After the Dark (John Huddles, 2014)


Ficha artística
Título: After the Dark (aka. The Philosophers). País: Estados Unidos, Indonesia. Año: 2014. Director: John Huddles. Guion: John Huddles Fotografía: John Radel. Música: Jonathan Davis y Nicholas O'Toole. Reparto: Sophie Lowe (Petra), Rhys Wakefield (James), James D'Arcy (Eric Zimit), Bonnie Wright (Georgina), Daryl Sabara (Chips), Freddie Stroma (Jack), Katie Findlay (Bonnie), George Blagden (Andy), Erin Moriarty (Vivian), Maia Mitchell (Beatrice), Jacob Artist (Parker), Cinta Laura (Utami), Philippa Coulthard (Poppie), Hope Olaide Wilson (Omosedé), Abhi Sinha (Kavi), Toby Sebastian (Russell), Melissa Le-Vu (Plum), Darius Homayoun (Toby), Taser Hassan (Nelson), Chanelle Bianca Ho (Mitzie), Natasha Gott (Yoshiko) y Kory Brown (Glen)

¿De qué va?
Es el último día de clase en un instituto internacional de Yakarta, Indonesia. El profesor de filosofía, Eric Zimit (James D’Arcy) propone a sus alumnos una última tarea; un experimento teórico. Les presenta un escenario apocalíptico en el que varias bombas atómicas amenazan con acabar con la vida humana. Los alumnos tienen a su disposición un bunker perfectamente equipado para permitirles sobrevivir un año. ¿El único problema? El bunker ha sido diseñado para 10 ocupantes —un solo ocupante más y el sistema de reciclado de aire dejaría de funcionar—, y hay 20 alumnos más el profesor Zimit. Mientras la nube de radiación mortal se aproxima a ellos, deberán debatir quien es lo suficientemente útil como para merecer vivir en base a las profesiones —desde ingeniero agrícola a poeta— y datos personales de las tarjetas que el profesor Zimit les entrega al azar. ¿A quién salvarán?


¿Qué tal es?
La ciencia ficción especulativa es un subgénero de difícil traducción al lenguaje cinematográfico. Las películas tienden por naturaleza a favorecer la acción por encima de las ideas y cuando nos llega una que invierte la balanza siempre vale la pena darle una oportunidad, aunque solo sea para poner a prueba la poca materia gris que nos queda. After the Dark retoma el camino abierto por otros films recientes como The Man from Earth (Richard Schenkman, 2007), Moon (Duncan Jones, 2009) y Monsters (Gareth Edwards, 2010). Como estas plantea preguntas sin tomarse la molestia de tratar de responderlas y se esfuerza en provocar y hacer reflexionar al espectador dejando el entretenimiento muchas veces en un segundo plano. Pero a pesar de un inicio prometedor, algunos momentos notables y una puesta en escena elegante, no llega a resultar plenamente satisfactoria.

Empezamos el día en la cama, en un entorno idílico, con dos de los estudiantes de la clase que han pasado la noche juntos. Petra es la alumna estrella de la clase con un prometedor futuro, mientras James es un estudiante mediocre. Enseguida nos trasladamos al instituto más new age sobre la faz de la tierra, durante el último día del curso. Allí nos encontramos con el profesor Zimit, que de entrada se nos presenta como el típico profe guay al que todas sus alumnas se quieren tirar y quien idea un experimento que pone a prueba la moral de sus jóvenes e inocentes estudiantes. Su planteamiento y el ejercicio teórico en el que se sumergen los protagonistas son sin duda sugerentes, y el primer tercio del film nos absorbe en el juego de decidir quién de los 20 estudiantes que toman parte en el experimento merece vivir y quien es prescindible. A partir de ahí la realidad es que el trayecto se vuelve algo irregular, desembocando en una conclusión plana que lastra toda la película.


A pesar de sus muchos puntos débiles, en una época en la que el cine postapocalíptico con adolescentes se ha convertido en una moda, su premisa es lo suficientemente potente como para distinguirla del resto y mostrarnos lo débil que es la moral humana en situaciones límite. El enfoque no está en las razones del apocalipsis en sí, ni en la lucha por sobrevivir de los personajes, sino en el proceso de elegir quien merece sobrevivir y quien no en base al valor de su función dentro de una sociedad que ya no existe. La tesis que John Huddles parece defender en su guion y durante el metraje de After the Dark es que tal vez el mero hecho de sobrevivir a un cataclismo global no basta. El cómo y por qué sobrevivimos son tan importantes como el sobrevivir en sí.

Precisamente está conclusión, tomada de antemano por el director y guionista de la película, es la que al final hace del experimento una propuesta casi fallida. En pos de conducir el debate por donde más le conviene, se alteran las reglas del juego una y otra vez sin una razón clara. El profesor Zimit, por ejemplo, se auto otorga el papel de comodín, teniendo una habilidad o conocimiento oculto para los alumnos, lo que en un principio lo convierte en un personaje muy interesante dentro del grupo pero que a la postre le otorga el poder absoluto para torpedear las decisiones de sus alumnos. Como si de un niño malcriado se tratara, dando berrinches cuando el resultado de la partida no es de su agrado, su rol dentro de la clase se va erosionando poco a poco hasta ser solo una marioneta que consiente la manipulación de los escenarios, en especial en la segunda recreación, en la que se introducen necesidades relacionadas con la propagación de la especie.

 

La puesta en escena es visualmente impecable. Tal vez demasiado para su propio bien. La paleta de colores de la fotografía es brillante incluso en las escenas dentro del bunker, cuya arquitectura es tan avant-garde como fría, lo que merma el sentido trágico del escenario que trata de esbozar. Todos los actores son prácticamente modelos de belleza y perfección moral que hacen difícil de creer las pretendidas dificultades por las que pasan, a pesar de que sus actuaciones son por lo general sólidas. A través de los debates que se crean en la clase, a la vez que asistimos a las dramatizaciones de los escenarios planteados por el profesor Zimit, nos van mostrando las grietas en la personalidad de los diversos personajes.

En resumen, After the Dark es una película imperfecta, pero que no por eso deja de ser una propuesta realmente interesante y única dentro del panorama cinematográfico actual. Dado que hoy en día lo que pasa por ciencia ficción con un poso de profundidad filosófica son en realidad meros ejercicios de funambulismo y pirueta visual como Gravity (Alfonso Cuarón, 2013), que existan películas como esta le da al género la variedad necesaria para seguir evolucionando. Apreciar el valor de la propuesta puede ser a veces suficiente como para obviar los defectos de la forma, como es el caso de After the Dark. Si te gustan las películas que plantean debates interesantes y te obligan a pensar en algo más que la eterna elección entre palomitas dulces o saladas, dale a esta una oportunidad.

 

Lo que más mola: plantea retos al espectador que pocas películas hoy en día se atreven a tratar, al centrarse en los diálogos y el debate por encima de la acción. El segundo escenario tiene momentos de tensión notables.

Lo que menos: juega a ser una película inteligente y eso le otorga de cierta artificialidad. Además, a pesar de los debates dentro de la clase, parece que las conclusiones están tomadas de antemano y se nos trata de convencer de que las opciones de que disponemos son limitadas.


Valoración: 3/5

Sueños de acero fundido




¡¡ATENCIÓN, PORTADA Y PREVENTA!! 

Pues aquí tenéis la próxima novedad de Palabras de Agua, con portadón de Daniel Medina Ramos: "Sueños de acero fundido" es una antología novelizada. Una novela escrita a varias manos en la que los autores vierten influencias tan dispares entre sí como la animación japonesa, el cine de samuráis, el blockbuster hollywoodiense y el terror gótico de los mitos de Cthulhu. Una obra cargada de acción sobre los demonios externos e internos que acechan al hombre y la desesperada lucha por la supervivencia de la raza humana.

Coordinada por Jonathan Ponce de Haro, Sergio Pérez-Corvo y Pau Varela y con selección de Juan de Dios Garduño. Si quieres que te mandemos "Sueños de acero fundido" a casa cuando salga de imprenta y sin gastos de envío, escribe a palabrasdeaguaeditorial@gmail.com y te explicaremos cómo. 

¡SOLO HASTA EL 2 DE MARZO! 

Autores:
-Sergio Pérez Corvo 
-Francisco José Palacios Gómez
-Aniel Dominic 
-Pau Varela 
-Luis G. Soler 
-Jonathan Ponce de Haro
-David Cantos Galán 
-Rubén Giráldez

Ilustradores:
Daniel Medina Ramos
Carlos Gregorio Simón Godoy (CalaveraDiablo)
Conrado Martin 
Rubén Megido Sánchez
Claudio Sánchez Viveros

These Final Hours (Zak Hilditch, 2013)

 

Ficha artística

Título: These Final Hours. País: Australia. Año: 2013. Director: Zak Hilditch. Guion: Zak Hilditch. Música: Cornel Wilczek. Reparto: Jessica De Gouw (Zoe), Daniel Henshall (Freddy), David Field (Radio Man), Sarah Snook (la madre de Mandy), Nathan Phillips (James) y Angourie Rice (Rose).


¿De qué va?
Quedan apenas unas horas para el fin del mundo. Una bola de fuego se acerca hacia Australia mientras James y Zoe esperan juntos. James quiere ir a una fiesta que ha organizado un amigo suyo y emborracharse y colocarse para no sentir nada cuando el momento llegue. Zoe, en cambio, quiere estar sobria. Cuando Zoe le confiesa que está embarazada, James se va incapaz de soportarlo. De camino a la fiesta se encuentra con una niña, Rose, apunto de ser violada por dos hombres. James la rescata y se ve de pronto confrontando la responsabilidad que por tanto tiempo ha tratado de rehuir.


¿Qué tal es?
El pasado festival internacional de Sitges resultó un tanto decepcionante para un servidor. Tuve la oportunidad de ver un buen número de producciones de terror y ciencia ficción, pero ninguna que realmente me dejara buenas sensaciones. No es de extrañar que la única excepción fuera esta, These Final Hours, vivir en Australia un año me ha dejado con un cierto gusto por todo lo que viene del Down Under. Se trata además de una de las películas apocalípticas con más corazón y humanidad que he visto nunca, una auténtica joya para quien guste de este tipo de historias al límite. Zak Hilditch, el director y guionista de la película, nos presenta un escenario desquiciado y peligroso, en el que la gente vive sus postreras horas sin la máscara civilizada que todos vestimos en nuestra vida diaria.

En la última década el género apocalíptico y postapocalítpico ha sido una de los más prolíficos tanto en el cine como en la literatura. Nos hemos encontrado con centenares de historias de personajes luchando por sobrevivir contra toda probabilidad, ya sea contra hordas de zombis, invasiones alienígenas o desastres naturales de toda índole. Sin embargo para mí las mejores historias apocalípticas son aquellas que contraponen lo mundano de las vidas de sus personajes al terror surreal del fin de la vida en la tierra. No hace mucho Take Shelter (Jeff Nichols, 2011) nos enseñó que el apocalipsis nos puede ofrecer, al mismo tiempo, un espejo fantástico para ver reflejadas nuestras miserias humanas. En These Final Hours encontrarnos con una vuelta de tuerca más a un escenario ya conocido, ya que desde el primer minuto se nos dice que ya no queda ninguna esperanza y que el final es inevitable. En este contexto desesperado nos encontramos a James, un drogadicto que ha dejado embarazada a su amante, Zoe. En vez de hacer lo correcto y quedarse con ella para pasar juntos sus últimas horas, James hace lo que muchos haríamos y no nos atrevemos a reconocer: se acojona y sale por piernas. Su idea es llegar a la fiesta que ha montado un amigo suyo en su casa, ponerse hasta el culo y tirarse a su novia mientras aún le quede tiempo —¿Y quién podría culparle?


Un aspecto remarcable del guion es que en ningún momento nos explican el porqué de ese inevitable final. Un meteorito, un supervolcán, el nuevo disco de Melendi,… vuestras teorías son tan buenas como la mía. La razón de ello es que poco importa que nos den los detalles científicos y explicaciones sobre lo que sucede cuando lo realmente interesante de la historia son las reacciones y decisiones que toman los personajes. James se convierte en nuestro punto de vista a través del cual recorremos unas calles donde la gente se ha abandonado al salvajismo más puro, o al menos aquellos que no han decidido acabar por lo rápido con sus vidas. Sus planes para adormecer sus sentidos y así no sentir nada cuando todo sea devorado por las llamas se van al traste cuando se cruza en su camino una niña, Rose, a la que rescata de ser violada por dos hombres. En contra de lo que querría, James se ve obligado a hacerse cargo de la niña y ayudarla a encontrar a su padre. El paralelismo ‘sutil’ que plantea su relación con la niña en oposición a su propia responsabilidad con el hijo que nunca nacerá de Zoe, nos hará plantearnos las mismas dudas que James debe confrontar.


Dentro de la poca información que nos da la película sobre lo que sucede en el mundo nos encontramos también con ninguna o casi ninguna pista de quien es —o era— James. La tesis que esto parece sostener es que llegados al punto en el que se encuentra el personaje, toda la información personal previa a esas pocas horas —trabajo, familia, carácter,…— resulta irrelevante respecto a sus decisiones o actos ahora. Aquellos que estén acostumbrados a que el escritor o el director de la historia les mastiquen el argumento y lo regurgiten en sus bocas cargado de detalles e información para su fácil digestión probablemente echarán en falta el saber más. Pero aquellos de vosotros que gustéis de rellenar los espacios en blanco que este tipo de historias nos plantea disfrutareis de bien seguro acompañando a James y Rose a través de la desolación de su mundo.

Los escasos 80 minutos de metraje parecen más que justificados, ya que incrementan la urgencia del argumento. En cuanto a la fotografía y el diseño de la producción la película consigue sacar mucho rendimiento a un presupuesto ínfimo, en parte sostenida por las idiosincrasias de los paisajes australianos empapados de una luz amarillenta y casi radioactiva. El sudor que transpiran las imágenes resalta una desolación que raramente encontramos fuera del terror. El aspecto nihilista del conjunto nos permite apreciar la desesperación que ahoga a los personajes que James y Rose se cruzan en su camino. Hay escenas violentas como exige el manual, pero donde realmente apreciamos la buena mano del director es en las escenas más calmadas, ya que es en las que nos damos cuenta del poco tiempo que les queda para llegar a sus respectivos destinos. Las actuaciones en general son más que sólidas, en especial la de Angourie Rice como Rose.



These Final Hours es una auténtica joya. Si tenéis un especial gusto por las historias apocalípticas descarnadas y que no se están de hostias, esta es una parada obligada. Estad preparados para un viaje difícil, de los que se disfrutan golpe a golpe. 


Lo que más mola: Lo crudo y realista de la historia. No hay explicaciones innecesarias ni una saturación de sentimientos forzados. Australia es por derecho propio la cuna del apocalipsis.

Lo que menos: La secuencia de la fiesta resulta algo tediosa.

Valoración: 4/5

The Machine (Caradog W. James, 2013)



Ficha artística
Título: The Machine. País: Reino Unido. Año: 2013. Director: Caradog W. James. Guion: Caradog W. James. Fotografía: Nicolai Brüel. Música: Tom Raybould. Reparto: Caity Lotz (Ava), Toby Stephens (Vincent), Sam Hazeldine (James), Pooneh Hajimohammadi (Suri), Denis Lawson (Thomson), Lee Nicholas Harris (Soldado Harris), John Stylianou (Soldado), Ben McGregor (Soldado Ben), Helen Griffin (Señora Dawson), John-Paul Macleod (Paul Dawson).

¿De qué va?
En un futuro cercano el mundo vive al borde de una tercera Guerra mundial. El ejército británico lleva a cabo un proyecto secreto experimentando con soldados mutilados e implantes mecánicos con la esperanza de desarrollar un soldado mecánico, de aspecto humano pero con una fuerza, velocidad y voracidad de otro mundo. El proyecto lo lidera Vincent McCarthy (Toby Stephens), padre de una hija con problemas mentales. La clave para completarlo es la mente de Ava (Caity Lotz), una joven experta en inteligencia artificial.


¿Qué tal es?
¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Zim-zum, zim-zum, zim-zum, zim-zum, zum zum, yyuuuuuupppp. Desde que Isaac Asimov escribiera sus famosas tres leyes de la robótica, hemos sido testigos tanto en literatura como en el cine de los peligros de querer emular a dios creando vida —aunque sea artificial—. The Machine es una muy válida revisión —y actualización— de los temas que ya hemos visto ser tratados en clásicos como Blade Runner (Ridley Scott, 1982) y A. I. (Steven Spielberg, 2001.

Caradog James nos introduce en la historia del Dr. Vincent McCarthy, quien capitanea los esfuerzos del ejército británico para desarrollar una inteligencia artificial que pueda asegurarles la victoria en la inminente guerra contra China. Su tarea es la de desarrollar implantes artificiales para soldados heridos en combate y para ello se ve obligado a saltar a la comba con la ética médica. Vincent es un hombre serio, con un poso oscuro tras su flemática expresión y un objetivo fijo en su horizonte. Hasta cierto punto no es diferente del arquetipo de hombre de ciencia brillante pero temerario que estableció hace ya siglos Mary Shelley con su Doctor Víctor Frankenstein.


Incapaz de crear una inteligencia artificial estable, que pueda ser utilizada en combate sin miedo a que se ponga en plan HAL 9000 con sus propios creadores, conoce a Ava —interpretada por Caity Lotz, vista en la serie Arrow—, una especie de versión más joven, pura e idealista de sí mismo. Ava ha desarrollado una I.A. capaz de aprender de la interacción con los humanos y es reclutada de inmediato por Vincent para que le ayude en su investigación.

El trabajo de ambos, combinado con el momento Robocop (Paul Verhoeven, 1987) que experimenta Ava, da como resultado a una máquina de aspecto humano y con los procesos mentales de un niño para el que todo es nuevo. Rápidamente ‘la maquina’ empieza aprender y a afirmar que está tan viva como los humanos. Si esto no fuera suficiente, Thompson, el responsable militar del proyecto, ara lo posible para convertir a ‘la maquina’ en una arma capaz de matar sin remordimiento —y Terminator (James Cameron, 1984) se nos une a la fiesta de referentes robóticos—.


2014 va en camino de convertirse en el año oficial del renacimiento de la ciencia ficción. Si bien la calidad de las propuestas siempre queda sujeta a los gustos de cada uno —siempre tendremos a los puristas preparados para decirnos que todo tiempo pasado fue infinitamente mejor, aunque nos esforcemos en ignorarlos—, la cantidad de películas que verán la luz a lo largo del año, tanto dentro del circuito de los grandes estudios de Hollywood —Guardians of the Galaxy (James Gunn), Godzilla (Gareth Edwards), Divergent (Stephen Chbosky), Jupiter Ascending (Andy Wachowski y Lana Wachowski), Edge of Tomorrow (Doug Liman), Snowpiercer (Bong Joon-ho), Transcendence (Wally Pfister), Interstellar (Christopher Nolan)…— hasta las que nos llegan desde el cine independiente —Her (Spike Jonze), After the Dark (John Huddles), The Signal (William Eubank), The Zero Theorem (Terry Gilliam), Under the Skin (Jonathan Glazer)…—, hacen que el fan del género tenga un calendario bastante apretado.

The Machine es sin duda una razón más para ser optimista con lo que nos queda por delante. Sin ser una película redonda y limitada por un presupuesto muy ajustado, el tono y el aspecto visual son los adecuados, y las preguntas que plantea son las que toda obra especulativa debería de tratar de explorar. Hay aspectos éticos que nos hacen reflexionar sobre la necesidad de imponer restricciones a la relación entre la biología del ser humano y la tecnología que nos rodea. Vivimos una época en la que los teléfonos inteligentes son casi más capaces de razonar que sus dueños humanos y pensar en lo que puede deparar el futuro inmediato de nuestra especie da miedito.

Ciertamente los temas sobre los que gira la trama no son nuevos ni mucho menos, pero siguen teniendo la fuerza de provocar al espectador y de hacerle pensar sobre el mundo en el que vive. Merece especial consideración el trabajo tanto de Toby Stephens y City Lotz. Su interacción en pantalla es de lo mejor de la cinta. El primero nos muestra a un hombre de una inteligencia notable, pero cuya humanidad le ha sido arrebatada por las circunstancias. La segunda es toda una revelación, interpretando a la máquina que da título a la película, dotándola de inocencia y a la vez insinuando la brutalidad calculada de quien se sabe superior en todo a su creador. Lotz realiza ella misma las escenas de acción en las que se ve involucrada su personaje, lo que es también loable. Y no hay que perder de vista a la actriz iraní Pooneh Hajimohammadi, cuya presencia entre las sombras de la historia es una poderosa amenaza constante.


Caradog James, aparte de poseer uno de los mejores nombres que uno puede tener si se es un terrier, se muestra a la altura de todos los referentes a los que se aproxima su película. Su mayor logro es la habilidad para crear un mundo visual rico con solo cuatro duros. El uso de la iluminación y la luz es espectacular, y los prostéticos y el maquillaje de los soldados mutilados es desconcertante y asombroso por igual. El trabajo de fotografía es impecable, los escenarios minimalistas y oscuros hacen destacar todos los elementos high-tech que los pueblan, los efectos especiales, aunque modestos, lucen creíbles y la banda sonora tiene ese punto techno de los clásicos del género de los 80.

Como he dicho antes, hay aspectos en el conjunto que chirrían un poco. Las escenas de acción se ven especialmente perjudicadas por el bajo presupuesto de la película y hay algunos aspectos de la trama que se solventan de forma torpe e inverosímil. El último acto en especial pierde un poco de impulso en comparación con los dos primeros tercios del metraje, pero su conclusión es lo suficientemente satisfactoria como para subsanar esos fallos. En conjunto, The Machine es una película sobresaliente en todos los aspectos y una digna sucesora de todos los grandes clásicos de la ciencia ficción. No exagero si digo que merece la pena su visionado en una sesión doble junto con Blade Runner.


Lo que más mola: la combinación entre acción y reflexión especulativa es de lo mejor que hayamos visto en el género de la ciencia ficción en mucho tiempo y consigue entregar una película con madera de clásico de culto a pesar de su bajo presupuesto. 

Lo que menos: que habrá quien cegado por una mala entendida nostalgia la vea como una versión barata de Blade Runner. No hay peor ciego que el que no quiere ver y la acogida que reciben algunas obras de ciencia ficción contemporáneas, cuyo mayor delito es su fecha de producción, es parcial y está llena de prejuicios.


Valoración: 5/5

Appleseed Alpha (Shinji Aramaki, 2014)

 

Ficha artística:

Título: Appleseed Alpha. País: Japón y Estados Unidos. Año: 2014. Director: Shinji Aramaki. Guion: Marianne Krawczyk, basado en Appleseed de Masamune Shirow. Música: Tetsuya Takahashi. Reparto: Luci Christian (Deunan Knutes), David Matranga (Briareos), Wendel Calvert (Two Horns), Chris Hutchison (Mattews), Adam Gibbs (Olson), Brina Palencia (Iris), Josh Sheltz (Talos), Elizabeth Bunch (Nyx)



¿De qué va?
Después de la tercera guerra mundial el mundo está en ruinas. Dos exsoldados, Deunan Knutes y Briareos, se ganan la vida como mercenarios trabajando para un mafioso llamado Two Horns. Mientras Deunan sueña con abandonar esa vida y encontrar Olympus, una ciudad utópica creada para salvaguardar lo mejor de la humanidad, Briareos parece resignado a su existencia. Su destino da un giro cuando se cruzan en su camino Iris y Olson, quienes afirman estar llevando a cabo una misión para Olympus. Deunan y Briareos les ayudarán a reparar los daños que la guerra sigue causando incluso una vez terminada.

¿Qué tal es?
La ciencia ficción siempre ha ido ligada a la creciente influencia que la ciencia y la tecnología tienen en las sociedades modernas. Es significativo que los grandes clásicos del género se han producido de forma localizada en aquellos países en los que el avance y el desarrollo forman —o han formado— parte del discurso nacional. Desde los Mary Shelley, Jules Verne y H. G. Welles, cuyo trabajo se vio alimentado por los efectos de la revolución industrial en la Europa de principios del siglo XIX, hasta la aparición de los Ray Bradbury, Robert A. Heinlein, Alexander Kazantsev, Isaac Asimov, Arthur C. Clarke y Philip K. Dick en el marco de la carrera espacial entre los Estados Unidos y la Unión Soviética de mediados del siglo XX, la narrativa del sci fi ha ejercido de conciencia para entender como el uso y el abuso de la tecnología nos cambia y nos define como especie.


No es de extrañar, entonces, que en las últimas décadas quienes parecen más capacitados para recoger el testigo de los padres de la ciencia ficción y refundarla en este nuevo siglo sean los autores japoneses. Sustentados en el anime y el manga, los dos formatos que les son más naturales, nos han regalado obras como Akira (Katsuhiro Otomo, 1988), Ghost in the Shell (Mamoru Oshii, 1995), Evangelion (Hideaki Anno, 1995), Cowboy Bebop (Hajime Yatate, 1998) o Ergo Proxy (Shukō Murase, 2006) que no solo han trascendido sus fronteras, sino que además han empezado a influenciar el trabajo de los escritores y cineastas occidentales. Appleseed Alpha está muy lejos de convertirse en un referente del anime al nivel de sus predecesores, pero si es una muestra más del buen hacer de los nipones a la hora de construir historias que combinan el entretenimiento más puro con la reflexión de la ciencia ficción clásica.

Se trata de la precuela de la serie de mangas y sus posteriores adaptaciones a la pequeña y gran pantalla —Appleseed (2004) y Appleseed Ex Machina (2007), ambas dirigidas también por Aramaki— creada por Masamune Shirow y protagonizada por Deunan y Briareos. La película se centra en sus vidas antes de ser reclutados por Olympus, una de las últimas ciudades que quedan después de que la tercera guerra mundial arrasara con el mundo. Los dos trabajan como mercenarios en las ruinas de Nueva York bajo las órdenes de un ciborg mafioso llamado Two Horns. A diferencia de los dos films anteriores, la animación en Alpha se ha creado íntegramente por ordenador y nos entrega una visión diferente, más realista y detallada de los personajes y entornos ya conocidos.


El nivel de la animación es sin duda uno de los logros de la película. Las texturas, a pesar de tener la artificialidad característica de las imágenes generadas por ordenador, resultan creíbles dentro de la ficción del film. Los primeros planos de los personajes son especialmente asombrosos —los tonos de la piel y el sudor se reflejan de la manera más natural posible—, dejando notar un trabajo casi perfecto en la captura de movimiento de los actores, la Nueva York postapocalíptica donde se sitúa la acción contrasta con los paisajes idílicos vistos en la Olympus de las dos películas anteriores, y las secuencias de acción está representada de manera espectacular y maravillosamente coreografiada. El diseño de los personajes, aun siendo más realista, sigue fiel al original, algo que los fans seguro apreciarán.

Ese mismo realismo se aplica a los demás personajes, tanto humanos como ciborgs, cuyo aspecto físico y movimientos son fluidos. Los detalles están cuidados, por ejemplo tanto el cuerpo cibernético de Briareos como el tono sucio de la piel de Deunan denotan el desgaste de una vida difícil pasada entre las ruinas del mundo. En contraste, tanto Olson e Iris por un lado, como Talos por el otro, muestran un aspecto más limpio sin duda otorgado por su proveniencia de Olympus. Los pecados de la animación por ordenador —rigidez en las expresiones, objetos pesados rebotando sin ningún respeto por las leyes de la física— están ahí, pero son perdonables entre todo el esfuerzo apreciable en el conjunto.


En cuanto a la historia, estamos ante una película de acción funcional, sin grandes pretensiones ni piruetas. Es de agradecer, no obstante, que el tono moral y endulzado habitual en muchas de las producciones japonesas está ausente aquí. Las consecuencias de la guerra y el mensaje antibelicista aparecen retratados de manera sutil, sin necesidad de ser subrayados con un abuso del diálogo expositivo —salvo en algún momento puntual—, cosa que el desarrollo ágil de la narración agradece. Los temas tratados no son ambiciosos pero se exploran en suficiente profundidad, personificados en como Deunan se aferra a la esperanza por una vida mejor y su fidelidad hacia Briareos.

El mayor defecto de Appleseed Alpha es algo que nos encontramos en muchos productos de acción y ciencia ficción modernos. Los villanos de la película tienen personalidades de papel de fumar, propias del comic. Talos es malvado básicamente porque la historia requiere de un antagonista, y en ningún momento se exploran sus motivaciones para hacer lo que hace. La parte central de la película es también algo irregular y por momentos dubitativa. Sin embargo, sin ser una historia hilvanada a la perfección, sirve de cimiento sólido para toda la acción que contiene.

Con protagonistas carismáticos e interesantes, mucha acción y una historia con los elementos reconocibles de Appleseed, se trata de una película que satisfará tanto a los fans del original como a aquellos que no sepan nada del manga.


Lo que más mola: La animación por ordenador es excelente, los diseños de los escenarios y sobretodo de los personajes son todo lo realistas que la tecnología actual permite, y la acción es tremendamente entretenida.

Lo que menos: La narración pierde fuelle en algunas secuencias.


Valoración: 4/5