THE EXPANSE: o por qué tenéis que dejar todo lo que estéis haciendo y ver esta serie ya mismo, sin excusas.


Una de las sagas literarias de ciencia ficción que sigo con auténtica devoción es The Expanse —me he leído las cinco novelas publicadas hasta la fecha; Leviathan Wakes, Caliban's War, Abaddon's Gate, Cibola Burn y Nemesis Games—, de James S.A. Corey. La forma en que conjuga la espectacularidad del space opera con algunos aspectos morales y políticos inherentes a la exploración y colonización espacial hace que sea para mí una de esas lecturas adictivas que uno no puede dejar. Por eso podéis imaginar las ganas que tenía de ver la adaptación televisiva producida por el canal Syfy —de los creadores de Sharknado…— y cuya primera temporada constará de 10 episodios basados en su mayoría en la primera novela. Tras ver el episodio piloto, todos mis miedos sobre si estaría o no a la altura de las novelas se han disipado. Estamos ante la que podría ser la mejor serie de ciencia ficción desde que Battlestar Galactica desapareciera de la pequeña pantalla.


La historia nos traslada doscientos años en el futuro, la humanidad a colonizado Marte y ha establecido colonias mineras en las lunas de Júpiter. Las relaciones diplomáticas entre los tres poderes de facto están al borde de una guerra abierta. Marte y la Tierra luchan por el control del sistema solar, mientras que la OPA —Outer Planets Alliance— vendrían a ser como los catalanes, reivindicando sus derechos ante el centralismo que los gobierna desde fuera y reclamando la independencia. Lo único que falta es una chispa que desate el conflicto. La trama sigue a tres personajes principales. El detective Miller (Thomas Jane), en la estación de Ceres, un borracho y corrupto policía al que encargan la búsqueda de Juliette "Julie" Andromeda Mao, hija fugada de un multimillonario de la Tierra. James Holden (Steven Strait), tripulante de la Canterbury, una nave encargada de transportar grandes bloques de hielo desde el cinturón de asteroides, y hombre más preocupado de disfrutar del sexo en gravedad cero que de escalar en la jerarquía de su nave. Por último Chrisjen Avasarala (Shohreh Aghdashloo), miembro de las Naciones Unidas  y encargada de lidiar con las tensiones entre la Tierra, Marte y el cinturón —personaje cuya trama pertenece a la segunda novela de la serie, Caliban’s War, pero que aporta la necesaria perspectiva terrestre a la trama. 


La sensación de realidad en los múltiples escenarios resulta loable. Esto no es Star Wars, sino un mundo que bien podría ser nuestro futuro dentro de unas cuantas generaciones. Las tensiones políticas, el racismo entre gentes de diversa procedencia y la soledad que transmiten los personajes no nos son ajenas. Los detalles están muy cuidados. Ceres se nos presenta como una comunidad viva y variada, con su propia lengua —a la que no dan subtítulos, algo arriesgado dado que muchas veces los espectadores no tienen paciencia para este tipo de detalles, pero que suma a la hora de ambientar la trama. Los habitantes del cinturón de asteroides tienen secuelas físicas propias de haber pasado sus vidas en baja gravedad. La Canterbury recuerda en algunos aspectos a la Nostromo, con una tripulación de ‘currantes’ que lo único que quieren es cobrar a final de mes y poder llegar a puerto cuanto antes mejor. No son héroes ni personajes idealizados, solo gente normal trabajando para ganarse la vida, con sus miserias y secretos. Mención aparte merece el modo en que los viajes espaciales están representados. Aquí no hay velocidad de curvatura, ni gravedad artificial. Los cambios de trayectoria y las aceleraciones que requieren las naves espaciales generan fuerzas G capaces de romperte los huesos si no estás sentado, atado y hasta las cejas de drogas. En este sentido, los ángulos de la cámara juegan a la perfección con unos escenarios en los que las palabras arriban y abajo carecen de significado. 


Pero The Expanse entiende que el futuro es un contexto y que el eje de la historia son los personajes. Thomas Jane clava el papel de Miller, un hombre de vuelta de todo, arisco con la gente que lo rodea, pero en el fondo noble. Holden es el héroe en potencia de la función e incluso empieza como todos los grandes héroes de la ficción; no queriendo serlo —hasta lo dice explícitamente. Avasarala, a pesar de que su rol es menor al menos en este primer episodio, tiene una dualidad muy interesante. Afable y cariñosa en el hogar, despiadada en el ‘mundo real’. El resto del reparto complementa los tres protagonistas, a la espera de tener su momento para desarrollarse como personajes. Habiendo leído los libros he de decir que encajan como un guante en la imagen que te haces al leerlos. 


Este es el tipo de serie de ciencia ficción que nos faltaba desde hacía demasiado tiempo, una reflexión sobre hacia donde nos encaminamos como especie con personajes de carne y hueso y un look elaborado. El 14 de diciembre se estrena la serie de forma oficial, pero ya podéis ver el piloto y dejaros absorber por esta historia.


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