The Last Days on Mars (Ruairi Robinson, 2013)


 

Ficha artística
Título: The Last Days on Mars. País: Reino Unido e Irlanda. Año: 2013. Director: Ruairi Robinson. Guion: Clive Dawson (basado en el relato ‘’The Animators’’ de Sydney J. Bounds). Actores: Liev Schrieber (Vince Campbell), Romola Garai (Rebecca Lane), Elias Koteas (Charles Brunel), Olivia Williams (Kim Aldrich). 

¿De qué va?
 Un equipo científico estacionado en la base Tantalus de Marte pasa las últimas horas de su misión a la espera de la llegada de su relevo, después de seis meses en el planeta rojo. Su tarea consiste en investigar los sustratos del planeta, recoger muestras y preparar la base para el siguiente equipo. Todos están deseando regresar. Las tensiones dentro del grupo han ido creciendo, pero su estancia hasta ese momento ha pasado en la más absoluta monotonía. Uno de los científicos, Marko (Goran Kostic) investiga indicios de lo que podría ser uno de los descubrimientos más importantes de la historia cuando la tierra se abre bajo sus pies, tragándoselo por completo. A partir de ese momento, una pesadilla se desatará amenazando la vida del resto del equipo y tal vez del resto de la humanidad.


¿Qué tal es?
Marte ha sido explorado varias veces en el cine durante la última década, dejando más decepciones —las desastrosas Misión a Marte (Brian de Palma, 2000), Planeta Rojo (Anthony Hoffman, 2000) y John Carter (Andrew Stanton, 2012) siendo claros ejemplos— que otra cosa. A pesar de unos antecedentes tan desalentadores, The Last Days on Mars, basada en un relato corto de Sydney J. Bounds, consigue llevarnos a un planeta rojo aterrador y lleno de tensión, haciendo maravillas con un presupuesto más propio del cine independiente que de las grandes producciones de ciencia ficción de Hollywood. A pesar de su ambientación extraplanetaria, estamos ante una genuina película de terror.

The Last Days on Mars se sitúa, valga la redundancia, en los últimos días (más bien horas) de un equipo científico antes de que sean relevados y puedan volver a la tierra. Después de meses aislados y como suele pasar dentro de cualquier grupo de gente que trabaja bajo presión, las emociones están a flor de piel entre todos los miembros del equipo. Entre ellos tenemos a un capitán, interpretado por el siempre eficaz Elias Koteas, que a pesar de su experiencia parece estar perdiendo el control sobre la misión, una agresiva científica (Olivia Williams) dispuesta a todo por no volver a casa con las manos vacías, y un astronauta (Live Schrieber) que sufre de ataques de ansiedad en los momentos más inoportunos. El resto de personajes no hacen sino añadir más inestabilidad a la mezcla, todos sufriendo de sus propios problemas y miedos, y el director irlandés Ruairi Robinson le dedica el tiempo necesario a cada personaje para que podamos saber de qué pie cojean todos, sin que el ritmo del film se resienta por ello. Los personajes tienen profundidad y motivaciones, no son simple carne de cañón, y las relaciones personales y motivaciones de cada uno se establecen de manera clara y seria.


A pesar de lo notable del trabajo dramático, el mayor mérito de esta película es sin duda la solidez de la fotografía y la puesta en escena. Aun contando con un presupuesto muy limitado para trabajar, los paisajes marcianos que vemos—rodados en el desierto de Jordania—, la estación y los vehículos espaciales son absolutamente creíbles, sin rastro del cartón piedra barato de algunas producciones de mayor presupuesto, y la tecnología que aparece representada parece más que plausible, lo que nos facilita la tarea de entrar en la historia. La atmósfera áspera y oscura de la película inevitablemente recuerda a Alien (Ridley Scott, 1979), con su entorno claustrofóbico en el que los personajes tratan de sobrevivir a contrarreloj ante una amenaza de origen desconocido, pero también a otras películas de sci fi como Moon (Duncan Jones, 2009) o 2001: Una odisea en el espacio (Stanley Kubrick, 1968). Es fácil creerse que un grupo de gente lleva meses viviendo en ellos, lo que añade un punto de realismo a la puesta en escena que ayuda a elevar la angustia cuando empieza la carnicería.

El mayor lastre de la película es que la parte de terror de la película es bastante convencional. El aterrador descubrimiento resulta ser un tipo de bacteria que infecta a todo aquel que entra en contacto con ella. Como en Alien o La cosa (John Carpenter, 1962), tenemos un agente alienígena que desata una lucha por la supervivencia de los protagonistas, pero el punto de originalidad viene dado porque… ***ATENCIÓN SPOILER*** …los astronautas infectados se convierten en zombis espaciales. La segunda mitad de la película se vuelve básicamente en una repetición de la narrativa a la que ya estamos acostumbrados en el cine de podridos. Reconozco que la sobresaturación de zombis que hemos vivido en los últimos tiempos puede hacer que alguien no-fan del género prefiera masticar una bala a ver otra peli de muertos vivientes, por mucho que esta esté situada en otro planeta. Sin embargo, la propuesta está bien ejecutada y tiene una identidad propia, metiéndote de lleno en los peligros y pesadillas que el cine tradicionalmente ha atribuido a la exploración espacial. 


Es cierto que todos los elementos que se mezclan en The Last Days on Mars tienen un cierto regusto a déjà vu, y quien esté familiarizado con la ciencia ficción y las pelis de zombis difícilmente se verá sorprendido por lo que acontece en pantalla. No hay tampoco grandes sustos o escenas sangrientas para satisfacer al espectador de terror veterano. Pero tampoco pretende ser lo que no es ni se viste con el tufillo a intelectualismo que emana de propuestas recientes dentro del sci fi —véase la infladísima Gravity (Alfonso Cuarón, 2013)—. Se trata simple y llanamente de una historia de terror y supervivencia, llena de momentos de tensión y siluetas que aparecen entre las sombras en el vacío del espacio, en las tormentas de arena marcianas y que te persiguen implacablemente.

Junto con la excelente Europa Report (Sebastián Cordero, 2013), The Last Days on Mars es una de las películas de ciencia ficción que mejor ha conseguido navegar por el terror recientemente, sin dejar de regalarnos una buena historia de exploración espacial. Las múltiples referencias que pueblan su metraje son un homenaje interesante a un tipo de cine que ya no se hace. En definitiva, una propuesta que ningún fan al terror espacial se debería perder.


Lo que más mola: la puesta en escena es espectacular a pesar de la falta de medios. Los efectos especiales no son espectaculares pero consiguen alcanzar un nivel de realismo notable tanto como película de ciencia ficción como de terror.

Lo que menos: que poco en ella sea realmente original. Es por momentos un ‘grandes éxitos’ de varios géneros sin llegar a ir nunca más allá del género en el que se mueve.

Valoración: 4/5


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