Estado de las cosas.


Sé que hay gente ahí fuera esperando la publicación de 'La Cosecha Estelar' y no puedo más que daros las gracias. Al empezar el año me marqué como objetivo diciembre como fecha para sacar la novela, pero 2016 ha sido un año muy movido. 

Entre otras cosas, me he casado (por propia voluntad!), me he sacado el carnet de conducir (por fin!), hemos adoptado un segundo perrito (con leshmania ya de serie), nos hemos mudado a Barcelona (ciudad de vacaciones), he empezado en un nuevo trabajo (de los de 8 horas diarias, nada menos), y me han regalado una play 4. 

Todo ello (sobre todo lo último) ha hecho disminuir el tiempo de que dispongo para poder trabajar en el libro. Además, como soy imbécil, me gusta encargarme de cosas como la maquetación y la portada, lo que añade un plus de dedicación. Con todo esto deciros que la novela va por buen camino (creo sinceramente que es mejor que la primera, que es algo que me llena de energía para seguir), pero tardará un poco más de lo previsto.

Deseo que al final os valga la pena la espera, y por ello trabajo con ilusión con el tiempo de que dispongo. Muchísimas gracias por vuestro apoyo.

Vuestro amigo y vecino, Spiderman.

¡Evento doble EL ASTRONAUTA IMPOSIBLE en la FANCON!


¡El Astronauta Imposible regresa este año a la FANCON de Barcelona con dos actividades!

El sábado 3 de septiembre, a las 12h del mediodía, se librará la cuarta entrega de las ya mundialmente conocidas FANDOM FIGHTS, dónde el campeón, Joel Badia, tratará de retener el título conquistado hace un año frente a los dos aspirantes, Lluís Salart y Guillem Pérez.

Y justo después, sobre el campo de batalla humeante, los autores Lluís Salart (autor de PROYECTO MARTE) y Pau Varela (autor de PANDORA DESPIERTA y EL ETERNO RETORNO) presentarán su obra y firmarán libros (los suyos y, si hace falta, los de otros).

¡Estáis todos invitados!

Qué estoy leyendo y por qué deberíais leerlo vosotros también.

Elantris, de Brandon Sanderson


El gran Víctor Blanco ha organizado un club de lectura de literatura fantástica y ciencia ficción en Barcelona, que tendrá su primer encuentro oficial en septiembre en la Librería Chronos. La lectura con la que se inaugura es Elantris, novela que puso en el mapa a Sanderson hace ya más de una década. Mi relación con Sanderson es un tanto problemática. Steelheart me dejó bastante indiferente al leerla, e incluso me costó acabarla, pero he visto varias de sus presentaciones y he seguido sus clases en escritura creativa y, la verdad, me parece una persona brillante. Así que con la excusa del club de lectura, y sabiendo que el bueno de Brandon tiene vuelo comprado para Barcelona, esta es mi oportunidad de reconciliarme con su obra. Lo que llevo leído hasta el momento me está gustando. Raoden en especial me parece el personaje con el que empatizo más y que tiene la trama más interesante, al menos para mí, alejada de la típica intriga palaciega que se suele encontrar en este tipo de novela. Me queda mucho por leer pero tengo ya ganas de poderla comentar con el resto de compañeros. Por cierto, si estáis interesados en sumaros al club, no dudéis en contactar con Víctor, seguro que seréis bienvenidos.

Star Wars: Aftermath: Life Debt, de Chuck Wendig


Aftermath fue uno de los libros más controvertidos del año pasado dentro del fandom. Por un lado, se publicó antes del estreno de El Despertar de la Fuerza, y mucha gente esperaba que ofreciera respuestas a las miles de preguntas que nos hacíamos sobre la nueva entrega llegada desde esa galaxia muy muy lejana, a pesar de que la trama no tenía más que sutiles conexiones tanto con la peli como con los personajes de la trilogía original. Por otro lado la voz de su autor, Chuck Wendig, es muy característica y nada neutra. Una narración en tercera persona y tiempo presente es algo que por lo visto no acabó de cuajar bien con algunos lectores. Añádele que se trataba de la primera novela dentro del nuevo Universo Expandido, tras la decisión de Disney y Del Rey de relegar las novelas previamente publicadas a los largo de más de tres décadas a la categoria de 'Leyendas' (aunque, seamos sinceros, poco importa las etiquetas que se le cuelguen, las buenas novelas perduran en el imaginario colectivo como se pudo comprobar con el regreso de Thrawn en la pasada Star Wars Celebration), y la presencia de un personaje protagonista abiertamente gay, y tienes un cocktail perfecto para recabar reacciones de todo tipo. Sin embargo, la novela tenía muchos puntos fuertes y disfrutables, una vez te libras de la desmedida expectativa, y tengo que decir que Life Debt la supera con creces. La trama explora la relación entre Chewbacca y Han Solo, aunque desde la perspectiva de los personajes de la primera novela, encargados de rescatar a los dos héroes de las manos de lo que queda del imperio. Tenemos además la oportunidad de pasar más tiempo Leia, en su nuevo papel como líder de la Nueva República, e incluso se nos revelan algunos aspectos relacionados con la nueva trilogía.

The Praxis, de Walter Jon Williams


La ciencia ficción viene en varios sabores y colores; los hay que prefieren su cifi arraigada en la realidad, en la extrapolación y la exploración plausible del desarrollo científico y tecnológico. Yo, en cambio, tiendo a disfrutar de la vertiente más lúdica del género, del space opera, de las grandes batallas espaciales, de la épica y los personajes carismáticos rozando la caricatura. Es por ello que sigo fielmente sagas como The Expanse, por lo que admiro a Peter F. Hamilton, y, en definitiva, es lo que siempre me ha atraído al género. En este caso tenemos una novela sobre la caída de un vasto imperio galáctico, razas alienígenas y la gestación de una guerra. El inicio de The Praxis es algo lento, al tiempo que vamos conociendo el universo en el que tiene lugar la historia y se nos va introduciendo a los dos personajes principales, pero a medida que la historia coge ritmo la novela se vuelve muy adictiva. Especial mención a como Williams narra las batallas espaciales, de lo mejorcito que he visto en este aspecto en mucho tiempo.

DETENTION (Joseph Kahn, 2011)



Título original:
Detention. Dirección: Joseph Kahn. Guión: Joseph Kahn y Mark Palermo. Música: Brain & Melissa. Fotografía: Christopher Probst. Producción: Detention Films. Distribuida por: Sony Pictures. Fecha de estreno: 13 de abril de 2012. País: EEUU. Presupuesto: 10 millones. Reparto: Josh Hutcherson (Clapton Davis), Shanley Caswell (Riley Jones), Spencer Locke (Ione Foster / Sloan Foster), Aaron David Johnson (Sander Sanderson), Walter Perez (Elliot Fink), Dane Cook (Director Karl Verge), Yves Bright (Sr. Kendall), Parker Bagley (Billy Nolan), Tiffany Boone (Mimi), Jonathan "Dumbfoundead" Park (Toshiba) y Travis "Organik" Fleetwood (Gord).

Sinopsis:

Riley quiere morirse. Vamos, como cualquier adolescente que se precie. El amor de toda su vida, el carismático Clapton Davis, está a su vez enamorado hasta las trancas de Ione, la típica rubia animadora y presumida que, para más inri, solía ser la mejor amiga de Riley. Sus vidas se complicaran más allá del ‘’qué me pongo para el baile de graduación’’ cuando un asesino empiece a descuartizar a los alumnos de su instituto a diestro y siniestro. El brillante plan del inepto director del instituto no es otro que castigar a los alumnos más rebeldes durante todo un día para así evitar más muertes. Lo que seguirá es uno de los viajes más locos y postmodernos del cine de los últimos años.


Joseph Kahn
es uno de los cineastas que todo amante del cine moderno debería tener en su órbita, por lo que pueda pasar (¿y lo bien que queda decir aquello de ‘’yo ya sabía que este tío era bueno’’ delante de los colegas? No me neguéis que os pone un poco palotes). Kahn solo ha firmado dos largometrajes a pesar de tener una carrera en el mundo de la realización de clips musicales que se expande a lo largo de un cuarto de siglo. Del primero, Torque (2004), no vamos hablar (¿por qué? os preguntareis, pues porque este post lo estoy escribiendo yo, por eso). Es la segunda, Detention, la que tenéis que ver ya mismo.

Detention es la clase de película que sabes perfectamente si te va a gustar o no después de ver solo los primero 5 minutos. Si eres la clase de persona que siempre anda buscando algo nuevo y diferente que degustar, te vas a meter de lleno en un viaje alucinógeno de los buenos. Si solo quieres que te cuenten lo mismo por enésima vez, de la misma manera que te lo han contado antes, sal cagando leches de aquí y no vuelvas porque esta película tiene mucho más cerebro que tú. La narración no te da ni un respiro para que puedas tratar de encontrarle sentido a su trama, la estética y la saturación de referencias a la cultura popular (en especial de la década de los 90) es tal, que si pestañeas tan solo un segundo te puedes perder un guiño u homenaje.


Hay tantos géneros triturados y esparcidos aparentemente al azar en ella que puedes acabar teniendo la sensación de estar viendo varias películas a la vez. Hay terror, slasher, violencia, viajes en el tiempo, aliens, metaficción y música rematadamente buena. El resultado es satisfactorio para algunos, e insoportable para muchos. Y es que la forma en la que el film está concebido es un corte de mangas nada disimulado a la manera de realizar películas tradicional. Kahn tuvo que producirse él mismo la película, y no es de extrañar. En ella es capaz de encapsular el boom cultural de los últimos veinte años, el tipo de documento histórico que generaciones posteriores verán para poder entender el desastre en el que vivimos hoy en día.

El caos planificado que son sus 90 y pocos minutos de metraje es seguramente la muestra de cine postmoderno más extrema que encontraréis, capaz de hacer llorar a Birdman (Alejandro González Iñárritu, 2014) de vergüenza. El plano sin cortes en el que uno de los estudiantes castigados relata cómo lleva en esa aula nada más y nada menos que 19 años es arte puro en movimiento. Aun así, como la vida misma, Detention no está libre fallos. Los saltos temporales y como estos afectan a los personajes hacen que por momentos el ritmo trepidante se atasque un poco, y la ilusión que sostiene toda la película se desvanece en algunos momentos. Josh Hutcherson está ahí y se puede ver que su capacidad para actuar es tan buena como lo que vemos en la saga de Dónde está Peeta Los Juegos del hambre, pero también hay que reconocer que ayudó a producir la película así que, hey, bien por ti Peeta.


Desgraciadamente —y, porque negarlo, no es ninguna sorpresa— Detention pasó sin pena ni gloria por las pantallas de medio mundo. Pero tú que evidentemente eres una persona culta y con inquietudes, no puedes dejar pasar una obra como esta. Así que ya sabes que hacer esta noche, y una vez la hayas visto no dudes en volver para darme las gracias.

Revelamos la portada de LA COSECHA ESTELAR

Nos complace presentaros la portada para LA COSECHA ESTELAR, segunda entrega de la trilogía iniciada con EL ETERNO RETORNO, y que sigue las historias de Nolan Solari, Térica Oswald y Aziz Sagan a través de un Sistema Solar en guerra y amenazado por la sombra de un viejo enemigo. Épica espacial y grandes dosis de acción se combinan con escenarios postapocalípticos en una obra que bebe del space opera más palomitero.


Si todavía no habéis leído El Eterno Retorno, no dejéis de visitar LEKTU para haceros con un ejemplar en el formato que más gustéis.

La fecha prevista de publicación es diciembre de este mismo año, así que permanezcan atentos a sus pantallas...

¡Estamos en Lektu! (También en papel)

¡Muy buen... Feliz... Hoy es lunes para todos!

Siempre he sido de la opinión de que el formato del libro electrónico será uno de los pilares del mercado editorial, sobre todo para la literatura de género, dado que su público está quizás más acostumbrado a consumir entretenimiento digital. Por eso cuando publiqué Pandora Despierta para mí fue muy importante que estuviera disponible en Lektu (hay vida más allá de Amazon, por imposible que parezca). Considero que es uno de los portales de libros electrónicos que mejor están entendiendo cómo debe funcionar la distribución de este tipo de contenido por la cantidad de opciones que nos ofrece a los autores para hacer llegar nuestra obra al lector de la forma más justa posible. 


Pero evidentemente el libro electrónico no está aquí para reemplazar el formato físico tradicional, si no más bien para complementarlo (sin ir más lejos, yo mismo tengo lectores que adquieren los dos formatos por comodidad). Por eso me hace especial ilusión poder anunciar que desde hoy aquellos de vosotros, amantes del papel, que así lo queráis podéis adquirir El Eterno Retorno y Pandora Despierta en su formato físico desde Lektu (esperamos poder añadir Proyecto Marte en un futuro cercano).


Así que clicad aquí, pasad y disfrutad de la lectura.

Fandom Fights (Cine The Warrior)


El mes pasado nos invitaron a participar en las sesiones de cine The Warrior, con una Fandom Fight librada en la media parte de la proyección de dos pelis de esas que solo los que de verdad amamos el cine veríamos encantados. Fue todo un placer poder pasar la tarde con gente majísima, pasarlo tan bien e incluso poder participar en el rodaje de la próxima película de Wakaliwood. Alan Ssali nos contó de primera mano la labor que están llevando a cabo en Uganda, junto a Nabwana Isaac Godfrey, para levantar de la nada una industria cinematográfica basada en el amor puro por el cine. Si no sabéis qué es Wakaliwood, por favor, por favor, por favor, clicad aquí.

Los luchadores excelsos en esta ocasión (entrega número 3 de las Fights) fueron Joel Badía, Guillem Pérez, Ángel Naut y Santi 'Pistachin' Arcos. El formato fue el de una 'final four', con dos semifinales y un gran debate final. Contra todo pronóstico, Ángel, debutante en las Fights, se llevó la victoria final ante un público entregado. Desde El Astronauta Imposible nos gustaría agradecer a Danil T. Kirk por invitarnos y hacernos descubrir el The Warrior, volveremos seguro.

¿Habrá más Fandom Fights? ¡Por supuesto! Tenemos algunos eventos abiertos que esperamos poder compartir con vosotros más adelante. De momento, aquí tenéis las fotos de la jornada que vivimos.

Paz y amor y cine canalla.



Historias con color: la importancia de la diversidad en la ficción.

Aquellos que me conozcáis sabréis que me gusta que mis novelas estén pobladas de personajes diversos, no por la mera razón de aportarles diversidad a la trama, sino porque el mundo real, el mundo en el que vivo, está poblado por personas muy diferentes entre sí. Pandora Despierta, por ejemplo, está protagonizada por dos chicos cuya sexualidad no es la normativa, y además uno de ellos, Raj, también tiene una etnia distintiva. En el caso de El Eterno Retorno, al poder explorar sociedades futuras tanto en Marte como en la Tierra pude hacer una extrapolación de las sociedades occidentales y su multiculturalidad. En ellas tenemos personajes bisexuales, polígamos y de razas diversas, en muchos casos producto de la mezcla que cada vez es más habitual incluso hoy en día. Esto seguramente es producto de mis años en la universidad, durante los cuales me harté de estudiar y analizar infinidad de obras pasándolas por el prisma de teorías como el postcolonialismo, el feminismo, las nuevas masculinidades y la teoría queer. Y aun así, con dos novelas publicadas, la tercera en camino y años de estudiar y debatir sobre el tema, me encuentro todavía perdido ante los dilemas de incorporar a mi escritura identidades que no son la mía.

Hablar sobre representación racial en la ficción no es sencillo. Hay muchas opiniones involucradas, muchas sensibilidades a tener en cuenta y más veces que pocas el debate se acaba embarrando. Sin embargo, lo que creo que queda meridianamente claro es que la raza, el género, la sexualidad y, en definitiva, la identidad de los personajes que construimos los escritores merecen de una reflexión consciente tanto por parte de los mismos autores como de los lectores. Nuestra etnia, por ejemplo, es una parte importantísima de quiénes somos y las experiencias que vivimos y viviremos a lo largo de nuestra vida. No basta con describir la apariencia de un personaje si no reflexionas también en cómo ello afecta a sus interacciones con el mundo que lo rodea, en el efecto que estas tienen en su forma de ser. No obstante, tampoco puedes tratar de desarrollar discursos sociales sobre cuya realidad es posible que conozcas más bien poco. Lo mismo pasa al representar personajes femeninos o personajes cuya sexualidad escapa de lo que tradicionalmente se ha considerado 'normativo'. La dificultad para mí reside en cómo navegar las traicioneras aguas que corren entre la ‘representación’ y la ‘apropiación’, el no esconderse del reto de escribir personajes diversos sin dejar que se conviertan en arquetipos definidos solamente por esa característica distintiva.

La primera duda que me embarga siempre es, ¿necesito que mis novelas contengan diversidad? La verdad es que no. La literatura está llena de novelas cuyos personajes se adhieren en su totalidad a la identidad que tradicionalmente se ha asociado a la neutralidad, es decir, blanco, heterosexual y de clase media. Nadie ha puesto nunca el grito en el cielo por ello e incluso hay autores que reniegan, con todo su derecho, de la necesidad de especificar estos aspectos a la hora de describir a sus personajes. Clasificar a la gente es una forma de discriminación, ¿verdad? Pongamos que escribo la historia de Joan, un chaval de Barcelona que vive con sus padres en Poblenou y por las noches sale a cazar vampiros con su mejor amigo Carlos. Si no doy más detalles sobre quiénes son Joan y Carlos, y salto directamente a la parte en la que empalan seres de la noche, nuestra mente rellenará los espacios que el texto ha dejado en blanco recurriendo casi siempre a la identidad social ‘por defecto’. A nadie se le ocurriría, por ejemplo, que Joan es un chico de ascendencia senegalesa que fue adoptado de niño por Jordi y Óscar, un matrimonio homosexual. O que Carlos es en realidad Carlota, una adolescente que sigue un tratamiento hormonal para que su cuerpo esté más en consonancia con su identidad. Esto, claro, es una exageración, pero una cosa de la que hay que ser muy consciente es que el mundo real no es, ni mucho menos, monocromático. Cada día cuando salgo de casa y paseo por Barcelona me cruzo con un océano multicolor de caras, razas, herencias culturales y familiares, personas que aman cómo y a quién quieren, cuerpos de todas las formas y tamaños imaginables… Este es el mundo en el que vivo. Podría elegir ignorarlo en mis escritos y no tendría que excusarme por ello, pero no dejaría de ser eso: una elección.

Ignorar la realidad al no representar las diversidad de identidades que habitan en nuestra sociedad puede ser un problema, pero no es el único. En el otro extremo de la balanza nos encontramos la 'apropiación' que a veces se produce cuando un autor escribe sobre una identidad que no es la suya. La razón suele ser que esa escritura se realiza desde fuera hacia adentro. Yo no puedo saber a ciencia cierta cuál es la realidad vivida por una persona de otra raza porque nunca me he tenido que enfrentar a la discriminación por el color de mi piel. Tampoco he tenido ningún problema por ir paseando de la mano con mi mujer por Passeig de Gràcia. Lo único que puedo hacer es tratar de imaginarme esa realidad, y eso también tiene sus peligros.

¿Qué resulta más dañino, la mala representación y la apropiación, o la no representación? Sinceramente, no lo sé. Lo que sí sé es que estoy harto de que los héroes tengan todos la misma cara, de que las grandes historias de amor sean todas versiones de la misma, y de que todo aquello que huele a ‘otroridad’ quede relegado a ser un mero adorno. Creo que representar en la ficción identidades que no son la tuya es posible. Lo mejor que un autor puede hacer para lograrlo es despegar el culo de la silla y salir a la calle, observar a la gente, hablar con ellos, interesarse por sus experiencias y estar preparado para cometer errores. Nadie te obliga a escribir personajes desde la diversidad, pero sí tienes la obligación de prestar atención al mundo en el que vives. Hay muchas historias que merecen ser contadas dentro de tu narrativa.

Qué estoy leyendo y por qué deberíais leerlo vosotros también.

Ya estoy oficialmente instalado en el pintoresco barrio de Torre Baró en Barcelona y para celebrarlo aquí va un repaso a las lecturas que me tienen ocupado estos días.

Juego de Tronos (George R.R. Martin)


¡¡¡¡Yuhuuuuu, he cedido a la presión social y a las amenazas ya estoy leyendo los libros de Juego de Tronos!!!! Quiero decir, por fin me he decidido a leer las novelas en las que se basa cierta serie de televisión que no sé si conoceréis, porque no es nada mainstream, de hecho está pendiendo de un hilo su renovación… La verdad es que es una de esas lecturas que llevaba ponderando desde hacía tiempo, y más desde que me compré el primer volumen en físico. Me daba pereza, fanboyismos al margen, pero de momento me está resultando una lectura entretenida. Se nota que al haber llegado a este mundo a través de la adaptación televisiva mi experiencia como lector está marcada por el hecho de conocer ya los eventos y los personajes principales de antemano, aunque también tiene ese encanto de redescubrirlos desde un ángulo nuevo. De momento no me está defraudando… ¿qué os voy a decir que no se haya dicho ya? La mayoría de vosotros ya habréis leído y releído toda la saga de Canción de Hielo y Fuego, con lo que nada os voy a poder descubrir aquí.

Stormdancer (Jay Kristoff)


Esta novela la empecé a leer hará año y medio o dos y la dejé a medias, no por la novela en sí, sino por circunstancias ajenas a ella. Así que voy a darle la segunda oportunidad que creo que se merece. Stormdancer es la primera parte de una saga ambientada en un Japón feudal alternativo, pasado por el filtro del steampunk. No es un género que me entusiasme, pero ninjas, katanas mecanizadas, demonios, distopia y exoesqueletos son una mezcla demasiado atractiva para resistirme. Además la prosa es muy rica y las escenas de acción tienen ritmo. Espero esta vez llegar al final del camino y poder seguir con las demás novelas de la saga.

 The Emperor’s Blades (Brian Staveley)


¡Fantasía épica! ¡Fantasía épica por todas partes! En mi búsqueda de novelas que me vuelvan a acercar a un género, la fantasía, que tengo algo abandonado, he llegado a esta novela. Se trata del debut de su autor, pero la verdad es que por lo que llevo leído tengo la sensación de estar leyendo a un autor que lleva ya varias obras publicadas. La prosa es cuidada, sin ser recargada, y la trama es elaborada, sin estar embutida con subtramas de relleno. Todo tiene razón de ser y es necesario para entender la historia en su totalidad. Seguimos en ella a los tres hijos del emperador, a través de los cuales descubrimos un mundo tridimensional y vivido, de esos que nos regala la alta fantasía… si puedo ser honesto con vosotros, esta novela me tiene más enganchado que Juego de Tronos. No digo, válgame dios, que sea mejor porque esto, aunque parezca mentira, no es fútbol y las novelas no se rigen por el ‘quién es mejor’,  pero me la estoy leyendo con ganas así que veremos cómo se desarrolla la novela antes de sacar conclusiones, pero pinta muy, muy, muy bien.

¿Qué os parece? ¿Algo que os guste u os llame la atención? ¿Algo que hayáis leído ya? ¿Qué estáis leyendo vosotros? ¿Fue en fuera de juego el gol de Sergio Ramos?

Por qué deberíais ver EL MINISTERIO DEL TIEMPO (aunque a mí no me guste)



Uno de los pilares de toda relación es lo que llamamos ‘pruebas de amor’, esas actividades que realizamos no por placer personal, sino porque nuestra pareja las disfruta. En mi caso El Ministerio del Tiempo es una de esas pruebas de amor. Cada lunes por la noche Ana y yo nos sentamos religiosamente ante el televisor para ver las peripecias de Julián, Amelia y Alonso, ella porque le encanta, yo porque quiero a mi mujer y compartir tiempo con ella lo compensa todo.

Empezamos la serie en su primera temporada con un par de semanas de retraso, cuando las redes sociales ya hervían con reacciones superlativas. No, en ningún momento me creí que se tratara de la mejor ficción televisiva jamás creada, pero sí sentía curiosidad por el concepto de la serie y el fenómeno fan que ha atraído casi desde el primer día, algo que parecía reservado a producciones extranjeras. Los primeros episodios se me hicieron bastante entretenidos, la verdad, aunque los personajes no me acababan de generar mucha empatía y no me podía quitar de la cabeza que la estructura y los arquetipos de ciertos personajes de la serie se parecían horrores a Stargate SG-1 —lo cual no es nada malo, ya que soy muy fan tanto de la película original como de las series de televisión que derivaron de ella, es más, molaría que al trio protagonista le añadieran un friki de la historia con gafas—. Seguramente sea el tipo de serie que hubiera dejado de ver a los dos o tres episodios, pero Ana estaba encantada y Dios sabe que ella ha tenido que sufrir varias ‘pruebas de amor’ desde que me conoció.

 

Creo que mis problemas con El Ministerio del Tiempo se reducen a dos aspectos, principalmente. El primero es el ritmo de los episodios. Les sobra a (casi) todos diez minutos de metraje y que hay momentos en los que aspectos de la trama o escenas concretas se alargan más de lo necesario. El resultado es que cuando se llega al clímax del episodio, la verdad es que no tengo nunca la sensación de que haya mucho en juego ni sufro por la suerte que puedan correr los personajes. Por ejemplo, recuerdo al principio de la primera temporada como disparan a un personaje y mientras se está desangrando en el suelo (literalmente) los demás se toman la situación con cierta pachorra. No sé hasta qué punto el tema de la duración puede deberse a la necesidad de rellenar una franja horaria para la cadena, pero hace que The Walking Dead parezca una serie trepidante en comparación. El segundo problema que tengo con la serie son sus protagonistas. Julián empezó bastante bien como foco de la historia, el drama causado por la muerte de su mujer resultaba conmovedor, llegando a sentir pena por él… hasta que descubres que el estrés postraumático es lo único que define a su personaje. Su regreso después de la excedencia de Rodolfo Sancho para poder rodar Mar de Plástico de su retiro espiritual en la Guerra de Cuba ha acentuado un poco más esa carencia de profundidad. Teal’c Alonso es el personaje favorito de muchos fans y con razón. El hecho de ser un pez fuera del agua genera algunos de los gags más logrados de la serie, aunque, como en el caso de Julián, no le han dado mucha más personalidad que repartir mamporros cuando la narrativa así lo requiere y quedarse embobado ante las maravillas del mundo moderno. Aun así, la historia de amor que le han dado esta segunda temporada es muy, muy jugosa —su esposa muerta ¿reencarnada?, ni a los mejores guionistas de culebrones se les podría haber ocurrido tal giro— y creo que es el personaje que más ha crecido desde el inicio —sino el único—.

Pero si hay un personaje al que creo que no le han hecho justicia es sin duda Amelia Folch. Ya sea porque el visionado de El Ministerio del Tiempo se nos ha solapado en algún momento con Agente Carter, otra serie protagonizada por un personaje femenino adelantado a su época, ya sea porque por formación soy bastante sensible a la representación de determinados arquetipos en la ficción, mi nivel de decepción con los guionistas de la serie se debe en mucha parte a este personaje. Mujer joven, fuerte, independiente, del siglo XIX, catalana, inteligente, sensible… joder tenía todos los ingredientes para acabar siendo uno de mis personajes favoritos de siempre. Me hubiera encantado hacerme camisetas con su imagen, marcarme un cosplay de Amelia… pero no. Ni los romances absurdos en los que la han metido con calzador —desde fangirl de Lope de Vega hasta ese forzado ‘ahora no, ahora sí’ con Pacino—, ni haberla convertido por momentos en una Wikipedia interactiva, ni que se pase gran parte de la serie con el ceño fruncido, ni que el pene de Hugo Silva le cure la muerte esa misteriosa fotografía en la que aparece junto a Julián y su supuesto hijo, ni la tumba con su nombre, ni que la hayan querido convertir en la líder del equipo de facto. Es sencillamente un personaje al que, a diferencia de Peggy Carter en la ficción de la ABC, no le dejan divertirse —y no, tirarse a Hugo Silva no cuenta. Verla empuñar una pistola más grande que brazo en el último episodio es una oportunidad más desaprovechada con un personaje que podría haber sido tan y tan guay…

…llegados a este punto podríais pensar ‘este tío está rajando de El Ministerio del Tiempo así por la cara, ahora nos dirá que deberíamos dejar de verla’. Nada más lejos de la realidad.

 

Hace tiempo que he hecho las paces con una verdad tan obvia como ignorada muchas veces; el gusto de uno no es universal. Que a mí me guste algo —una serie, una novela, una película….— no lo convierte automáticamente en una obra de arte incuestionable, ni el hecho de que a mí no me guste El Ministerio del Tiempo la convierte en una serie mala. Hoy en día todos cargamos en nuestros bolsillos con un altavoz maravilloso desde el cual compartir nuestras opiniones y gustos. Las redes sociales nos han permitido encontrar otras personas que coinciden con nuestros puntos de vista, nuestra tribu. Pero que a Paco, que vive en Salamanca, le dé un me gusta a un estado que publico en Facebook o retwittée algo que comparto por Twitter no le otorga ningún valor añadido a mis gustos u opiniones, y no implica que aquellos que no coinciden conmigo carezcan de razón. Las opiniones son como los culos, los hay de todas las formas y colores, más peludos o menos, más respingones o menos, y todos tenemos el nuestro. Que a mí no me guste El Ministerio del Tiempo no me incapacita para apreciar sus logros, que los tiene y muy notables. Para empezar es la primera serie española que ha sabido entender y conectar con el telespectador moderno, solo hay que entrar en Twitter a principios de semana para darse cuenta de ello. Aquellos años de esperar a un día y una hora concretos para ver nuestra serie favorita hace mucho que han pasado a mejor vida. Ahora consumimos ficción cuando y en la plataforma que más nos place. También el tratamiento de la historia y sus protagonistas merece reconocimiento. Si con los personajes principales apenas tengo empatía y hasta siento rechazo hacia lo que hacen con ellos, lo contrario sucede con los Cervantes, Napoleón, Cristóbal Colón, El Cid, Houdini… son caricaturas maravillosas de los personajes históricos, con la virtud de saber conservar la dosis justa de veracidad para que te los creas.

Ahora que los datos de las audiencias parecen poner en peligro la continuidad de El Ministerio del Tiempo, mi petición para todos vosotros es que la miréis. Aunque solo sea porque necesitamos más series como esta, series que no sean un mero refrito de producciones cinematográficas cutres —te estoy mirando a ti, Antena 3—. Yo el próximo lunes estaré ahí, a pesar de mis reticencias, por amor y porque tal vez, con el tiempo suficiente, yo también pueda encontrar en alguna puerta del tiempo el ingrediente que me permita gozar de ella.

Sobre Scarlett Johanson, Anime japonés y apropiación cultural.

No tenía ninguna intención de escribir nada sobre este tema, al fin y al cabo es de esos debates que se generan en el fandom y que no suelen llevar a ninguna parte. Pero ya van varias veces leyendo comentarios bastante desafortunados por las redes y he pensado ¿qué coño? no siempre tengo la oportunidad de sacar a relucir los superpoderes que me confiere tener un máster en construcción y representaciones de identidades culturales. ¿Qué? ¿Qué tener un máster no me da superpoderes? Sabía yo que tendría que haberme gastado el dinero en drogas y putas. A ver, a lo que vamos, repetid conmigo, que Scarlett Johanson interprete a la mayor Motoko Kusanagi está maaaaaaaaal…


…solo que en realidad no lo está. Es de hecho, sobre el papel, una elección más bien lógica. Scarlett Johanson seguramente sea una de las actrices con más tirón en la taquilla mundial ahora mismo, capaz de hacer que una basura infumable la peli más flojilla de Luc Besson, Lucy (2014), se convierta en un éxito inesperado. Además algo que tendemos a olvidar es que es muy buena actriz. Detrás de la celebrity en la que se ha convertido se esconde una actriz que con sus primeros papeles en Lost in Translation (Sofia Coppola, 2003) y La chica de la perla (Peter Webber, 2003) se ganó el reconocimiento tanto del público como de la crítica, y más adelante ha llegado incluso a convertirse en musa de Woody Allen. La adaptación de Ghost in the Shell es una producción de más de 100 millones de dólares y no podemos esperar que Hollywood ponga ese dinero sobre la mesa sin al menos guardarse alguna garantía de poder recuperar la inversión, en forma de un nombre reconocible con el que empapelar las marquesinas de medio mundo. ¿Qué actriz japonesa hay en día que pueda asegurar una atención mediática similar? Ninguna porque no tienen ni siquiera oportunidad de labrarse una carrera en Hollywood. Incluso la editorial del manga original dice que el casting es acertado. El problema es algo más complejo que eso.

Parece que el casting de actores caucásicos para interpretar personajes no occidentales se ha convertido en algo que muchas personas ya no están dispuestas a pasar por alto. The Last Airbender (M. Night Shyamalan, 2010), The Lone Ranger (Gore Verbinski, 2013), Pan (Joe Wright, 2015), Exodus (Ridley Scott, 2014), Gods of Egypt (Alex Proyas, 2016) y hasta la esperada Doctor Strange (Scott Derrickson, 2016) presentan personajes marcadamente NO BLANCOS interpretados por actores caucásicos. Que seamos más conscientes de que este hecho resulta un tanto extraño por repetitivo es un síntoma de madurez social, más si tenemos en cuenta que también queda todavía mucha gente que pone el grito en el cielo cuando ven a un stormtropper negro Idris Elba es elegido para protagonizar la adaptación de La Torre Oscura de Stephen King (aun cuando el mismo autor habla maravillas de la decisión). ¡Pero no es lo mismo! ¡Roland Deschain es explícitamente blanco en las novelas y los personajes de anime están dibujados como occidentales! Claman los intelectuales por las redes sociales.

De hecho los personajes de anime están dibujados como… personas. El que nosotros los veamos como occidentales es una mera cuestión de percepción. No, los japoneses no nos idolatran por ser occidentales, no quieren ser como nosotros, no ansían arrancarse los parpados para parecerse más a nosotros. El primer artista en presentar personajes con ojos grandes en la animación japonesa fue Osamu Tezuka, uno de los padres del género y creador del manga y la mítica serie de TV Astro Boy (1963). En varias entrevistas mencionó que la inspiración para ello le vino por Betty Boop —en serio, buscadlo, no os tomo el pelo—, personaje muy popular en Japón en aquella época, y otros personajes como Mickey Mouse. El caso es que la serie se convirtió en un éxito y ha influenciado el manga y el anime japonés hasta nuestros días.

En animación y en dibujo, además, unos ojos exageradamente grandes son muy útiles para transmitir emociones, otra de las razones que pudieron influir en su uso por parte de Tezuka y otros artistas posteriores. En realidad los ojos, tanto en el cómic como en animación, no son tanto una marca de etnicidad como un recurso artístico. La idea de que los personajes de anime están dibujados como occidentales se debe también a que tradicionalmente la ‘otroridad’ —todo lo que no sea blanco/occidental/heterosexual— en ficción debe ser hecha explicita para que la veamos. Si en una novela se nos presenta un personaje sin ninguna descripción física y un nombre sin marca racial tendemos a otorgarle una identidad blanca porque es la identidad que entendemos ‘por defecto’. ¿Qué no me creéis? ¿Sabéis cuanta gente sigue creyendo que Alexander Dumas, el padre de los tres mosqueteros, era un señor francés blanco y con bigote, y si les dices que no es así te miran con cara de incredulidad? Probadlo un día. Los japoneses cuando leen manga o ven anime lo que ven son personajes japoneses.


Volvamos a lo que nos ocupa. ¿Por qué es malo que Scarlett Johanson interprete a la protagonista de Ghost in the Shell? Primero por la mera idea de que el responsable de Snow White and the Huntsman, Rupert Sanders, famoso por tirarse a por su indiscreción con Kristen Stewart, ponga sus manos sobre una de la obras referente del manga y el anime. Ghost in the Shell (Mamoru Oshii, 1995) no es solo una de la mejores películas de anime, sino también una de las mejores obras de ciencia ficción que se han hecho jamás. La idea de adaptarla a acción real me parece genial (y ojalá funcione en taquilla y podamos ver otras adaptaciones como Cowboy Bebop o Evangelion), pero digamos que el proyecto atufa bastante ya de entrada. Además, de momento que sepamos no se han ni siquiera molestado en cambiarle el nombre al personaje de Johanson y hasta ha trascendido que la productora de la cinta ha hecho tests para alterar el aspecto de los actores para parecer ‘más asiáticos’. El look en la imagen que ha trascendido encierra una cierta ironía. A diferencia de otras adaptaciones como Edge of Tomorrow (Doug Liman, 2014), cuya apropiación cultura del original All You Need Is Kill (2004, Hiroshi Sakurazaka) es total, aquí el aspecto es muy fiel al original, incluso el nombre se mantiene —figura como Kusanagi en la página de IMDB— y el tono de la fotografía resuena con la obra en la que se basa… todo parece ser bastante fiel excepto la etnia del personaje en sí. Lo que más duele tal vez no sea el cambio de etnia del personaje, sino que este cambio trate de enmascararse como cuando antiguamente los personajes de color en el teatro o en el cine estaban interpretados por actores con las caras pintadas de betún (vease el Othello de Laurence Olivier).


El problema de raíz no es el casting en sí, ni el regusto a mierda dejado por otras adaptaciones previas como Speed Racer (los hermanos las hermanas Wachowski, 2008) o Dragonball Evolution (James Wong, 2009), sino el peligro de que esto se convierta en algo aceptado sin más y que hasta seamos capaces de justificarlo sin pararnos a pensar en el ejercicio de apropiación cultural que hay detrás del hecho de no tener más representación de minorías étnicas en el cine.



Qué estoy leyendo y por qué deberíais leerlo vosotros también.


¡Muy buenas a todos! Soy desde hace algo más de una semanita un hombre casado así que voy a hacer algo que todo hombre hace al convertirse en un hombre de familia, osease, escribir un post para explicaros que me escaqueo de mi mujer para pasar el tiempo entre samuráis, mercenarias ciberpunk y soldados futuristas.

ACLARACIÓN: Morning Star, de Pierce Brown, la he dejado temporalmente aparcada para poder leerla en formato físico. Tengo las dos primeras entregas de la trilogía en papel y quiero esperar a tener este para seguir y concluirla como se merece.


KOKO TAKES A HOLIDAY de Kieran Shea.


Vi esta novela hará un año y medio o dos, en la librería FORBIDDEN PLANET de Londres. Estaba en el escaparate, como novedad, y no me la lleve de vuelta conmigo a España porque ya iba bastante cargadito de buen material literario. Pero la imagen de la portada, con ese aire a Manga japonés, se quedó grabada en mi cabeza. Los que me conozcáis sabréis que siento cierta devoción por los personajes femeninos capaces de patear culos, ya sea en el cine, la televisión o la literatura, así que cuando me volví a encontrar con esta novela en GIGAMESH no pude dejar escapar la oportunidad. Se trata de una lectura enmarcada en el ciberpunk, con grandes conglomerados empresariales sustituyendo a los gobiernos de la Tierra en un futuro lejano donde la humanidad ha esquivado —parcialmente— varios escenarios apocalípticos. La protagonista, Koko Martstellar, es una ex mercenaria que dirige un burdel de gigolós en una especie de resort descomunal donde los ricos del planeta pueden llevar a cabo cualquier depravación que se les antoje. Su vida apacible se ve trastocada cuando una ex compañera de sus años como mercenaria envía a un equipo de asesinos a matarla. Se trata de una lectura que me está encantando, capítulo concisos, con una estructura muy similar al lenguaje cinematográfico y una protagonista muy carismática. Si os va la ciencia ficción sucia y llena de acción, esta lectura es para vosotros.


THE RED: FIRST LIGHT de Linda Nagata.


Y hablando de mujeres de armas tomar, ¿os he dicho alguna vez que muchas de las obras de género más interesantes que están viendo la luz hoy en día están escritas por mujeres? Pues aquí tenéis otro ejemplo. First Light, primera entrega de esta trilogía, es la enésima prueba de que la generación actual de autoras puede ofrecernos historias frescas dentro de subgéneros de la ciencia ficción que históricamente han estado reservados a los hombres. Linda Nagata se ha marcado una novela de cifi militar inteligente y con un discurso político y moral detrás muy potente. Se trata de una publicación independiente, finalista al premio Nebula a la mejor novela de 2013, cuyos primeros capítulos me están recordando al Aliens de James Cameron, sobre todo por la forma de introducir a los miembros que componen al escuadrón liderado por su protagonista, James Shelley. No se trata del habitual grupo de personajes de papel maché que solo están ahí para morir en combate, todos tienen una personalidad muy bien definida y sus interacciones hacen que te preocupes por lo que le pasa a cada uno de ellos. Si consigue mantener la tensión del inicio —difícil, para qué engañarnos— puede acabar siendo una de mis lecturas favoritas dentro del subgénero militar de la ciencia ficción de los últimos años.


RONIN de Francisco Narla.


Hace un mes, más o menos, Ana y yo fuimos a cenar a casa de unos amigos, Héctor y Anabel. Curioseando entre los libros del padre de ella, muy aficionado a la novela histórica,  encontré este libro. Me llamó la atención el título —Ronin, nombre que se le daba en el Japón feudal a un samurái sin señor— y la sinopsis, así que la pedí prestada —desde el ascensor, mientras las puertas se cerraban—. Ambientada en el 1600 a caballo entre Japón y España, sigue a dos personajes, dos guerreros de honor, cada uno dentro de su cultura, que acabarán uniendo sus caminos… o eso espero porque de momento estoy muy al principio de la trama. Por lo que estoy viendo la novela está muy bien trabajada en materia de documentación, se dibuja muy bien el momento histórico e incluso el autor se marca aquello tan típico de emplear palabras que el lector moderno desconoce, como para decir ‘querido lector, como sé que no te enteras de nada, deja que te demuestre lo mucho que me he documentado’, pero por dios que no logro meterme en la historia. Seguiré adelante hasta que no pueda más, aunque sea solo motivado por mi interés en el apartado histórico. Pero ni los personajes ni la trama, ni mucho menos cómo está narrado, me resulta de momento interesante. Si queréis saber más del Japón feudal y os gusta el crossover cultural esta novela puede ser para vosotros, pero sepan aquellos que se aventuren en sus páginas que no es una lectura agradable.

Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia (o como no hay que avergonzarse de pasarlo bien en el cine)



Por fin he podido ver la película de la que todos lleváis días hablando y discutiendo. Lo primero que he de confesar, a pesar de que mi fama como hombre intelectual de gustos refinados pueda sufrir por ello, es que me ha encantado. He salido del cine con un grado de satisfacción mayor del que esperaba. La película me ha dado exactamente lo que esperaba de ella y más, a un grado mucho mayor que películas recientes del género como Vengadores: La Era de Ultrón (Joss Whedon, 2015) o Ant-Man (Peyton Reed, 2015). Seguramente no voy a decir nada que no se haya dicho ya, pero aquí van mis impresiones.

(Aviso a navegantes, se acercan SPOILERS)

Cosas que me han superencantado:

Lo han clavado con Batfleck.

No es el mejor Batman de todos los tiempos, pero sí que es la mejor representación visual del personaje. Como se mueve, el aspecto y la acción son simplemente perfectos. ES Batman. Mis tres momentos favoritos: la primera vez que vemos al Hombre Murciélago es en una escena filmada casi como si se tratara de una película de terror y él fuera el monstruo, una sombra acechando fuera de plano; la secuencia del almacén, cuando va a rescatar a la madre MILF de Superman, es brutal, es Batman protagonizando The Raid (a un nivel muy superior, en este aspecto, a la trilogía de Christopher Nolan); y su relación con el Alfred Pennyworth de Jeremy Irons, que resulta hasta entrañable (nunca acabé de conectar con Michael Caine, lo siento, parecía oscilar entre el ‘Gotham le necesita, señorito Bruce’ al ‘búsquese una buena mujer y retírese a tener hijos’ con demasiada facilidad). Este Bruce Wayne además nos da un matiz nuevo, algo que no habíamos tenido ni con Michael Keaton ni con Christian Bale antes. Este es un Bruce Wayne que lleva veinte años siendo Batman. Veinte. Putos. Años. Veinte años saliendo cada noche a cazar delincuentes, viendo como por muchos que logre encerrar, siempre habrá más esperando, viendo a hombres buenos caer en el lado oscuro. En contraste, para que nos hagamos una idea, conviene recordar que técnicamente el tiempo de Christian Bale como Batman en activo es de menos de dos años (un año entre Batman Begins (2005) y The Dark Knight (2008), ocho años de retiro espiritual después de la muerte de Harvey Dent, y los meses que duran los eventos de The Dark Knight Rises (2012)). Además, gracias a las referencias al cómic A Death in the Family, sabemos que este Bruce Wayne ha tenido que enterrar ya a un Robin, muerto a manos del Joker. Ben Affleck consigue que veamos a un hombre de vuelta de todo, herido, cansado (too old to die young, como dice Alfred) que no ve en Superman a un hombre con buenas intenciones, a un posible aliado, sino a una amenaza en potencia, alguien con un poder terrible y susceptible a ser corrompido (como ha visto suceder ya demasiadas veces a su alrededor), una pistola cargada apuntada a la sien no solo de Gotham, no solo de unas pocas víctimas inocentes, sino de toda la raza humana. Pero lo que más me ha gustado del personaje es ver por fin algo, aunque solo sea un resquicio, del Batman detective, del Batman que utiliza a Bruce Wayne como tapadera para investigar. Espero que vayan más a menudo por ese camino y no tanto por el muy manido y simplón ‘Batman es ninja con gadgets molones’.

—Démosle un fuerte aplauso a la Mujer Maravilla.

La presentación de Wonder Woman también es un acierto y me alegro porque es el personaje que más preocupado me tenía. Necesitamos más superheroinas en el cine, necesitamos que sean el centro de la acción y no un mero complemento. Es algo que ni siquiera Marvel ha sido capaz de hacer en quince películas, y me alegra decir que la irrupción de Gal Gadot vestida para matar en pantalla me llena de optimismo. Si en ese momento no te han venido ganas de levantarte y aplaudir es que estás muerto por dentro, así de claro. Es realmente ella quien más tiempo se pasa dándose de hostias con Doomsday, y no solo eso sino que tenemos tiempo también de conocer aspectos de su personalidad que espero que podamos disfrutar en su película en solitario. Hay dos momentos en especial que para mí ya hacen que valga la pena su presencia en la trama. El primero, la conversación que tiene con Bruce Wayne en la que básicamente lo trata como a un niño pequeño (cosa que desde la perspectiva de quien ha vivido siglos es comprensible). El segundo, durante la pelea con Doomsday, hay un momento en que cae al suelo y al levantarse la vemos sonreír. Se lo está pasando bien enfrentándose a esa bestia, es una jodida amazona, alguien que se siente como pez en el agua en la guerra, y eso es algo que puede dar muchísimo juego.

—Que maten a Superman.

Los que hemos leído el cómic de The Death of Superman sabíamos (o sospechábamos) que esto pasaría. Al fin y al cabo es Doomsday quien da muerte al Hombre de Acero en las viñetas. Claro que no estará mucho tiempo muerto, es un personaje de cómic y en los cómics nada es permanente, ni la muerte. Pero, ¿se atreverían DC y Warner a cargarse a una de sus dos gallinas de los huevos de oro en la segunda película de lo que pretende ser un universo cinematográfico a la altura del de Marvel? La respuesta es sí, y lo han sabido hacer de una forma efectiva. Claro que volverá, claro que nos tenían que dar un resquicio para que los fans no se volvieran (más) locos en forma de tierra flotando sobre su ataúd, pero si fuera Snyder dejaría la vuelta de Superman para bien entrada la segunda película de Justice League. Me parece una decisión mucho más valiente que la de matar al actor secundario Coulson o al Quicksilver soso.

Cosas que me han gustado:

—Los pechos peluditos del Hombre de Acero.


Henry Cavill es un muy buen Superman. Punto. No, no es el Superman que TÚ quieres ver. No, no es el boyscout de sonrisa perfecta que todos tenemos idealizado. No, no es el chico cándido que sale indemne de cada batalla que libra contra el mal. Ese Superman era Christopher Reeve… en los 80, era Brandon Routh en aquella especie de homenaje kitsch que dirigió Bryan Singer. Ese Superman sí que está muerto y enterrado, no funciona en el mundo de hoy, acéptalo, haz las paces con ello y sigue adelante con tu vida. El Superman de Henry Cavill es un personaje en construcción. Su desarraigo era ya uno de los puntos fuertes de Man of Steel (2013), el no saber qué papel se supone que debe jugar en un mundo que le ve como a un alienígena. Su única conexión con la raza humana son las dos mujeres a las que ama; su madre y Lois Lane (por cierto, mola la escena de la bañera). Cuando alguna de las dos corre peligro, su fidelidad hacia el prójimo se tambalea. Ellas son su verdadera Kryptonita, como Lex Luthor sabe entender al instante. Superman no hace el bien porque sea lo que se espera de él, no lo hace por altruismo ni por justicia. Lo hace porque le parece lo más correcto, como quien abre una puerta para que pase otra persona. No necesita que un ladrón mate a sus padres delante de él, no necesita que el tío Ben muera por su culpa, no es un soldado patriota. En el caso de Superman el poder absoluto en vez de corromper absolutamente lo redime de los pecados del hombre. Pero en el siglo XXI para hacer el bien no basta con salvar un puñado de vidas. Cada una de sus acciones, cada vez que decide intervenir en una situación, lo hace bajo el escrutinio de la opinión pública y con unas consecuencias con las que debe vivir y a las que, llegado el momento, debe enfrentarse. En ese sentido la secuencia inicial en la que Bruce Wayne observa desde fuera la lucha entre Superman y Zod de la primera película, mientras trata de llegar a las oficinas de Wayne Industries en Metropolis, es magistral. No solo vemos los terribles daños colaterales de ese primer intento de Superman de hacer el bien a gran escala, sino que asistimos al nacimiento de los dos fantasmas que atormentarán a Clark Kent durante toda la película. Es en medio de toda esa destrucción que Bruce Wayne ve el potencial oscuro de una figura con tal poder, y es ahí donde nace la culpa, en forma de un empleado de Wayne Industries que pierde las piernas, que hará que Clark dude incluso de si pertenece a este mundo, o si él también debería haber perecido en Krypton junto a sus padres biológicos. Igualmente la peli plantea una pregunta muy interesante; ¿necesita el mundo a Superman?

—La estructura de la narración.


Vamos a la película en sí. Su estructura y sus múltiples tramas también han dado que hablar. En realidad lo que tenemos aquí no es solo una película en la que un grupo de héroes debe salvar al mundo del villano de turno, no es un argumento lineal. Tenemos cinco películas en una. Primero, una secuela a El Hombre de Acero que trata las consecuencias de la irrupción de Superman en el mundo. Después tenemos una película de Batman que como mínimo logra dejarnos emocionados con lo que pueda hacer Affleck, que se dice ya ha completado el guion del próximo largometraje sobre el Caballero Oscuro, con el personaje (y aquí, insisto, hay más de un enteradillo que se ha tenido que comer sus palabras). Tenemos también un tráiler de La Liga de la Justicia con Wonder Woman como embajadora de las dos películas estrella del plan de Warner Bros. para recuperarle terreno a Disney. También se nos da el primer vistazo al resto del ‘roster’ de DC. La idea de introducir a Cyborg, Aquaman y Flash a través de videos virales tal vez no sea la mejor, pero el cameo de Flash mola mucho. Tenemos también un enfrentamiento entre los dos titanes de DC, el combate estrella que se nos ha venido anunciado desde hace años y en el que se hace justicia a los dos personajes. ¡Pero Batman no tiene nada que hacer contra Superman! os oigo decir. El superpoder de Batman no es que le quede bien el negro, no es que sea capaz de canalizar a su ninja interior. Lo que convierte a Bruce Wayne en Batman es su cerebro. Batman siempre tiene un plan A, un plan B y un plan C. No se limita a repartir mamporros sin sentido (aunque también sea capaz de ello). Batman prepara el terreno donde se enfrentará a Superman y lo utiliza como un arma más a su disposición, conoce no solo el poder de su rival y sus flaquezas (kriptonita), sino que sabe de las suyas propias. Tenemos, por último, una adaptación épica de La Muerte de Superman. Y dejadme que os diga algo, por mucho que a los amantes del cine de Bergman les repatee, no hay director en el mundo capaz de traducir la épica de esos dos combates finales en imágenes mejor que Zack Snyder.


Dejadme hacer un paréntesis aquí. Muchos 'críticos' han estado estos días llenándose la boca al hablar de Zack Snyder, que si es un mal director, que si se ha cargado un montón de cómics, que si esto que si aquello... Snyder ha firmado dos notables adaptaciones al cine de novelas gráficas con 300 (2006), y, a pesar de lo imposible de adaptar del material original, Watchmen (2009). También ha conseguido que nos vuelva a importar Superman, un personaje que parecía irremediablemente desfasado no hace tantos años. Es sin duda un director que antepone el espectáculo y la forma al contenido, prueba de ello es Sucker Punch (2011), la que para mí siempre será la mejor película sin argumento de todos los tiempos, pero también es innegable que es un director que sabe trabajar con actores. 300 contiene seguramente el mejor trabajo de muchos de los actores involucrados y nos descubrió a Michael Fassbender. Watchmen contiene un trabajo actoral espectacular por parte de casi todo su reparto (especialmente de Jackie Earle Haley y su Rorschach). Incluso Sucker Punch sirvió para presentarnos a Oscar Isaac, uno de los actores más interesantes del momento. Man of Steel nos ha dado tal vez el último papel relevante de Russell Crowe antes de que se convierta definitivamente en ‘Oh, mira, ese es el tío de Gladiator, ¿qué le habrá pasado?’. Y en Batman v Superman ha conseguido convertir a Ben ‘Dan Defensor’ Affleck en un Batman notable.

Que sí, narrativamente Batman v Superman es un collage hiperbólico, pero si habéis leído alguna vez algún cómic tenéis que preguntaros si tal vez esa narrativa aparentemente desmenuzada no sea más auténtica con el lenguaje del cómic que la fórmula matemática (que funciona de maravilla, indudablemente, pero que cada vez deja ver más los hilos que se mueven en su trastienda) en la que se han acomodado últimamente en Marvel. Se ha dicho que es un sinsentido, pero me parece una gilipollez. Lo que sucede en todo momento es entendible, las tramas convergen y tienen una razón de ser y si os parece muy complicado alejaos de Juego de Tronos porque os dará dolor de cabeza. Tengo la sensación que algunas de las reacciones que se ven en la red ante este tipo de cine se basan en el síndrome del cuñadismo ilustrado (sirva de ejemplo las críticas de JotDown de esta película y la que hicieron en su momento de El Despertar de la Fuerza) o en el deseo de mantener una percepción idealizada de uno mismo. No quiere decir que si no te gusta esta u otra película no puedas expresar tu opinión al respecto, pero quizás estamos juzgando las cosas por lo que queremos que sean, y no por lo que son.

—Las secuencias oníricas.

Otro de los aspectos más criticados del film y que me ha sorprendido gratamente. A través de esos sueños (¿premoniciones?) vemos un mundo desolado en el que Batman se encuentra librando algún tipo de guerra contra un mal que está por venir. Otra vez, los que seáis lectores de cómics ya sabréis qué villano parece ser responsable de ese ‘posible’ futuro y puede incluso estar detrás de los actos de Lex Luthor. El encuentro entre Batman y ese Superman malvado también es uno de mis momentos favoritos, al igual que el diálogo entre Clark y su padre. La función de estas secuencias es prepararnos para el futuro. La película no es nada sutil al sugerir que la muerte de Lois Lane podría tener consecuencias horribles en la psique de Superman, y ese es un miedo que conecta perfectamente con la desconfianza de Bruce Wayne y nos plantea un escenario (posiblemente) trágico. El elemento de ‘viaje en el tiempo’ introducido por la presencia de Flash es seguramente lo que más me ha llamado la atención y tengo muchas ganas de ver qué papel juega en lo que está por venir.

Cosas que me han gustado menos:

—Lex Luthor encocado.

La versión hipster de Lex Luthor me ha parecido 'servicial', es decir, como villano cumple su función, pero es un personaje desaprovechado. Luthor no es un loco sin más, es una de las personas más inteligentes de todo el planeta y sus actos están razonados hasta tal punto que en los cómics casi puedes ver lógicos sus planes malignos para dominar el mundo. Lex Luthor es Steve Jobs, es un monstruo capaz de camelarse a la audiencia con medio discurso y un par de cachivaches molones. En este sentido Kevin Spacey en Superman Returns (2006) es un Luthor más fiel al personaje, sin ir más lejos. Aun así no todo está perdido. Quiero pensar que el Luthor de Jesse Eisenberg tendrá más recorrido una vez se libere de la influencia que parece gobernar sus acciones en esta película, pero en este primer encuentro ha sido seguramente el personaje menos satisfactorio de la función… o casi.

Lois ‘tú lo que quieres es que te atrape el malo’ Lane.

Lois Lane es la damisela en peligro por excelencia del mundo de los superhéroes. Un cliché del que llevamos ya demasiado tiempo riéndonos como para tomárnoslo en serio otra vez. Por eso resulta decepcionante que el papel de Amy Adams se vea reducido a hacer puenting sin cuerda desde la azotea de un edificio para ser cogida en pleno vuelo por su novio con mallas azules. Es una lástima porque la misma película ofrece dos vías a través de las que podría haber ganado relevancia. La primera es, como he dicho antes, que su muerte es seguramente lo que haga que Superman vaya por el mal camino. Es lo que dice Flash cuando contacta con Bruce Wayne; ‘Lois es la clave’. Es de suponer que el destino de Lois marque el devenir del universo cinematográfico de DC, pero de momento el personaje sabe a poco. La segunda es su función como reportera y como hace uso de su trabajo para defender la reputación de Superman. Lois es el personaje que más fe tiene en Clark, y en un mundo en el que la gente se vuelve contra él hubiera estado bien verla hacer algo más que analizar una bala… que… se… ¿ha quedado clavada en su bloc de notas?

—Niños de mama.

Tanto Batman como Superman tienen lo que en inglés se conoce como 'mommy issues'. Uno porque mataron a su madre delante de él (y le rompieron un collar de perlas muy cuco) y el otro porque ha estado mimado a más no poder (hijo único, marginado en el cole, ya se sabe). Pero ese momento maravilloso en el que Batman está a punto de hacer un pincho moruno con Superman y… Martha. Sus mamis se llaman igual. Entonces, ¿ya está? Después de haberse dado de hostias hasta en el carnet de identidad… ¿se hacen ‘superamigos’ porque sus mamis comparten nombre de pila? No lo acabo de ver muy claro.

Hulk Doomsday.


A ver, seamos justos, Doomsday no es el personaje más elaborado ni interesante que hayan parido las cabezas pensantes de DC. Cuando se publicó La Muerte de Superman a principios de los 90 se hizo en un momento en el que no se vendían cómics y Superman había perdido el favor del público. Lo que buscaban era lo mismo que buscan hoy en día tanto DC como Marvel cuando anuncian la muerte de alguno de sus superhéroes más icónicos, o su cambio de sexo, o de raza, o cuando reinician por enésima vez la continuidad de sus universos. Dinero. Quien matara a Superman no era tan interesante como el simple hecho de que Superman muriera. El origen de Doomsday en la película es totalmente nuevo. Una combinación del ADN de Lex Luthor y el cadáver de Zod es un origen tan válido como el original (científico malvado nº 579 experimentando con bebés para crear un superbebé). Mi mayor problema es el diseño mismo del monstruo. Como sucede con el Hulk que hemos visto en la gran pantalla, o con el líder Supremo Snoke en El Despertar de la Fuerza, un bicho enorme generado por ordenador sigue siendo demasiado artificial, demasiado falso como para que nos lo acabemos de tomar en serio sin más. No es Gollum, que cobró vida gracias al fantástico trabajo de Andy Serkis, no es un recurso empleado tan solo en escenas de acción, en este caso el personaje no tiene más sobre lo que apoyarse que su presentación visual. Y es muy poco como para que nos genere algún tipo de emoción. Evidentemente su papel es el que es; matar a Superman, pero de los 250 millones que ha costado hacer esta película seguramente Doomsday sea el único ‘saldo’ en el departamento de efectos especiales.




Esta es mi breve opinión sobre la experiencia que he tenido en la sala de cine. Si estáis de acuerdo con algo, perfecto, si no, también. Nada de lo que yo diga variará vuestra experiencia personal con esta u otra película, ni nada de lo que me digáis hará que Batman v Superman deje de parecerme una película soberbia. Para los que no la hayáis visto todavía mi recomendación es que vayáis con la mente abierta. Si lo que queréis es ver Marvel, hay películas maravillosas ahí fuera que satisfarán ese deseo (y pronto una Civil War que pinta muy, muy bien), si queréis ver la película que vosotros haríais con los personajes, haced un crowdfunding para juntar 300 millones y hacedla vosotros a vuestro gusto. Pero ante todo no dejéis que el pensamiento colmena que últimamente nos rige se apodere de vosotros, ved la película con vuestros propios ojos, no con los del vecino.