These Final Hours (Zak Hilditch, 2013)

 

Ficha artística

Título: These Final Hours. País: Australia. Año: 2013. Director: Zak Hilditch. Guion: Zak Hilditch. Música: Cornel Wilczek. Reparto: Jessica De Gouw (Zoe), Daniel Henshall (Freddy), David Field (Radio Man), Sarah Snook (la madre de Mandy), Nathan Phillips (James) y Angourie Rice (Rose).


¿De qué va?
Quedan apenas unas horas para el fin del mundo. Una bola de fuego se acerca hacia Australia mientras James y Zoe esperan juntos. James quiere ir a una fiesta que ha organizado un amigo suyo y emborracharse y colocarse para no sentir nada cuando el momento llegue. Zoe, en cambio, quiere estar sobria. Cuando Zoe le confiesa que está embarazada, James se va incapaz de soportarlo. De camino a la fiesta se encuentra con una niña, Rose, apunto de ser violada por dos hombres. James la rescata y se ve de pronto confrontando la responsabilidad que por tanto tiempo ha tratado de rehuir.


¿Qué tal es?
El pasado festival internacional de Sitges resultó un tanto decepcionante para un servidor. Tuve la oportunidad de ver un buen número de producciones de terror y ciencia ficción, pero ninguna que realmente me dejara buenas sensaciones. No es de extrañar que la única excepción fuera esta, These Final Hours, vivir en Australia un año me ha dejado con un cierto gusto por todo lo que viene del Down Under. Se trata además de una de las películas apocalípticas con más corazón y humanidad que he visto nunca, una auténtica joya para quien guste de este tipo de historias al límite. Zak Hilditch, el director y guionista de la película, nos presenta un escenario desquiciado y peligroso, en el que la gente vive sus postreras horas sin la máscara civilizada que todos vestimos en nuestra vida diaria.

En la última década el género apocalíptico y postapocalítpico ha sido una de los más prolíficos tanto en el cine como en la literatura. Nos hemos encontrado con centenares de historias de personajes luchando por sobrevivir contra toda probabilidad, ya sea contra hordas de zombis, invasiones alienígenas o desastres naturales de toda índole. Sin embargo para mí las mejores historias apocalípticas son aquellas que contraponen lo mundano de las vidas de sus personajes al terror surreal del fin de la vida en la tierra. No hace mucho Take Shelter (Jeff Nichols, 2011) nos enseñó que el apocalipsis nos puede ofrecer, al mismo tiempo, un espejo fantástico para ver reflejadas nuestras miserias humanas. En These Final Hours encontrarnos con una vuelta de tuerca más a un escenario ya conocido, ya que desde el primer minuto se nos dice que ya no queda ninguna esperanza y que el final es inevitable. En este contexto desesperado nos encontramos a James, un drogadicto que ha dejado embarazada a su amante, Zoe. En vez de hacer lo correcto y quedarse con ella para pasar juntos sus últimas horas, James hace lo que muchos haríamos y no nos atrevemos a reconocer: se acojona y sale por piernas. Su idea es llegar a la fiesta que ha montado un amigo suyo en su casa, ponerse hasta el culo y tirarse a su novia mientras aún le quede tiempo —¿Y quién podría culparle?


Un aspecto remarcable del guion es que en ningún momento nos explican el porqué de ese inevitable final. Un meteorito, un supervolcán, el nuevo disco de Melendi,… vuestras teorías son tan buenas como la mía. La razón de ello es que poco importa que nos den los detalles científicos y explicaciones sobre lo que sucede cuando lo realmente interesante de la historia son las reacciones y decisiones que toman los personajes. James se convierte en nuestro punto de vista a través del cual recorremos unas calles donde la gente se ha abandonado al salvajismo más puro, o al menos aquellos que no han decidido acabar por lo rápido con sus vidas. Sus planes para adormecer sus sentidos y así no sentir nada cuando todo sea devorado por las llamas se van al traste cuando se cruza en su camino una niña, Rose, a la que rescata de ser violada por dos hombres. En contra de lo que querría, James se ve obligado a hacerse cargo de la niña y ayudarla a encontrar a su padre. El paralelismo ‘sutil’ que plantea su relación con la niña en oposición a su propia responsabilidad con el hijo que nunca nacerá de Zoe, nos hará plantearnos las mismas dudas que James debe confrontar.


Dentro de la poca información que nos da la película sobre lo que sucede en el mundo nos encontramos también con ninguna o casi ninguna pista de quien es —o era— James. La tesis que esto parece sostener es que llegados al punto en el que se encuentra el personaje, toda la información personal previa a esas pocas horas —trabajo, familia, carácter,…— resulta irrelevante respecto a sus decisiones o actos ahora. Aquellos que estén acostumbrados a que el escritor o el director de la historia les mastiquen el argumento y lo regurgiten en sus bocas cargado de detalles e información para su fácil digestión probablemente echarán en falta el saber más. Pero aquellos de vosotros que gustéis de rellenar los espacios en blanco que este tipo de historias nos plantea disfrutareis de bien seguro acompañando a James y Rose a través de la desolación de su mundo.

Los escasos 80 minutos de metraje parecen más que justificados, ya que incrementan la urgencia del argumento. En cuanto a la fotografía y el diseño de la producción la película consigue sacar mucho rendimiento a un presupuesto ínfimo, en parte sostenida por las idiosincrasias de los paisajes australianos empapados de una luz amarillenta y casi radioactiva. El sudor que transpiran las imágenes resalta una desolación que raramente encontramos fuera del terror. El aspecto nihilista del conjunto nos permite apreciar la desesperación que ahoga a los personajes que James y Rose se cruzan en su camino. Hay escenas violentas como exige el manual, pero donde realmente apreciamos la buena mano del director es en las escenas más calmadas, ya que es en las que nos damos cuenta del poco tiempo que les queda para llegar a sus respectivos destinos. Las actuaciones en general son más que sólidas, en especial la de Angourie Rice como Rose.



These Final Hours es una auténtica joya. Si tenéis un especial gusto por las historias apocalípticas descarnadas y que no se están de hostias, esta es una parada obligada. Estad preparados para un viaje difícil, de los que se disfrutan golpe a golpe. 


Lo que más mola: Lo crudo y realista de la historia. No hay explicaciones innecesarias ni una saturación de sentimientos forzados. Australia es por derecho propio la cuna del apocalipsis.

Lo que menos: La secuencia de la fiesta resulta algo tediosa.

Valoración: 4/5

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