La era de los superhéroes



Hará un par de semanas se estrenó en España una pequeña película independiente que tal vez se os haya pasado por alto, de estas de arte y ensayo que apenas duran un par de semanas en cartelera y que casi no reciben la atención de los espectadores y la prensa especializada; Los Vengadores 2: La era de Ultrón. Seguramente no habréis leído a nadie NAAAAAAAADIE mencionarla en las redes sociales, y mucho menos dando su valoración personal de la peli. Pero lejos del contenido fílmico de este tipo de cine, existe un fenómeno subyacente que parece ser ya imparable en nuestra sociedad; los superhéroes son una nueva forma de mitología universal.


Desde que Marvel decidiera tomar las riendas sobre las adaptaciones cinematográficas de sus propiedades intelectuales al menos de aquellas que no tenía ya comprometidas hace diez años, hemos sido bombardeados con nada más y nada menos que 20 horas de películas y tres series de televisión, todas estrenadas con un éxito tal solo El increíble Hulk se puede señalar como un semi-fracaso a nivel económico, y solo porque en comparación con las demás no reportó unos beneficios relevantes que Marvel ha pasado de estar prácticamente en la bancarrota a ser comprada por Disney por un megaporrillón de dólares cifra real de la operación, y si no os lo creéis buscadlo panda de vagos. La representación de la figura del superhéroe dentro de la cultura popular se ha vuelto casi omnipresente, inculcados en el subconsciente público bajo filosofías tan viejas como el género mismo.

 

El fenómeno es tal y parece tan lejos de aflojar como suele suceder con todas las modas en el arte, que hasta DC se ha sumado al carro y está a punto de desatar su propio universo fílmico —eso sí, los muy cabrones parecen incapaces de hacer una peli sobre solo un personaje, llevando al extremo el dicho americano the bigger the better. En un par de años podemos encontrarnos con tres o cuatro pelis de superhéroes estrenándose anualmente. ¿Sobresaturación? Sí, pero cuando el público responde convirtiendo estas producciones en las más taquilleras año tras año, tu responsabilidad como productor de Jolibú no es otra es darle más y más y más y azotar a los espectadores con tu polla en la cara y… bueno, pues eso, que hay muchas. La popularidad de los superhéroes de cómic no es nada nuevo, de hecho se han convertido en algunos de los personajes más relevantes de la ficción en el último medio siglo, hasta el punto de trascender el medio en el que nacieron para ser ya parte de la cultura popular. Superman, Batman, X-men, Spiderman, Wonder Woman, Ironman, Hulk, Thor, Aquaman,… todos ellos responden a arquetipos de varios aspectos del ser humano, con sus claros y sus sombras. Ahí reside su fuerza y la conexión salvaje que han establecido con lectores y espectadores de todos los rincones del globo; los superhéroes son reconocibles hasta por aquellos que nos han tocado un comic en su vida —seguramente demasiado ocupados tocando teta. Así que podríamos decir que vivimos en la era de los superhéroes. ¿Exagerado, me llamáis? Los cojones, grito yo en respuesta.

Plantearos lo siguiente, ¿cuantas veces os habéis cruzados por la calle con alguien que llevaba una camiseta de Superman, de Batman, de Capitán América…? joder, si lo más probable es que vosotros tengáis una en el armario —yo tengo una de Superman y me queda mejor que a vosotros. Son un elemento tan establecido de la cultura occidental como las obras de Shakespeare o Cervantes, y mueven tantos miles de millones que llamar a alguien friki por leer comics ha perdido todo el sentido. ¡Friki tú, que tienes novia y trabajo! Todos sabemos quién es Batman —¡¡¡BRUCE WAYNE!!! Shhhhhh, es un secreto—, del mismo modo que reconocemos a personajes ficticios como el Quijote, Aquiles, Hamlet, Frankenstein, el jodido Rey Arturo, Ulises y Hércules sin necesidad de haber leído las obras o mitos en los que nacieron. Todos ellos se han convertido en parte del lenguaje común que todos compartimos, independientemente de nuestro background cultural o lugar de origen. Los mensajes grabados en sus historias son lo bastante poderosos como para haber vivido miles de años pasando de generación en generación. Ellos son nuestros modelos a seguir, nos enseñan la diferencia entre el bien y el mal, a amar y a lidiar con emociones que no somos capaces de entender, y todo esto a pesar de ser personajes de ficción, es decir, que no existen en la vida real —lo siento niños, pero Ironman son los padres.

¿Cuál es el ingrediente secreto que mantiene a los superhéroes y a su narrativa en la cumbre de la cultura popular? ¿Qué valores transmiten y qué reflexiones nos inspiran sobre nuestra sociedad? A diferencia de la mayoría de obras de ficción, los cómics de superhéroes siguen siendo publicados cada año, reformulados y readaptados a cada nueva realidad. Nuestros superhéroes cambian de sexo, de raza, salen del armario y se enfrentan a problemas mundanos al mismo tiempo que lidian con situaciones fantásticas. De una forma orgánica se han acabado convirtiendo en una mitología universal que abarca más fieles que muchas de las religiones mayoritarias del planeta. Y no, no estoy sugiriendo que alabemos a Hulk como nuestro nuevo mesías —aunque deberíamos. La mitología está muchas veces ligada a la antigüedad y parece que carezca de relevancia en las sociedades modernas, pero lo cierto es que cada época y cada cultura crea sus propios mitos y los transmite de manera transversal. Los superhéroes cumplen una función muy similar a la que cumplían los mitos clásicos. Las figuras heroicas de la mitología clásica servían como paradigmas tanto de fuerza física como de integridad moral, su existencia se debía al deseo de entretenimiento, de disfrutar de los cuentos que estos héroes protagonizan, pero a la vez servían un propósito social. Jerry Siegel, creador de Superman, reconocía abiertamente como la inspiración para el personaje le surgió de figuras como Hércules o Sansón.

Si le arrancamos el revestimiento religioso a los mitos clásicos, lo que nos queda es un mecanismo cultural para transmitir valores y formas aceptables de comportamiento social. Ese es el papel de los superhéroes en nuestro mundo, su popularidad los ha convertido en una de las muchas herramientas que tanto como individuos como colectivo empleamos para analizar los valores morales que nos unen, y construyen los ideales a los que aspiramos muchas veces sin ser conscientes de ello. La conexión entre mitología y superhéroes supera en muchas ocasiones la referencia explícita, como puede ser en el caso de Thor, las dos constituyen formas de un mismo discurso universal que trasciende el tiempo y el espacio. Poseen características similares, creando y expandiendo una categoría de personaje de ficción independiente dentro de la tradición occidental.

Así que si sois de los pocos que todavía no habéis visto Los Vengadores 2 y que por lo tanto no habéis tenido la oportunidad de compartir vuestra opinión sobre la peli en las redes sociales —por el amor de dios, ¿por qué todos estáis dando la brasa con vuestra lectura de la peli?—, id a verla, sentaos en vuestra butaca y contemplad a los seres humanos que os acompañarán durante las dos horas de disfrute que os esperan. Ellos comparten con vosotros mucho más de lo que las apariencias puedan sugerir.

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