecnología que aparece representada parece más que plausible, lo que nos facilita la tarea de entrar en la historia. La atmósfera áspera y oscura de la película inevitablemente recuerda a Alien (Ridley Scott, 1979), con su entorno claustrofóbico en el que los personajes tratan de sobrevivir a contrarreloj ante una amenaza de origen desconocido, pero también a otras películas de sci fi como Moon (Duncan Jones, 2009) o 2001: Una odisea en el espacio (Stanley Kubrick, 1968). Es fácil creerse que un grupo de gente lleva meses viviendo en ellos, lo que añade un punto de realismo a la puesta en escena que ayuda a elevar la angustia cuando empieza la carnicería.

El mayor lastre de la película es que la parte de terror de la película es bastante convencional. El aterrador descubrimiento resulta ser un tipo de bacteria que infecta a todo aquel que entra en contacto con ella. Como en Alien o La cosa (John Carpenter, 1962), tenemos un agente alienígena que desata una lucha por la supervivencia de los protagonistas, pero el punto de originalidad viene dado porque… ***ATENCIÓN SPOILER*** …los astronautas infectados se convierten en zombis espaciales. La segunda mitad de la película se vuelve básicamente en una repetición de la narrativa a la que ya estamos acostumbrados en el cine de podridos. Reconozco que la sobresaturación de zombis que hemos vivido en los últimos tiempos puede hacer que alguien no-fan del género prefiera masticar una bala a ver otra peli de muertos vivientes, por mucho que esta esté situada en otro planeta. Sin embargo, la propuesta está bien ejecutada y tiene una identidad propia, metiéndote de lleno en los peligros y pesadillas que el cine tradicionalmente ha atribuido a la exploración espacial. 


Es cierto que todos los elementos que se mezclan en The Last Days on Mars tienen un cierto regusto a déjà vu, y quien esté familiarizado con la ciencia ficción y las pelis de zombis difícilmente se verá sorprendido por lo que acontece en pantalla. No hay tampoco grandes sustos o escenas sangrientas para satisfacer al espectador de terror veterano. Pero tampoco pretende ser lo que no es ni se viste con el tufillo a intelectualismo que emana de propuestas recientes dentro del sci fi —véase la infladísima Gravity (Alfonso Cuarón, 2013)—. Se trata simple y llanamente de una historia de terror y supervivencia, llena de momentos de tensión y siluetas que aparecen entre las sombras en el vacío del espacio, en las tormentas de arena marcianas y que te persiguen implacablemente.

Junto con la excelente Europa Report (Sebastián Cordero, 2013), The Last Days on Mars es una de las películas de ciencia ficción que mejor ha conseguido navegar por el terror recientemente, sin dejar de regalarnos una buena historia de exploración espacial. Las múltiples referencias que pueblan su metraje son un homenaje interesante a un tipo de cine que ya no se hace. En definitiva, una propuesta que ningún fan al terror espacial se debería perder.


Lo que más mola: la puesta en escena es espectacular a pesar de la falta de medios. Los efectos especiales no son espectaculares pero consiguen alcanzar un nivel de realismo notable tanto como película de ciencia ficción como de terror.

Lo que menos: que poco en ella sea realmente original. Es por momentos un ‘grandes éxitos’ de varios géneros sin llegar a ir nunca más allá del género en el que se mueve.

Valoración: 4/5