Sobre bacon y revisiones.

Ando estos días metido hasta los codos en el suplicio que suponen las revisiones y las correcciones de EL ETERNO RETORNO (coming soon, bitches!!!!), ese momento temido por todo juntaletras en el que lees y relees cada palabra, cuestionando su relevancia e idoneidad junto con las otras decenas de miles de palabras de tu novela, solo ante el ordenador, amargado cada vez que tienes que eliminar un párrafo entero, bebiendo whisky mezclado con tus propias lágrimas y sin ducharte… vale, para un momento, no puedo más. Sé que lo normal en este gremio es quejarse amargamente de los rigores de la vida del escritor. ¿Pero sabes una cosa? Me gusta escribir. Lo disfruto. Disfruto hablando de los libros que me gustan, entrando en librerías a rebuscar en los estantes, mirando portadas y leyendo sinopsis esperando descubrir mi próxima novela favorita. Me gusta escribir y releer lo que he escrito, dándole la vuelta a cada frase, probando diferentes enfoques para una misma escena. Para mí no es diferente de la persona a la que le gusta salir a correr cada día. Hacer deporte requiere sacrificio, hay días en los que te duelen hasta los pelos del culo, pero sigues poniéndote las zapas y saliendo a la calle a pesar del dolor. ¿Por qué? Por el placer puro y duro que te produce.


Me he planteado el objetivo de escribir 100.000 palabras al año (y revisarlas). Es la longitud media de una novela (por descontado esto no es una ciencia exacta, pero para la ciencia ficción, que es donde trato de moverme, ahí anda la media). También pueden dar para dos novelas cortas, sin contar relatos esporádicos aquí y allá. Por supuesto estoy condenado al fracaso (¿acaso queda alguien que cumpla sus propósitos? Yo me propuse este año nuevo dejar el bacon y aquí me tienes, tomándome un refrescante zumo de grasa de cerdo mientras escribo estas líneas), pero marcarse objetivos es una manera de combatir el embrujo del sofá y la tele (míralos bien, ahí en tu salón, conspirando, ofreciéndote un infinito de siestas y horas y horas de ficción YA ACABADA Y LISTA PARA SER DEGUSTADA POR TI. Son unas rameras desvergonzadas). Tener objetivos (a corto y medio plazo) te ayuda a ser constante.

Normalmente escribir un texto es relativamente sencillo. Una vez tienes la idea, el corazón de la trama y los personajes, tan solo debes ponerlos a prueba a través de situaciones, peripecias y vivencias. Algunos días sale más fluido, otros cuesta más, pero el proceso en sí es básico; sientas el culo en la silla, tecleas hasta no poder más y luego fríes un poco de bacon para celebrarlo. Esta para mí es la parte digamos-salvando-las-distancias-y-sé-que-no-es-siempre-el-caso-para-todos sencilla. Dicen que lo difícil, lo engorroso, viene una vez ese primer borrador está completado. Yo digo que una vez tienes ese primer intento consistente en retales y fotogramas de una historia, es cuando puedes jugar con él, estirarlo y deformarlo a voluntad.


Resulta interesante a veces ver como algunos autores esperan que su primera novela sea un bombazo, la obra que los encumbre como autores profesionales (sea lo que sea lo que eso significa) y puedan así tener acceso VIP a la mansión Playboy y tomar parte en orgías en las que sirvan cuarenta tipos distintos de bacon y puedan departir junto a Stephen King... más veces que pocas la hostia que les cruza a estos autores la realidad es de las gordas. Esto es una carrera de fondo, donde no solo se te juzga por la calidad individual de tu obra, sino también por ser capaz de entregar entretenimiento de forma más o menos regular. Lo mismo sucede con el primer borrador. Las palabras que hemos vomitado sobre el papel NO son sagradas. Nadie caga mierda de 24 quilates a la primera, ni los dioses de las letras ni, por supuesto, nosotros pobres mortales.

En mi caso el primer borrador suele ser un conjunto de escenas de acción y diálogos. Son las dos cosas que más disfruto escribiendo. He dicho más de una y más de dos veces que mi sueño es ser el Michael Bay de la literatura española y no lo digo en broma (me gustan las cosas que hacen BOOOM!, matadme por ello). Son también los pasajes más ágiles de escribir. Luego vienen los meses de dejarme los pocos sesos que tengo en pulir la trama y retorcer las entrañas de los personajes de la forma más dolorosa posible. También está el aspecto de crear el mundo que lo engloba todo y dotarlo de profundidad y solidez. En cierta forma los días, semanas y meses de simple escritura sirven para levantar el esqueleto de la criatura (algo así como una escaleta elaborada) al que añades en las subsecuentes revisiones un sistema nervioso, músculos, tendones, litros de sangre, entrañas negras y cosas viscosas que no sabes exactamente que hacen, pero que si se las extirparas la criatura moriría ahogada en bilis.


Algo que disfruto en particular de las revisiones es que suponen tiempo para poder pasar con los personajes, trabajar en su arco dramático y conocerlos mejor. Pulir estos arcos a su vez refuerza la trama principal de la historia. Si eres como yo (Dios quiera que no sea el caso), a medida que escribías habrás dejado un rastro de notas, cosas en las que no te pudiste detener el tiempo necesario durante el frenesí escritoril, pero que sabes que ahora en la revisión tienes que trabajar. No basta además con una simple pasada y listo, debes leer tu texto de cabo a rabo una y mil veces. Si eso te resulta un coñazo o un suplicio, tal vez es que no lo enfocas de la mejor manera posible. 

Escribir es una actividad curiosa en el sentido de que es un proceso. Nunca llegas a un final satisfactorio. De hecho, saber cuándo hay que dejar de remendar un texto tal vez sea lo más difícil para el autor del mismo. Demasiado pronto y tu obra saldrá al mundo a medio cocinar, demasiado tarde y tendrás un bonito pedazo de carbón intragable. La perfección en la literatura (como en cualquier arte… joder, como en cualquier otra cosa en la vida) no existe. El Padrino 2 es una película que roza la perfección, pero seguro que si Coppola hubiera tenido diez años más para ir rodando y re-rodando escenas, probar montajes y actores diferentes, hubiera aprovechado hasta el último minuto del último día… claro que luego hizo El Padrino 3 y se cagó en su propia obra (¡¡¡Maldito seas Francis!!!). Escribir es la búsqueda de la perfección, sí, pero sin llegar a conseguirla nunca. Perder o ganar en este juego no es lo importante. El cómo se pierde o el cómo se gana si lo son. 

En resumidas cuentas, disfruta escribiendo ese primer borrador y no te preocupes de las aristas que vas dejando por el camino. Nadie publica sus primeros borradores. La magia de verdad llega después, con las revisiones. Y la primera condición para poder revisar es tener algo que revisar, así que preocúpate de llegar hasta el final. Como sucede con las orgías no planeadas, piensa que siempre puedes limpiar por la mañana. Recordad que después de ese primer borrador, después de los meses de revisiones, tendréis otra nueva oportunidad de empezar desde cero con una nueva historia. 

Hasta otra y gracias por el bacon.


PD: Canción muy recomendable para acompañar esas jornadas de revisión. A mí me sirve, espero que a ti también ;)


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