EL ASTRONAUTA IMPOSIBLE


Cuando por fin despierta, las cenizas de la última gran guerra todavía humean, vistiendo los cielos de luto. El aroma a carne carbonizada envuelve todo el planeta, acentuado por la lluvia nociva que lleva varias décadas castigando el valle de peñascos y cristales que una vez fue la capital del imperio. Las poderosas construcciones que se habían alzado aquí restan ahora dilapidadas en la memoria de unos pocos ancianos. Entre sus restos, aún se puede percibir el color azabache de la sangre seca. No es un escenario extraño ahora. La caída del imperio se logró no sin pagar a cambio grandes cantidades de muerte a lo largo de los tres continentes magnos del planeta. 


LA VOZ DE SU AMO


La conexión que se establece entre una mascota y su amo es profunda. Un dueño atento sabe interpretar cuando el comportamiento de su animal indica que alguna cosa no va bien. Stella lo sabía, por eso cuando su humano no se levantó aquella mañana de su cama como cada día para darle de comer, la perra entendió de inmediato que algo malo sucedía. 

ENEMIGO MIO


El Dr. Giricek, el experto enviado por la corporación, es un tipo obeso y grasiento. El arduo trabajo que le supone respirar hace que sude a mares, a pesar de que la baja gravedad del planetoide hace más fácil sobrellevar el peso extra que carga él. Me observa con desgana desde el otro lado de mi escritorio, con una mirada sutilmente más avisada que la de un viejo leonberger, incapaz de entender ni una sola palabra de lo que le digo. Tal vez siete años confinado en esta estación minera de mierda han hecho mella en mis habilidades sociales.


CARNE DE CAÑÓN


¡Este agujero de mierda humeante y dejado de la mano de Dios!

El soldado Guerau de Pascal jura y maldice mientras intenta limpiar su fusil utilizando la hoja de la bayoneta para quitar la suciedad acumulada en los rincones y grietas. Lleva media hora abstraído con la tarea, pero parece no conseguir que el arma presente un aspecto digno para la batalla. El estruendo de los cañones y los disparos no ha parado en todo el día, como si una tormenta seca se hubiera propuesto derribar cada edificio de Barcelona a puñetazos. Ante la falta de suministros, los soldados llevan semanas peleándose por obtener las mejores armas y él, siendo un simple chiquillo como sus superiores le recuerdan constantemente, se ha tenido que conformar con ese trasto viejo. A pesar de todo él está vivo para ver morir un día más y por eso sabe que ha de estar agradecido.

CONVERSIÓN


El corazón ya no le late y eso le pone nervioso. No se habría imaginado nunca como de vacío y desnudo se podría llegar a sentir sin el ritmo inconstante y pastoso de ese músculo tan frágil. Tiene los ojos bien abiertos pero se descubre incapaz de ver nada. Solo una negrura tan sólida que ni dios en todo su poder sería capaz de llegar hasta él. Ha caído sin ni siquiera tocar el suelo. Siente el cuerpo incierto, sus extremidades rígidas y pesadas son como anclas que le atrapan y sus pulmones, secos, son incapaces de reclamar ni un solo gramo de aire más. La sangre se le espesa en las venas, lo nota, y la tristeza de sentir la vida escurriéndosele entre los dedos de las manos es bastante como para hacer brotar lágrimas polvorientas de sus ojos negros.