Acaba todo lo que empieces.

Uno de los aspectos más difíciles a la hora de escribir relatos o novelas es ser capaz de terminar lo que uno empieza. Existen muchas razones por las cuales deberías acabar toda la mierda que empiezas a escribir, pero la más importante para mí es que para llegar a ser un buen escritor —ya no hablemos de uno jodidamente bueno— tienes que escribir. Escribir mucho. Escribir desde el principio hasta el final. Y escribir más una vez has acabado. Si escribes cuarenta principios y ningún final, ¡ay amigo!, estás bien jodido. Tienes que aprender a completar el trabajo. Acaba todo lo que empieces.

Sí, lo sé, podrías decirme ‘’es que no me acaba de gustar lo que estoy escribiendo, se me ha ocurrido una idea mejor, es que echan Mujeres, hombres y viceversa en la tele’’ y te entiendo. ¿Quién podría resistirse a la llamada de las tronistas? ¿Has visto que castañas tienen? Pero antes de hacerlo quiero que te mires en el espejo. Lo digo en serio, hazme caso. Mira a los ojos al hombre/mujer/chaval/dragón-de-tres-cabezas que eres y dime lo que ves. Exacto. Alguien que no acaba lo que empieza. Ninguna de las mil cosas que empieza.

Lo que hace tan difícil escribir una buena novela es que no existe una fórmula mágica que uno pueda seguir. Escribir una novela no es algo que salga de forma natural ni sigue ninguna lógica conocida por el hombre. La única forma de alcanzar el nivel de conocimiento necesario es a base de práctica, de mucha práctica. De escribir texto tras texto tras texto. Mejorar en cada nueva historia que decides contar, aprender de los errores cometidos, ponerte retos nuevos y exigirte más. No hay manual de escritura ni taller literario en el mundo que pueda reemplazar el simple hecho de pegar el culo a la silla y escribir. Necesitas trabajar la disciplina necesaria para terminar tus textos. Debes entrenar tu musculo narrativo. ¡No ese no! Aparta la mano de tu cimbrel, pervertido.

En mi caso, como sabrás si has leído algo mío, no he nacido con un talento innato para la narrativa. No soy Stephen King, ni Paul Auster, ni Isaac Asimov ni el jodido James Joyce. Ellos son/eran genios. Yo no, como la mayoría de mortales. Por supuesto, la parte instintiva de escribir es divertida. Cualquiera puede imaginarse un escenario original o una escena de batalla espectacular. ¿Pero estructurar una novela entera? Eso es jodidamente difícil. Necesitas saber cómo desarrollar una trama de principio a fin. Y si, como me pasa a mí, no eres un genio, la única forma de adquirir la habilidad necesaria es a base de picar piedra. No todo lo que acabes será una obra de arte. Tal vez ni siquiera sea publicable. No pasa nada. Es una etapa más que tienes que quemar para poder llegar más arriba.

La carrera literaria de cualquier autor se basa en la habilidad de entregarle al mundo un trabajo tras otro. El encadenar proyectos te concede el impulso necesario, te hace estar cada vez más cómodo en el papel de narrador. No se hace más fácil, pero si menos doloroso. Es como el sexo anal, la primera vez puede ser algo incomoda, pero cuanto más lo haces, menos fricción... No, mal ejemplo. Haber, es como correr. Los primeros días que te pones las zapatillas y sales a la calle acabas vomitando los pulmones al llegar a la esquina. Pero cuanto más lo haces más lejos acabas llegando. Ese impulso que ganas a medida que vas acumulando relatos y novelas se retroalimenta, y para poder mantener la maquinaria en marcha debes llegar hasta el final.

Doy por sentado de que de vez en cuando lees algún libro. Te habrás dado cuenta de que todos tienen un final —lo siento, spoiler. Cualquier relato, cualquier novela, tiene un final. Aprender a escribirlos es también importante, y solo se consigue terminando todo lo que empieces. Además, si lo que has acabado no te convence, siempre puedes revisarlo. No olvides que escribir es cuando vomitamos las palabras sobre la página en blanco. Revisar es lo que viene después, cuando las golpeamos contra la pared para que no sean una puta mierda. No importa cuán desencantado estés con un texto durante la escritura, lo podrás arreglar una vez terminado. Pero SOLO una vez terminado.

Acaba todo lo que empieces. ¿Cómo te lo tengo que decir? No querrás ser uno de esos escritores a los que la gente les pregunta si han terminado su novela y se quedan mirando al vacío con la boca abierta y se mean encima. Acaba todo lo que empieces. Lo digo en serio. Te estoy vigilando. Como me cruce contigo y no hayas terminado lo que sea que estés escribiendo te voy a decapitar con un cortaúñas y voy a utilizar tu cráneo de orinal. No estoy de coña. No sabes lo que me fastidia levantarme por la noche para ir al baño. Está muy lejos. Así que déjate de hostias y ACABA LO QUE EMPIECES, JODER.

2 comentarios:

  1. Cuánta razón llevas, Pau...

    No acabar lo que uno empieza es como llevar un puñal clavado en el corazón.
    El mío, por cierto, parece un jodido colador.

    Estás progresando a pasos agigantados, company.
    Sigue así: ¡lo que haces mola mucho!

    Saludos,

    JM

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    1. Gràcies! Al final es tracta sempre de passar-ho bé amb el que fas ;)

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