Snowpiercer (Bong Joon-ho, 2013)


Ficha artística
Título: Snowpiercer. País: Corea del sur. Año: 2013. Director: Bong Joon-ho. Guion: Bong Joon-ho y Kelly Masterson (basado en la novela gráfica Le Transperceneige de Jacques Lob, Benjamin Legrand, Jean-Marc Rochette. Fotografía: Hong Kyung-pyo. Música: Marco Beltrami. Reparto: Chris Evans (Curtis Everett), Song Kang-ho (Namgoong Minsu), Go Ah-sung (Yona), Jamie Bell (Edgar), John Hurt (Gilliam), Tilda Swinton (Mason), Octavia Spencer (Tanya), Ed Harris (Wilford), Ewen Bremner (Andrew) y Luke Pasqualino (Grey)

¿De qué va?
El mundo es un tren. En un futuro cercano, una crisis ecológica ha congelado el planeta, dejando a los supervivientes encerrados en un tren gigantesco en perpetuo viaje alrededor del mundo. Dentro del tren la sociedad se ha ordenado por clases, en relación directa al vagón que ocuparon cuando subieron a bordo. La elite ocupa los vagones delanteros de primera clase, mientras los pobres viajan en los sobrepoblados vagones de cola. Uno de estos últimos es Curtis, quien se prepara para liderar la enésima rebelión.


¿Qué tal es?
Snowpiercer, debut en inglés del genial director coreano Bong Joon-ho —Memories of Murder (2003), The Host (2006)—, es una de las películas de ciencia ficción más esperadas por los fans del género y no dejará a nadie frío. Con un presupuesto de 40 millones de dólares (la producción coreana más cara de la historia) y basada en una novela gráfica francesa de culto, Le Transperceneige, la película nos transporta a un futuro postapocalíptico causado por el intento fallido de revertir el calentamiento global, que acaba desatando una nueva edad de hielo. Los últimos despojos de la humanidad se reparten a lo largo (y no muy ancho) de un tren en infinito viaje. En un mundo claustrofóbico y sucio encontramos a nuestro héroe, el Capitán América, digo la Antorcha Humana, quiero decir Curtis (Chris Evans), uno de los pasajeros de segunda clase que viven oprimidos por los pasajeros de primera. La segregación en la que se organiza el tren, ideada por el propietario del mismo, Wilford (Ed Harris), es la fuente del conflicto principal de la película.

 

La historia va directa al grano desde el principio. Empezamos con la preparación de la rebelión por parte de Curtis y Edgar (Jamie ‘Billy Elliot’ Bell), hartos de que el cuerpo de seguridad los alimente con barritas energéticas, se lleve a sus niños y les ampute extremidades. La clave para poder llegar a la cabeza del tren y tomar el control del motor pasa por liberar a Nam —interpretado por un maravilloso Song Kang-ho, que deberías recordar, entre otras, de Thirst (2009, Park Chan-wook—, el drogadicto diseñador de los sistemas de cierre de las puertas que separan cada vagón. A ellos se une la hija de Nam (interpretada por Ko Ah-sung, quien también interpretaba al hija de Song Kang-ho en The Host), una yonki como su padre con la habilidad de percibir que se esconde detrás de cada puerta. A partir de ahí avanzamos con la rebelión a través del tren, descubriendo con cada nuevo vagón diferentes mundos y secretos terribles que harán que nos planteemos si existen realmente victimas en esta historia. Porque el argumento real de Snowpiercer no es otro que la capacidad del ser humano para putear al prójimo. Los rebeldes parecen luchar por la causa justa, la libertad y la igualdad, pero estos no son los héroes blancos que la narrativa suele vendernos en este tipo de producciones.

 

El punto de partida toca ciertos aspectos comunes en el cine distópico (sin ir más lejos, los fans de la saga Los juegos del hambre reconocerán el entorno familiar), pero el hecho de que la producción no sea americana y que no tenga como objetivo atraer al público adolescente a las salas nos regala algunos momentos realmente sangrientos y actuaciones más sólidas. Por ejemplo, y sin entrar en detalles, no hay que perderse por nada del mundo la batalla con hachas que se libra en uno de los vagones. Aun así, no es esta una película de acción al uso y la moral detrás de cada paso que dan los personajes es tanto o más importante que la acción que se muestra en pantalla. En este sentido, la buena mano de Bong Joon-Ho es la verdadera estrella de la película. En un panorama cinematográfico donde las campañas publicitarias se ponen en marcha antes incluso de que se ruede una sola escena, la figura del autor es cada vez más rara de ver fuera de producciones modestas. Por eso encontrarte un film de ciencia ficción ambicioso y tan bien rodado, tanto a nivel narrativo como en el aspecto visual, es de agradecer.

Todos los actores realizan un trabajo notable, desde Chris Evans como héroe lacónico, hasta Song Kang-ho. Pero sin duda los personajes más interesantes son los villanos de la historia, interpretados por una Tilda Swinton histriónica y Ed Harris. Suyos son los personajes con más profundidad de la película. Snowpiercer es una de las películas postapocalípticas más interesantes de los últimos años y con más lecturas políticas y sociales, a pesar de que a veces esa moralidad inherente al tema se vuelve demasiado evidente y, debido a eso, su mensaje pierde algo de fuerza. Esa obviedad temática, junto con algunos efectos generados por ordenador bastante flojos en comparación con el valor de producción del resto, son los puntos más flojos del film, aunque no restan ni mucho menos valor al conjunto en general. El tren sirve de metáfora perfecta para el mundo en el que vivimos hoy en día, donde el statu quo establecido en las sociedades modernas maltrata a los más desafortunados y alimenta rebeliones periódicas por todo el globo. La pregunta que nos plantea Snowpiercer es hasta qué punto, llegado el momento, se merece la raza humana sobrevivir a su propio afán autodestructivo.

 

En definitiva, estamos ante una obra de ciencia ficción provocativa e inteligente y que, a pesar de no contar con Sandra Bullock jugando al pinball entre estaciones espaciales, plantea preguntas y reflexiones que no dejaran indiferente a nadie. Todos los aspectos de la película están bien trabajados y su visionado es tan fluido que, sin tener un ritmo rápido de por sí, se siente ágil y nada pesado. Es además una película adulta en su tema y en como lo trata, sin imponerse limites por miedo a disgustar a determinada audiencia. Bong concede al espectador el respeto de considerarlo lo bastante inteligente por para saber leer entre líneas cuando es necesario. En resumen, una película que todo fan (y no fan) del género debería de ver a la mínima oportunidad.

 

Lo que más mola: el binomio creativo de Bong Joon-ho y Song Kang-ho está a la altura en su debut en una producción en inglés, y nos demuestran que el cine coreano es probablemente una de los más interesantes y modernas industrias del mundo, por delante de muchas cinematografías occidentales.

Lo que menos: que no llegará a nuestras pantallas hasta mayo, una auténtica lástima tener que esperar tanto para ver una película muy superior a la mayoría de títulos que pueblan la cartelera española.

Valoración: 5/5


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